martes, 26 de octubre de 2010

DESCOLONIZACIÓN Y FARENHEIT

DESCOLONIZACIÓN Y FARENHEIT

Fahrenheit de Ray Bradbury no es una novela muy conocida en Bolivia y mucho menos para algunos personajes sin autor, del gobierno actual. Pues, la ciencia ficción no es sino un pasado actuante, un pasado que funciona como futuro. Por eso, se hace tan necesaria hoy la lectura de Fahrenheit, de Bradbury, porque el Estado Pluri de los Paco, Choquehuanca, Rojas, Ávalos, Surco, tiene feroces aparatos de intolerancia y porque Fahrenheit es una crítica a todo tipo de fascismo; es, asimismo, una crítica profunda y total a aquellos que detestan la literatura y se quedan en la mera ideología; y también es un canto homérico, enternecedor y melancólico al libro, al universo Gutenberg, en contra de aquellos pontífices eclécticos que quieren darlo por muerto. Ray Bradbury escribió este canto magistralmente.
Para los que han salido a manchar “Raza de bronce” y “La niña de sus ojos”, de libros racistas, practicando quizá algún tipo de ejercicio supino; el libro de Bradbury, ojalá les sirviera para que hagan todo un examen de conciencia y que los políticos se ocupen de su imagen, de reuniones y comilonas y otras pendejadas, que del saber no saben nada. No hay nada más retrógrado que querer cercenar la libertad de imaginación, derecho universal más que fundamentalísimo. Sólo políticos alienados por el poder y sonsacados por el odio revanchista son capaces de querer instaurar entre nosotros –país de analfabetos– un Fahrenheit.
La ciencia ficción –o ficción a secas– no mira al futuro, sino hacia atrás; y la buena ficción como la de Bradbury o Arguedas, no es sino la utopía inversa, crítica y negativa, frente al platonismo del socialismo, indigenismo, marxismo, liberalismo o cualquier ismo. Es impensable que a principios del siglo XXI, haya gente –cuando no los políticos– que busque normar, qué uno va leer o no. Ahora, sólo hace falta que las hordas del gobierno, asalten, quemen y apedreen librerías, editoriales, imprentas o acuchillen algunos cuadros de artistas plásticos nacionales.
La estupidez congénita de algunos políticos plurinacionales no es un simple lapsus, sino que ocupa todas las paredes de su conciencia y de su quehacer político. Quemar libros como en Fahrenheit no es solamente ponerlos al alcance de un lanzallamas, es también, censurarlos, modificarlos, prohibirlos, perseguirlos, desaconsejarlos, ignorarlos, malversarlos, y, sobre todo –como en la Bolivia de hoy– sustituirlos –ha dicho el ministro de Educación– por libros ideológicos mongolizantes y otro tipo de anuncios falaces. Y en última instancia es como decía Jonh Milton, asesinar un libro, y esto es matar la imaginación, señor colonizado, Viceministro de descolonización.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

viernes, 22 de octubre de 2010

AFRICANIZACIÓN DEL PAIS

AFRICANIZACIÓN DEL PAÍS

Cuando estábamos tranquilos almorzando los bolivianos, viene a interrumpirnos la sopa eso que llamamos África. La primera vez que los africanos vinieron, a la fuerza, fue hacia el siglo XV y desde entonces se quedó a vivir el África entre nosotros. Y ahora cuando nos andaban haciendo creer que ya llegamos al nivel de vida de los suizos o el Japón, han ido por ahí los falsos profetas de la historia a repartir flores por toda Europa y el Asia: que un Alcalde debe ser sustituido por otro, porque sí. Y resulta que la ola de africanismo que nos invade es incluso mucho más fuerte que la otra, la traída por los españoles, durante la conquista y posterior explotación de la plata.

El otro día que fui a ver a uno de mis personajes, el lustrabotas de la plazoleta Sucre, me dijo: “mire usted, Señor Castro, el África en este país empieza en las cumbres blancas de los Andes”. Pero, yo creo que para no entrar en divagaciones y confrontaciones o dejarlo a medias, debiéramos convenir en que, el África del Estado Plurinacional, comienza en la Puerta del Sol, a pesar de los más de 5000 años. De la puerta hacia el occidente, media Bolivia para el socialismo y de la puerta para el oriente, medio país para el neoliberalismo y los oligarcas. ¿Y la Bolivia, propiamente dicha, a quien pertenece?, me pregunta un desempleado, que se rasca la cabeza en una esquina, igual que los dos millones de desempleados que andan por ahí; pues nada, Bolivia es una República de derechas, inventada por Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Andrés de Santa Cruz. Es también de izquierdas, soñada por Franz Tamayo, René Zabaleta, Marcelo Quiroga, hasta el Ché Guevara.

