jueves, 30 de julio de 2009

LOS SOCALISTA Y OTROS ENEMIGOS

LOS SOCIALISTAS Y OTROS ENEMIGOS

Hace poco me escribió un amigo, muy preocupado: “Oye, que los méritos (oposición) en este país, ya no cuentan un quinto”. Claro, digo, cómo van a contar, si los socialistas y otros enemigos –los sin miedo, por ejemplo, de Juan del Granado, son más híbridos que una mula– han ido suprimiendo las oposiciones de la vida nacional (no me refiero a la oposición política); ya no sirve para nada, el mérito en la carrera profesional, la institucional, la barrial, en suma, esfuerzo vano, sentar el culo 24 horas a buscar temas de oposición.



Una de las consecuencias más nefastas para nuestra sociedad, a causa de medidas demagógicas e inconstitucionales que usó la izquierda para eliminar a la oposición política, en el lugar que se encontrará, ha sido la infravaloración de la oposición (méritos) que, de una forma u otra, movía el engranaje social; ya de por sí, era saludable para la vida nacional, la oposición (concurso de méritos, cualificación, aptitud) a una cátedra, a las notarias, a la administración pública, a los cargos jerárquicos del Estado, a direcciones nacionales, a buscarse una novia para toda la vida, lo que equivalía casarse un poco tarde, es decir, primaba las oposiciones a todo. Bueno, una vez borrada toda oposición del entramado social, lo que se nos viene abajo, es toda una larga tradición de honestidad y esfuerzo de muchos bolivianos; de aquí en adelante, sin oposición en la conciencia nacional, digo, paisano, los hijos de campesinos e indígenas, ya no tendrán necesidad de darle duro y horas y horas a la preparación académica; seguramente, los socialistas y otros enemigos del país, que andan entrometidos en borrar oposición en todos los ámbitos (público y privado) nunca ganaron oposición alguna; por supuesto, cómo iban a hacerlo, si dentro de su esquema mental, se puede ser Presidente por la mañana, regante y cocalero a medio día, dirigente sindical y ministro por la tarde, y traficante de droga y amante por la noche, o sea, todo en un día. Creo, que es de ahí de donde les viene tanto resentimiento, la falta de oposición (mérito); lo peligroso de esta dialéctica de la venganza, es que se va envenenando nuestra vida nacional, de odio racista, con un odio arcaico incontenible.



Porque si de ganar méritos (oposiciones) se trata, veamos, ¿cuántas oposiciones a la cátedra “José Martí” o “Pensamiento marxiano” ganó don Álvaro García Linera? ¿qué oposiciones a “Historia Prehispánica” ganó don Evo Morales? ¿Y, don Choquehuanca, obtuvo alguna oposición al libro “La tierra no da así no más”? Seguro, aunque hubieran ganado alguna, eso qué es comparado con los número uno que da la derecha; ahí está, don Víctor Hugo Cárdenas, Carlos Mesa, Fernando Untoja, Doria Medina, Alejo Veliz, René Joaquino; la izquierda y otros enemigos del país, hasta donde la historia lo registra, con lo único que han aportado a la edificación del Estado, han sido personajes incendiarios y terroristas, guerrilleros y sindicalistas. Así van las cosas en este momento que se habla tanto de “proceso de cambio”, pues, los señores socialistas, eso de los méritos (oposiciones), lo tienen metido en el duodeno.



¿Y a qué viene todo esto que vengo diciendo, sobre el tema de las oposiciones (méritos)? Pues, viene a propósito de la proximidad de unas elecciones nacionales que hubo en un país, o va a haber, o no habrá nunca y siempre. Nuestras elecciones nacionales, desde la fundación de la República y de cuando mi abuelo iba a dormir la noche anterior en la puerta de su recinto electoral para ser el primero en votar, han sufrido la amenaza de los gobiernos de turno; esa modestia pedónea, no hace (cía) sino tambalear la posibilidad de abrir caminos para que se instaure el diálogo, la esperanza, la real diferencia; algún día, seguramente, encontraremos, sea en un Estado pluri, multi, trans, post nacional o lo que fuere, la fórmula para construir la unidad y cimentar de una vez por todas, la bolivianidad, antes que parcializaciones ultra extremistas.



La izquierda y otros enemigos, más allá de las oposiciones, frente a las elecciones de diciembre, sabiendo dónde la tienen incrustada la meritocracia, quieren mantener unos candidatos sexys; y el binomio, ratificado por la Federación de cocaleros del trópico, lleva una ventaja, la posesión del aparato estatal; la faceta sexy lo muestra el Vicepresidente con una soterrada, pero, superficial masculinidad; la derecha, también se está nutriendo de figuras sexys, no otra cosa representa la presencia de la modelo cruceña, otrora masista, Adriana Gil; el ambiente preelectoral de estos meses que nos separan de diciembre, izquierdas y derechas, intentarán reciclarse, con semblantes y figuras sexys (cantantes, curas progres, modelos, periodistas, empresarios…) muchísimas de ellas sin oposición alguna.



De cara a unos socialistas –ya no uso indigenistas, porque eso quedó en algún trecho del pasado inmediato– y una derecha desorbitada, víctima de sus propios errores del pasado, y una oposición (mérito) cada día venida a menos, sepultada, por los cánones de la escuela de formación política, para la Presidencia del Gobierno, no quiero ningún sexy, eso sí, me inclino, por un loco, pero que tenga algo de oposición y para la lucha social y sindical –necesaria en todo país que se precie de demócrata–, un incendiario, egresado de la Escuela de formación política.



Iván Castro Aruzamen

Filósofo y teólogo

Profesor de derechos humanos

TIRANO MORALES Y EL ESTADO PLURINACIONAL

TIRANO MORALES Y EL ESTADO PLURINACIONAL

No es posible comulgar, en lo más mínimo, con una izquierda neofascista, retrógrada, pero, tampoco, un mínimo de aceptación, frente al accionar de una derecha, si es que todavía puede llamarse así, a los movimientos cívicos y extremistas, amarrados a la lógica del latifundio, como ocurre en algunas regiones del país. Si uno congeniara con alguno de estos sectarismos aberrantes, no sería posible transitar por los senderos de una filosofía política crítica; esa filosofía del cinismo que, Richard Rorty defiende a capa y espada; desde esta columna, no hago más que expresarme como librepensador, en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos. El wipalismo del MAS y el regionalismo cívico, están en contra de toda filosofía crítica, que piensa al país en términos de unidad, sin ningún tipo de aventurerismo revolucionario coyuntural.



Evo Morales no está muy lejos del “Tirano Banderas” de Ramón María del Valle-Inclán o “Yo el Supremo” de Augusto Roa Bastos o “El otoño del Patriarca” de García Márquez; la galería de dictadores en América Latina es interminable, todos con un rasgo común: la apetencia por el poder absoluto y además vitalicio. Ahora voy a eso de Tirano Morales. Es que lo que más va impregnando, tiñendo, nuestra vida cotidiana, es el sentido dictatorial con intenciones vitalicias; es decir, se ha instalado en el país, desde el gobierno, el mito del pequeñoburgués de lo seguro, de ese que no está de paso por el palacio quemado ni de visita sino que quiere quedarse para toda la vida, como si Bolivia fuera otra Cuba. El Tirano Morales es ante todo un caudillo de un sector de pequeñoburgueses, de esa manada de burguesitos emergidos de los escombros revolucionarios del guevarismo de Ñancahuazú y el quiroguismo del PS-1. “Evo Morales, no es más que la caricatura de un héroe de esos antihéroes ilusos”, sino vaya uno a escuchar los comunicados incendiarios de Quintana o Sacha Llorenti, cada vez que aparecen en escena, con resonancias claras del Tirano de tierras calientes, Hugo Chávez. El pensamiento pequeñoburgués que incuba el MAS, se alimenta del sueño de lo seguro, pues, eso irradia su postura frente a las elecciones de diciembre; no sólo aseguran el triunfo del Tirano Morales y su tiranuelo García Linera, también, un empleo seguro para ministros y viceministros –mientras la gente de tierra adentro se muere de hambre–; se asegura la dirección y presidencia nacionales de las empresas nacionalizadas, para aquellos que sigan los dictámenes del Supremo. Para el masismo, está claro, los cargos públicos son para toda la vida.