Así están las cosas en este país, lleno de inventores y falsos héroes ¿Somos socialistas o todo neoliberales? ¿Qué diablos somos? “Somos el África de América del Sur”, me dice mi amiga verdulera. Pero, además, hay políticos que han confundido la democracia con un picnic, con un diachaku; y muchos han aprovechado las dubitaciones del Hamlet del Palacio de invierno, tan ocupado en consolidarse antes que en consolidar la democracia y ya se han repartido la cosa africana en pequeños feudos autonómicos. Con el neoliberalismo no teníamos Estado, pero sí existía la nación, el país, la cosa. Ahora, vamos en camino de tener un Estado, eso sí, sin juridicidad, pero no vamos a tener nación, ni país, ni cosa, pues, así lo quisieron los atorrantes que hicieron la Constitución. Así, la negritud de este Estado Pluri es una verdad a gritos. Por eso lo negro de este país está más claro que el agua, aunque creo que tanto el imperialismo de derechas y de izquierdas, son los verdaderos causantes del africanismo de este territorio, porque han sido siempre un terrible diluvio que ha acechado durante estos 200 años. A mí me parece que todos somos africanos, menos aquellos que nos han dividido en naciones, echando a la nada la nación como tal. Por el momento, el patriotismo parece haber pasado a la izquierda, con eso de la patria, los símbolos, la pobreza, la cultura, el desarrollo, el medio ambiente, etc. Por esa razón, la derecha ya no es capaz de negociar nada, ni el aire ni los recursos naturales, nada. Pero, ¿somos todo socialismo o todo neoliberalismo, los bolivianos? La cosa no está tan nítida. A mi me da igual, lo mismo lo uno que lo otro, me lo meto al epigastrio y ya. Aunque, digo yo, no se puede ser ideológicamente socialista o comunista y, en la praxis, aberrantemente, neoliberal. No se puede uno andarse con medias tintas. La Biblia dice que los tibios, híbridos –políticamente–, serán vomitados por el Señor. O sea que así, señores, yo no acierto a ver bien qué es lo que anda pasando en el Estado actual que tenemos. Lo que sí está claro, es que el africanismo institucional y estructural, que nos invade por todos lados, nos está conduciendo –retrocediendo– del Tercer mundo al Cuarto.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

EL COLUMNISTA

EL COLUMNISTA

André Bretón, solía decir que jamás corregía las erratas de imprenta, porque eran sagradas y contenían el azar objetivo. El columnista, igual, está ahí, aquí mismo, petrificado en su columna, y presto a reconocer sus errores. No está demás decir, que el columnista –eso dicen que soy– reúne sus propios gusanos léxicos, tipográficos, sus miserias, sus miedos, sus demonios, frustraciones, como el santo subido en su pedestal; y es que no hay mortal ajeno a estas pasiones humanas. Otro gran francés, Anatole France, recordaba, que en tiempos muy lejanos, “los desiertos estaban llenos de anacoretas”. El columnista es un anacoreta, que montado en su columna, clama y reparte sus gusanos, en medio del desierto nacional, tan lleno de falsos profetas, que, también esparcen sus gusanos, sobre los grandes héroes muertos de la Historia de este país.
Al columnista independiente, no le interesa si el periódico es de izquierdas o derechas y lo que escribe no responde a ideología alguna, porque no recibe un céntimo por lo que escribe; pero, además, entiendo que un hombre está más allá de las facciones o ideologías. He hecho artículos, no para injuriar ni calumniar a nadie. Más bien he intentado ser un kafkeano, pues, lo único que me impulsa a escribir, además de mis gusanos, ha sido sufrir el mundo y sus consecuencias, no para criticar, ni sobre ni contra nadie. Para eso está ahí el poder político, para hacer sufrir a la gente. Por lo menos, a mi no me importa que me llamen masón, majadero, escoria, resentido, neoliberal, fascista, republicano, autonomista, laico, hasta engendro de Centauro con oveja o lo que sea; eso sí, no puedo ser racista, con un abuelo campesino, una abuela de pollera, chura mujer, y haber aprendido a leer y escribir a la luz de la vela y la parafina.
Soy un columnista, que de vez en cuando lleva a comer sus gusanos a La Cancha, al Río Rocha, a Villa Pagador, al campo –porque nací en el campo y me crié entre forraje, caballos, asnos, ovejas y el huracanado viento del Sur; además, usé hojotas hasta el bachillerato–.
Desde esta mi columna de prensa, en la que nadie me alcanza un quinto; desde lo alto de este mi monopolio tipográfico, donde a veces me rasco la cabeza y me hurgo la nariz y contemplo el país como un campesino más y desde la que no expreso la línea ni intereses de nadie, entre la especulación y la explotación, un plebeyo como soy –mi abuelo fue esclavo en la Fábrica de Alcohol SAGIG hasta antes del 52–, quiero dejar constancia de mis disculpas para quienes mis ficciones literarias hirieron su sensibilidad. Es que la literatura es el único espacio real de libertad.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

SACHA LLORENTI

SACHA LLORENTI

Yo que tanto he venido hablando de la gente de izquierdas, no por ser un neoliberal o cosa parecida, sino, porque sencillamente, existen en el gobierno personajes que andan en busca de autor, igual que la verdulera, el lustrabotas, el abrecoches, el cogotero, el taxista, mi periodiquera y el k'epiri de la cancha. Hay ya en este gobierno, engendros de mula con demonio (García Linera) o de llama con lucifer (Evo Morales) y travestís con el mismísimo Hades (Sacha Llorenti).
Ahora que muchos sectores han pedido su cambio, y, no exactamente porque sea un gran caballero boliviano, ni tan formal. El ministro Sacha, un personaje sin autor, tan escaso de ética y con un gramo de inteligencia, no es más que un gerifalte de antaño, que acabó vendiendo muy barato su dignidad, por un gramo de lealtad hacia el Gran Hermano Evo. Su tristemente gestión en el ministerio, pasa ya por la muerte, la sangre y la banalidad y no hay nada que envidiar en su manejo de la fuerza coercitiva del Estado, a ministros tan oscuros y de hierro, como Sánchez Berzain, Ramón de la Quintana. Llorenti es un magnate de la parodia y el angaño, en cada alocución no es sino la voz de un feudal y galante burgués, culito blanco, que llegó a Decano de la UDABOL, gracias al favor de Martín Dowailer el gran amigo y confidente de Goni Sánchez de Lozada. ¿Acaso eso no es ser emenerrista y liberalote?
El ministro de los desbloqueos, no es sino un cruzado movimentista, hoy, feroz masista sin curvatura. Quiere mostrar un rostro de plata, pero se ha quedado tan sólo como un hermoso segundón, que releva a Sánchez Berzaín o Ramón Quintana. Es ya a estas alturas del proceso, un ministro cruelmente lapidario o si se quiere lapidariamente cruel de los derechos humanos. Este político venido de las fauces del liberalismo, sin saberlo siquiera vive todavía en la década de los 60 y 70. Y cuando se produzca su relevo oficial, temprano o tarde, dirán los cronicones oficialistas, que “se ha ido con la frente alta y la gratitud de los buenos funcionarios”. Pero, no dirán que el ministro de los desbloqueos, bajo los truenos de los fusiles, dejó madres y padres sin hijos, mujeres sin esposas, hijos sin padres, compañeros sin amigos. Sacha Llorenti es la espiral diabólica de la incapacidad de gestión de este gobierno socialista del MAS. Ahora, con su título de abogado, forzado en la UDABOL, mira desde palacio Quemado, igual que un dinosaurio sonriente de Walt Disney, porque ha sobrevivido a pesar de todo, a sus más encendidos enemigos: el satuco Gustavo Torrico, el alemán Smidt y los derechos humanos.
La administración del monopolio de la fuerza, no cabe en un doctorado en derecho, trucho, como ventiló por ahí–don Sacha–, sin serlo, pues, le iría mejor aunque sea con una libra de inteligencia, más no con un gramo de lealtad como suele practicar desde el ministerio, el señor Sacha Llorenti.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