Asimismo, el Tirano Morales, ha dado a luz, unos dictadores más chicos (uña Morales), como el mal menor, frente a la experiencia del uso del poder por los neoliberales de los 80 y 90; Evo Morales ha abierto las puertas a una peste muy peligrosa, una influenza política A1H1–MAS de dictadores locales (Prefecturas) y provinciales (Alcaldías). Sería una gran noticia para la democracia, si estos uña tiranos son barridos en las municipales y prefecturales del próximo año, por opciones nuevas. La patria, el país, no necesita políticos –como lo fueron en el pasado– para toda la vida o que entienden que los cargos públicos son vitalicios, ya no más Benjamines Migueles; necesita, una revolución permanente de hombres y mujeres, comprometidos con la libertad y la unidad, por encima de celebraciones históricas o bicentenarias, milenarias…porque al parecer la nueva pequeño-burguesía del MAS, por medio de una inercia cultural arcaica, nos quieren hacer creer que los valores vienen dados de una vez por todas y para siempre.



Los jerarcas del MAS así como sus subalternos, que creen en la utopía de una revolución pendiente, la de la nacionalización y el regreso al estatismo desarrollista, no han tenido reparos en ocultar actos de corrupción y malversación de dineros públicos, cerrando cualquier posibilidad a inconformidad alguna, provenga de donde provenga. No es, acaso, un ejemplo transparente, los tejes y manejes de las bestias del Apocalípsis nacional: Ramón Quintana, Alfredo Rada, Walker San Miguel, Luis Alberto Arce, Carlos Romero; si tuvieran un poco de dignidad –aunque creo que la única que poseen es la del Tirano Morales– debieran mandarse a jalar, ya; pero, como la idea de quedarse de por vida es mucho más fuerte que el sentido del bien común, sólo se permiten movidas estratégicas, porque todos en el poder ejecutivo, creen que son imprescindibles.



De los 27 años de democracia que vive el país, estos tres del masismo, es la más folclórica e inestable ¿fue otra cosa, eso de la celebración del bicentenario paceño? Una democracia masista que se sostiene en el centralismo del Jach’a Uru, no puede menos que insistir en que es una democracia defendida desde fuera (Carácas y la Habana) y dentro (como los movimientos mas incendiarios que se han creado en el país: cocaleros, ponchos rojos, los sin tierra, las bartolinas sisas, además, de los achachilas de David Choquehuanca); la única democracia revolucionaria que vemos es esa que aparece en las peñas y verbenas y cenas de gala bicentenarias, aunque, el chairo y pectu de nuestra historia folclórica se ha fraguado en la erección del Estado Plurinacional.



La democracia que la patria necesita, no es sino la de la revolución permanente y la transvaloración positiva de todos los valores nacionales, más allá de todo jaraneo y desmadre festivo por el pasado; una democracia que nos adentre, de una vez por todas, por el camino de una auténtica democracia de autonomías, en la que “todos los otros caminos sea posible”, hasta aquellos que no nos guste andarlos.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

NEOIMPERIALISMO ANTIIMPERIALISTA

NEOIMPERIALISMO ANTIIMPERIALISTA


Todo lo que aquí está haciendo, deshaciendo e intentando la izquierda troglodita, no es más que un obsoleto compás conocido, en el que hay errores y nacionalizaciones (apócrifas) y una completa desorientación administrativa; este embuste del masismo a más de ser confundido es comparable a un aventurerismo altiplánico, ni más ni menos que el argumento de una novela indigenista frustrada; de todas formas, lejos está de toda táctica estratégica revolucionaria.