miércoles, 14 de octubre de 2009

MOLTURACION Y DIVERSIDAD

MOLTURACIÓN Y DIVERSIDAD

Gillez Deleuze, escribió: “una vida está en todos lados, en cada uno de los momentos que atraviesa tal o cual sujeto viviente”, es decir, que la vida es un experimento inacabado, por tanto, no cabe, esencialidad ni puritanismo racial alguno, en ninguna parte del planeta. Sin desmerecer epistemes y modos de entender la vida, el hombre y la sociedad, no cabe duda, de que la ciencia da la razón a quienes razonan (mos). Y no así, por ejemplo, a Hitler y a las burguesías de todos los tiempos y lugares, que en nombre de una pretendida superioridad de una raza sobre otra (s), llevaron a la destrucción del otro, sin contemplaciones; y eso, no fue más que un error científico, porque ese tipo de selección va en contra de la humanidad en general y del grupo seleccionado en particular. El fascismo sindical del MAS y de la extrema derecha, en este país, corren en esa dirección, aunque parezca retrógrado.

Los Sapa Incas, desde Manco Cápac hasta Pachacutec, se casaron con sus hermanas para tener hijos lo más parecidos posibles a sí mismos; hicieron lo mismo los faraones del antiguo Egipto: el masismo, tiene mucho de ese incario y faraonismo selectivo, un puritanismo exacerbado. El patrioterismo –basado en dicho faraonismo– que defienden a capa y espada, a punta de k’ulawa y mausser, no es más que para esconder un centralismo autonómico, sometido a los caprichos del caudillo mitologizado; un separatismo racial, como idea exasperada de patria que enarbola el MAS es mucho más peligroso de lo que podemos imaginar. La única manera de pulverizar esas ideas nacionalistas, sólo es posible desde la democracia, pues, ésta, atenúa esa exacerbación, desmitificando y desacralizando todo tipo de patrioterismo, para hacer la idea de patria más razonable y a la medida de las necesidades de la gente; también, acaba por desnudar los carismas y aureolas del caudillo patriotero.

Ante la pretendida superioridad del indígena, por ejemplo, sobre el resto de la población, la ciencia, ya hace rato, que desechó esa idea; porque nos dice, que no hay raza superior o inferior, que todos los hombres y mujeres son científicamente iguales y biológicamente únicos. De modo que todo racismo y nacionalismo rabioso, venga de donde venga, no es más que una lamentable proeza de ignorancia. Los bolivianos no hemos dejado de ser, en el fondo, como los incas o los faraones, porque siempre buscamos casarnos –si no con nuestra hermana– al menos, sí, con una mujer los más parecida a nuestra santa madre, ¿para qué?, para reproducirnos idénticos en la descendencia, y de lo que se trata entonces, es de crear una casta. Somos una sociedad de castas y ghetos, ¿acaso, el buscar, marido o mujer entre los de la misma clase social, económica y cultural, no es una manera de perpetuar una casta? Sea como fuere, antes que se una ventaja, la prolongación de ciertos rasgos, los ojos, el color, la apariencia, no es más que la ruina misma. Cuando hoy nuestra sociedad, está reclamando –no puritanismo ni esencialismos de ninguna clase– el cruce de sangres, la mezcla, lo contaminado. Yo creo, que la mezcla, la hibrides, como resultado de la unión de una magnifica de Pablo Manzoni y un Cacachaka del norte de Potosí, sería la respuesta más acertada a esa tendencia del masismo y de las burguesías de oriente, ignorante y puritana. En Bolivia, seguimos queriendo, que se case el médico con la hija de un médico, que el quechua se case con una quechua, el aymará con una ayamara, el terrateniente con una princesita, el hijo del ministro con la hija de la ministra, el sociólogo con una socióloga, así hasta el infinito.

Ahora, digo, que se habla del Estado Plurinacional y el país de las oportunidades –no otro sueño constituye el litio y el hierro–, desde el Presi hasta el último alcalde –que más parece el argumento y tema de la mejor ciencia ficción–, la nueva constitución debiera abrir las puertas para que todo el mundo acabe mezclando sus olores y sabores y saliva, de modo que, en unos años surja la quinta raza, el crisol de las sangres, que tanto soñaba Mauro Vazconcelos. Ese sería el verdadero Estado Plurinacional, donde sean abolidas, la selectividad y los privilegios de unos cuantos frente a los otros; así que, de tanta aglomeración y tanto coito y cruces y mezclas, los bolivianos seamos un país de la molturación de las sangres y la diversidad: ni sangre de bronce ni de plata ni de litio ni de hierro ni culitos blancos ni neoliberales ni socialistas, joder.

Mientras no comprendamos que la tierra es la única y maternal patria del hombre, donde nos molturemos hasta el cansancio, y entendamos que Bolivia es para todos, seguiremos teniendo en el país, octubre negros y rojos y verdes y de todos los colores, así como masacres y terrorismos; y el Estado Pluri una utopía más.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

MITO Y POLÍTICA

MITO Y POLÍTICA

Ninguna de las propuestas electorales en carrera, para antes y después de diciembre, contienen un programa serio, que permita al país, entrar con una orientación contextualizada, en la modernidad de la sociedad de riesgo global. Ni Evo Morales, ni Manfred Reyes Villa con todo su eje de convergencia Plan Progreso, ni Samuel Doria Medina de la mano de un ex–fabril del oriente boliviano, ni René Joaquino acompañado de un predicador –dicen por ahí– que hace ver a los ciegos y andar a los discapacitados y otros desmayos, tienen un proyecto sostenible, que busque la construcción de un sociedad en la que quepan todos. ¿Por qué sucede esto en nuestra política? Por dos problemas irresolutos en el país: la cuestión identitaria y la mitificación en la política.

Ya se sabe que las situaciones insostenibles, son las que más sobresalen y se sostienen, por mucho tiempo; en nuestro país, las situaciones insostenibles se hacen sostenibles gracias al gas. A pesar de ello, el masismo explota políticamente de modo favorable a sus intereses ese tipo de situaciones; por eso mismo, ha introducido en su discurso un “who is who”, o “quien es quien”, que equivale a decir, “a ver quien tiene más ventaja”; no hay duda de quien sale favorecido de esta situación es el MAS, porque hace uso y abuso de los bienes del Estado para hacer campaña electoral.

Con todo eso y el maquillaje económico, es que el país no está fácil; y no está fácil, porque con tanto chico raro en el gobierno y la política, no sabemos dónde vamos a parar. Eso sí, al igual que en gobiernos neoliberales, podemos determinar nítidamente, quién –qué, por qué, cómo, cuándo, de qué, con qué y para qué– es el corrupto, quien es un loco angurriento, un gamberro y un desorbitado reprimido; pues, sencilla y llanamente, es este país, los bolivianos –no se diga otra cosa– hemos hecho de nuestra vida política nacional –además de sus consabidos traumas– una historia basada en la mitología, es más, nos han gobernado, siempre, por el mito antes que por el voto; se ha mitificado todo –sobre todo al caudillo–, desde la varita de oro de Manco Kapac hasta la ignorancia del Presidente de la República, pasando por las canas del power García Linera y eso del buen salvaje al buen indígena. La política termina mitificándolo todo. La realidad en todo su espesor, aparece mitificada. Cuándo no fue un mito el estaño y la plata, o la salida al mar, no es en este momento un mito, la explotación del mutún o el litio del salar de Uyuni, digo yo.

Todo el drama de Bolivia, yo creo, que está resumido en la pregunta que me hizo, no hace mucho tiempo, un humilde hombre del campo, “¿cómo se les ha ocurrido hacer revoluciones cuando en nuestro país hay una epidemia incurable?” De ahí que, he venido restregándoles en la cara a masistas y fascistas de derechas, eso que siempre han sido y no han dejado de ser los políticos, una horda de perros hambrientos y la única política que aprendieron a hacer, esa de los amarres y compadres; desencantado por esa política de asco, no he dejado de longearles la epidermis igual si fueran chanchos de engorde, porque los políticos de circo, nunca terminan de decirnos la verdad y si la dicen, lo hacen a medias tintas, y peor aún, cuando no nos dicen nada sobre las oscuras direcciones que ha tomado la pasión por el poder, en sus vidas.

Tal y como está planteado el juego político, para hoy y para mañana, oponerse a los patrioteros del masismo, es una forma de hacer y construir la patria, más allá de que quieran quedarse en el gobierno, muchos años. Y si de verdades a medias se trata, uno de los temas que pertenece a esa izquierda predatoria, o sea la horda misma, es el caso Porvenir y Rozsa, de los que no terminan de decir la verdad de los hechos. El socialismo del MAS, por supuesto, también acabará siendo un mito más de la política en Bolivia. Lo malo de los mitos es que no crean fuentes de trabajo ni hacen caer el maná del cielo, una mañana cualquiera, cuándo los pobres necesitan un pan para engañar al hambre.