Evo Morales, en toda su indigencia mental, cree ser una nueva estrella socialista, una antorcha de libertad en este valle de lágrimas, en esta América del siglo XXI; esa posición, un poco medio de cabaret, diría yo, pasa por hacerle un juego cadencioso a la izquierda oportunista –de la que ya no le es posible abdicar– y la oposición ciega, esa izquierda y oposición que están con el militarismo, ese de las botas con brillo demócrata, esas fuerzas Armadas de Arce Gómez y Juan Ramón Quintana, revolucionarios de “table dance” y música callejera; esa izquierda, que va del brazo del militarismo, es la que aparece en las verbenas y concentraciones socialistas de plazueleta, esa de líderes sindicales amañados con la guerrilla y el terrorismo de García Linera.



Lo que necesitamos los bolivianos, no es una revolución cultural –como si fuéramos una república popular China–, sino una revolución callada, paciente, larga, enfrascada en cambiar la estructura del país, desde adentro; está probado por la historia de antes y reciente, que, las injerencias externas, las manipulaciones y majaderías de cualquier bastardo con un dejo diferente y con ínfulas divinas –como en su momento fue el Ché y hoy Chávez–, no ayudan (ron) a fraguar revolución alguna –ni siquiera los golpistas de otrora escaparon a la injerencia y asesoramiento foráneo–, cuándo más llegan a proporcionar armas para que los poderosos se aferren al poder a como de lugar, con todo esto, no se si “algún proceso de cambio en Bolivia esté ganando algo”; de lo que sí estoy seguro, es que hay un discurso cansino, un discurso pretendidamente neoimperialista de signo antiimperialista; el pueblo no gana nada con esa charla, a lo sumo, más desempleo, violencia, corrupción e ineficiencia de gestión.



Existen –dicen los psicólogos– apetencias irreprimibles, como el poder, el sexo o las drogas; ya sé que los políticos, tienden a reprimirlas bajo el pretexto del denominativo, servicio –desinteresado, dicen– al pueblo, a los más necesitados, a las hermanas y hermanos, joder, todo político en Bolivia, busca a través del poder, el dinero fácil y rápido; para un político, no hay forma de vencer estas tentaciones, y la única manera de salir de ellas, es sucumbiendo a la apetencia y entregándose a dichas tentaciones; aunque no sólo los políticos son vulnerables a estos males, los bolivianos, que desde hace 27 años nos la damos de demócratas, hemos caído en las garras del egoísmo, el sectorialismo, el regionalismo, la ideología fácil y el despute institucional.



La doble política practicada por el MAS –cinismo–, ignorando o protegiendo un aventurerismo supuestamente revolucionario, acabó pactando con la institucionalidad verticalista del militarismo boliviano; este aventurerismo del masismo, es todo lo contrario de la revolución científica, según dijeron Marx y sus exegetas. Los nuevos oligarcas masistas, que peroran el nuevo socialismo del XXI –que tiene más ribetes de la época del estalinismo ruso– han iniciado un “neoimperialismo antiimperialista de llama y jumento”; pues, a pesar de que las cosas van mal en Bolivia, no pueden o no quieren remediarlas, por temor a perder la confianza de sus masas domesticadas, a punta de consigna y bonos; digo, el pueblo no se salvará con la democracia de ningún neoimperialismo antiimperialista, sea esta pluri, multi, chavista o castrista, porque al final, el neoimperialismo del MAS, tan sólo acabará construyendo un “orinal de oro para las micciones del Super Jilakata Evo Morales” y sus lugartenientes de palacio de gobierno.



La cantaleta antiimperialista de Evo Morales, no es sino, la fidedigna resonancia de las lecciones preliminares de García Linera ante el gabinete ministerial, a partir de las seis de la mañana, dicen, no vaya a ser que este Descartes del pensamiento social boliviano, agarre un neumonía y muera en la corte de su alteza; la lecciones, así como suenan, creo, están centradas en el “aventurerismo revolucionario antiimperialista” –aunque de momento no ha derribado chancho alguno–; eso sí, el aventurerismo empieza a ser el opio del pueblo.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