Mito y política en nuestro país, han sido la teoría y la praxis, las dos caras de una misma moneda: el subdesarrollo y atraso de un Estado ajeno a la realidad.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

EL REUMATISMO IDEOLÓGICO

EL REUMATISMO IDEOLÓGICO

Los políticos del presente –y los de antes–, a mí, como tantos otros bolivianos, nos andan matando las esperanzas. Cada día vienen asesinando nuestros sueños de un país democrático y de derecho. Ahora, nos salen con que van a regalar una portátil a los maestros, y que en unos años más, no sabemos si será a fines del 2050, todos los estudiantes del sistema fiscal, el gobierno les dotará de una computadora personal; “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé! (…) Serán talvez los potros de bárbaros atilas;/ o los heraldos negros que nos manda la Muerte”, decía César Vallejo; ya venía diciendo yo, que los chicos pawer de la política gubernamental, andan en drogas; y esas enfermedades no se curan nunca, igual que el cáncer, el reumatismo, la diabetes, la leucemia, entre otras; tampoco se cura ni curará el reumatismo ideológico de los chicos raros de izquierdas; comprendiendo o no este peligro, los opositores han montado partidos y asociaciones ciudadanas, esperando un milagro en las elecciones de diciembre.

Si de enfermedades hablamos, bien sabemos que muchas de ellas, pasa el tiempo pero no matan, o no matan tan pronto, aunque duren toda la vida. El reumatismo y la artritis son de esas enfermedades longevas; si no se le presta atención a tiempo, el reumatismo masista, puede quedarse con nosotros mucho tiempo, como una forma de reumatismo y una imposibilidad de cambiar de postura, en pocas palabras, un lumbago ideológico, pues, así de deformada está nuestra cultura política. A los políticos que vienen matando las esperanzas de la gente, hipotecando el futuro, nos están haciendo pasar gato por vizcacha, y un castigo ejemplar, además de la cárcel, sería sacarlos desnudos en las portadas de los diarios –previa orden judicial– como una manera de dilapidarlos con el plomo tipográfico de los mas media; así podríamos ver las deformaciones que tienen debido al reuma ideológico, tan lleno de corrupción, discurso, sobre todo, atolondrado por la droga sindical. Supongo, que el gobierno, no pondría objeción a esto, ya que tanto habla de la libertad de prensa, por tanto exhibir en pelotas a ministros, viceministros, diputados, senadores, que sufran de reuma ideológico, no dejaría de ser un buen escarmiento.

Los políticos que andan subidos en la cresta del poder, así como los patriarcas en retirada, son culpables de nuestra democracia y su malformación y de su fracaso histórico-político, a pesar de que en su más honda ignorancia y su buena voluntad –además de sus bolsillos– quisieron, posiblemente, hacer un país para todos, pero, acabaron (acaban) haciendo un país para nadie; el socialismo del siglo XXI como el neoliberalismo de ayer, dejados a su libre albedrío y juego devorador, totalizador y estúpido, pueden llegar, bien sabemos, a despedazar la vida, a ensombrecer la luz del mañana y terminar devorándose así mismos, también al país, con un apetito de León africano, que nadie hubiera sospechado siquiera.

¿En qué se diferencian los políticos de izquierdas de los de derechas? Yo creo que sólo en la corbata. Sí, tan sólo eso, pues, a los de derechas les gusta ir de corbata, a los de la izquierda también, pero se reprimen ¿En qué se diferencian políticos como Gustavo Torrico, César Navarro o Lourdes Millares, de un llant´ero, cortador de eucaliptos? Casi en nada. Estos señores al igual que los corta eucaliptos, atacan lo mismo que a las plantas al pueblo, con la misma furia, con el mismo impulso animal, con la misma rapidez y con el mismo afán de lucro, político y personal, si no qué hace toda la parentela metida en el asunto del Estado. Digo estas cosas de los políticos y sobre los políticos, para no traicionar mi alma y mi karma, porque soy un hombre de buena y con un poco de fe, quizá no alcanza todavía el grano de mostaza; y, además, porque estoy convencido que cada político que hemos tenido ha sido un reprimido de no sé qué, pero, que les ha gustado cortar, romper, destrozar, fracturar, traicionar, serruchar, robar –al país– y eliminar sin asco a quien se le cruzara en el camino, lo sabe todo el mundo.

Ahora que sabemos que el reuma ideológico es incurable, mejor prevenir antes que padecer sus nefastas y dolorosas consecuencias, no.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos cordialmente