DIGNIDAD Y EXILIO SOCIAL

DIGNIDAD Y EXILIO SOCIAL

Ya decía yo, que Evo Morales y García Linera, llevan metidas en la tripas, pasiones humanas incontrolables; esa enfermedad que va corroyendo sus vísceras, es la obstinada, empedernida e incurable “excentricidad” de todo ser abyecto; ésta es la causa y fuente permanente de todo tipo de desordenes, hasta del afectivo. De ahí que, por una vez estoy de acuerdo, con el refresquero, el lustrabotas, el heladero, el panadero, el zapatero, de que la mejor lotería y la mejor política, mucho más que la del MAS o PODEMOS –huele ya a santos óleos– es el “trabajo”. Cuánta verdad y cuánta sabiduría cotidiana, de realismo político, tienen estos changos, me digo, y que además, le dan durísimo al día a día, semana a semana, año tras año, para sostenerse a sí mismos y sus familias, y que no necesitaron llegar a presidentes para caer en la cuenta de una verdad incontrastable: “la dignidad no da de comer”, por mucha dignidad que se tenga, el pan no cae del cielo, ni que la dignidad ayuda llegar al fin de mes con la renta, el agua, la luz y el pan, sino sólo el empleo y el trabajo humano.



La excentricidad de un presidente arcaico y su manida retahíla antinorteamericana, antiimperialista, más allá de lo ideológico –sin ningún tipo de peso alguno a más del discursivo– es la causa de una serie de eventos desafortunados y la acumulación de contrariedades para muchos, miles de bolivianos, por el cierre del mercado estadounidense; “el desempleo, acabará en muchas ciudades del país, arrojando a individuos y familias íntegras a la indigencia y, posiblemente, a la calle”; pero, no solamente es eso, pues, en el fondo, quedarse sin una fuente de ingreso, acarrea desgracias familiares, divorcios, separaciones, pérdida de la vivienda, la familia, los hijos, en suma, los sueños y esperanzas. Para los más dignos, los actuales oligarcas del Estado Plurinacional, que siempre entendieron que la dignidad pasa por succionar y exprimir el capital (Tesoro General) del Estado y hacer de los pobres, un buen pobre (pobre bueno y resignado) invisible, una persona que ni siquiera sea capaz de atenderse a sí y por sí mismo, que sólo tenga el valor de pedir a la niñera estatal lo que necesita, es decir, la dignidad de alguien que se comporte como si no existiera; esa dignidad del masismo, está completamente reñida con la dignidad del trabajo humano como fuente de satisfacción y de derechos; mientras los dignos, caray, paisano, tengan la panza llena, la panza de un cholo visceral, no les importa un comino “el exilio social” que trae la pobreza y la escasez de trabajos dignos (seguro social, seguridad, estabilidad laboral).



La dignidad discursiva, ideológica, del presidente Morales, está antes que el trabajo, el empleo, la comida, la educación, la vestimenta –ahora que el frío arrecia–, entonces, estamos ante un primer mandatario, que nos está, diciendo, “no se preocupen, hermanos y hermanas, pobres siempre los tendrán” o “toda sociedad conocida ha tenido pobres”, aunque, no nos ha dicho todavía, si la sociedad del incario conocía la dignidad. Sencillamente, creo, el canillita, el K’epiri (cargador) y el carretillero, de la cancha, saben muy bien que, cuando las soluciones para los problemas son irracionales, excéntricos, irritantes, sumados con una cuota de indiferencia moral, no se hace más que obtener una mezcla social explosiva: pobreza y exclusión; y de eso ya tenemos mucho en nuestro país, alimentar esta mezcla es una violación de lesa humanidad.



El día que dios (Fidel y su cuadrilla) entró en la Habana, para echar las raíces de una revolución socialista que generaba muchas expectativas, como muchos jóvenes de mi tiempo, me adherí, porque pensaba en la oportunidad que tenían en nuestros países la igualdad, la justicia, la libertad, pero, después de más de cuatro décadas de verticalismo, autoritarismo, de una de la dictaduras más longevas de América Latina, no creo en revolución alguna, que prioriza la “dignidad de la exclusión social”; en Bolivia, se quiere guiar al pueblo hacia un éxodo de exilio social por el desierto de la pobreza, bajo el báculo de un excéntrico presidente, que se cree el ombligo del mundo; la historia está plagada de ídolos y dictadores y déspotas, muchas veces medio demócratas, cuyas profecías e ilusiones, otoños patriarcales, jamás se cumplieron, pero sí muchos crímenes –y quizá los más horrendos de la historia– se produjeron en nombre de, por y para los pobres, con la falsa profecía de su redención; también, se perpetuaron, asesinos y gorilas, porque no apareció a tiempo alguien que advirtiera el peligro, y muchas otras, porque la complaciente incredulidad de quienes no quisieron escuchar el llamado de alerta, pudo más.



Hoy, el gobierno del MAS, quiere no sólo borrar del imaginario social, todo rastro de interacciones e intercambios, producto de un mundo, cada vez más interrelacionado y de intercambio cultural y económico a escala planetaria, pero, sobre todo, intenta frenar la capacidad de proyectarse hacia el futuro. Si queremos continuar por el camino de la dignidad masista, con un enorme exilio social, para miles y miles de bolivianos, la elección es nuestra.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

LA DEMOCRACIA DE LOS DEMEDIADOS

LA DEMOCRACIA DE LOS DEMEDIADOS

En la Avenida Aroma esquina 25 de mayo, desde hace años, vende libros viejos, un paceño de rostro cincelado, ignorante en títulos y autores, sólo le mueve la idea de ganarse la vida, comercializando esos libros, muchos ya fuera de circulación y que los trae de la frontera peruana. “El hombre de los libros”, me he acostumbrado a llamarlo, aunque nunca hemos cruzado más palabras que, “has traído nuevos libritos”; muchas veces le oí esgrimir putazos contra Evo Morales y sus cocaleros, cuando estos bloqueaban la carretera y el buen hombre no podía viajar para buscarse el sustento de cada día. Sigue ahí sentado el hombre, de martes a viernes. Entre los muchos títulos y autores que me facilité por su medio, un día cayeron entre mis manos, cuatro de los cinco tomos que componen su novela épica, denominada “Baladas y Cantares”, de Manuel Scorza, y un Italo Calvino, “El Vizconde demediado”; la trama sencilla y diáfana de Calvino me marcó para siempre. El Vizconde Torrealba, demediado por un cañonazo en el campo de batalla, regresa a su comarca y deambula partido en dos mitades, es decir, convertido en un “medio ser”, con un lado bueno y otro malo, con una cara negra y otra blanca, un medio ser atrapado en la angustia existencial de Soren Kierkegard ¿Quiénes serían hoy los medios seres, los demediados en nuestra política nacional? me pregunto. Seguramente, todos o casi todos los políticos.



Ninguno se salva, por eso mi escepticismo es enorme frente a los políticos; ni siquiera un hombre como el extinto demócrata cristiano, Benjamín Miguel, pudo escapar al sablazo demediador de la política. Son todos o casi todos los políticos en Bolivia medios seres, digo, hasta los recién aparecidos, los cachorros del MIR y UN; Rodrigo Paz, hijo del más demediado de los políticos, no sólo estéticamente, Jaime Paz Zamora, y, el pupilo del industrial cementero, Samuel Doria Medina, el diputado, Peter Maldonado; ambos candidatos a la presidencia de la República, en ese camino de renovación, se postulan como una salida alternativa; aunque la imagen del político en nuestro país, está por demás deformada, quizá por debajo de la de una meretriz –un poeta chileno, dice, que éstas son los seres más caritativos y bondadosos, porque acogen a todos sin importar su apariencia, condición social ni religión, sin discriminación–; veremos cómo irá eso del recambio generacional, que es necesario en nuestro mundillo político; los seres demediados, decíamos, abundan en nuestra política: unos, los de derecha, tienen mucho de fachos y algo de demócratas, y, los otros, los de izquierda, totalitarios, intolerantes y demócratas, quién entiende a esta rara especie de demediados.



Todo el gobierno actual, diríamos, está compuesto de medios seres, de demediados calvineanos: uno –y algunos más– de ellos quiere mostrar un semblante demócrata y medio cristiano (Sacha Llorenti), otro es medio demócrata y liberal capitalista (Walker San Miguel), aquél de allá demócrata y banzerista (Juan Ramón Quintana) y los otros, muy cerca, demócratas y marxi-socialistas (García Linera, Antonio Peredo, Alfredo Rada), y el resto de la recua masista, empezando por el presidente Morales, demócratas y medio indígenas, es decir, con una identidad demediada, porque no han acabado de asumir ni lo uno ni lo otro; en la reciente cumbre de emergencia del grupo de Rió, donde los políticos demediados, los medios seres, que gobiernan algunos países en nuestro continente, uno de ellos, el medio ser, Raúl Castro, heredero de la presidencia (corona) cubana, ha dicho que Evo Morales representa a los nacidos y explotados de América Latina, como si todos fuéramos unos seres demediados, de la misma calaña que los revolucionarios de la izquierda troglodita de los sesenta.



La consecuencia de que vivamos bajo el régimen de medios seres, claro, digo, paisano, no puede ser sino, el vivir en una democracia sin constitución; “y la que se aprobó recientemente, profe”, me dice, el guardia de seguridad. La constitución que tenemos, no es más que un borrador, le respondo, y si no cómo explicamos de que tu contrato y el mío siga siendo temporal, a pesar de los años que uno va en la pega. Un borrador es algo así como una prueba, un ensayo, para ver si resulta algo, por tanto está, sometido a la manipulación; en un borrador, bien lo saben los novelistas, lo que se escribe con el puño se puede borrar con el codo o un pelikan; como el gobierno de los masistas es de borrador y una constitución también en borrador, es que miles de bolivianos, a pesar de la cacareada refundación en un Estado Plurinacional, continúan sin un empleo digno, sin derecho a llevar el sustento a sus familias, y los que tienen un empleo, muchos, miles son inseguros e inestables, temporales, igual que el de mi amigo el guardia de seguridad. Esa es la constatación de que Evo Morales lleva un borrador en el bolsillo, un texto descontextualizado.



Por tanto, esta democracia plurinacional del MAS, mientras tenga una constitución aprobada que en la práctica no pasa de ser un borrador, seguirá siendo una democracia hecha a la medida de los medios seres, demediados, de mitades. Porque la mitad con cara blanca, la buena, no sé si es la derecha o izquierda de los políticos del masismo, está enfrascada en sorber lo más que pueda en el remanso del capital del Estado y la otra mitad, con rostro negro, la mala, habla de revoluciones y procesos de cambio, frases que a mí me ponen de espanto el epigastrio, que es donde se me ponen las cosas, porque me suena a discurso de la confederación de la “Guerra de las Galaxias”, de George Lucas. En nuestro país, no necesitamos medios seres ni Vizcondes demediados en la política, para devolverle a la gente la esperanza y construir una sociedad igualitaria y no igualadora como quieren hacer los masistas. Los cachorros de la política sepan que queremos políticos enteros, no demediados y Makakos de charretera y boina.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

EL MAGISTERIO DE LAS COSTUMBRES

EL MAGISTERIO DE LAS COSTUMBRES


Llevo preguntándome, desde que la democracia formal y pactada (neoliberal) –según el masismo– llegó a su fin, dónde están los valores espirituales y ancestrales, algo así como las esencias, que nutren la nueva democracia comunitaria del Estado Plurinacional, de las que perora hasta el aburrimiento el presidente Morales y los príncipes del Japón no fueron la excepción, acabaron bostezando. He buscado todo este tiempo, esos valores, por entre los movimientos sociales, las organizaciones de mujeres bartolas, la Central Obrera Boliviana, la Federación de trabajadores campesinos de Bolivia, la Federación de cocaleros del trópico, la Federación boliviana de fútbol, y, hasta en las canas del vicepresidente, pero nada, esas esencias no aparecen por ningún lado; la única con la que me tiño los riñones, es la de las incontables tazas de café que acompañan la escritura de mi columna.



Yo creo que apenas estamos atravesando el estrecho margen de una democracia formal (orgánica) hacia una democracia bélica (comunitaria); y es que estamos en época de persecuciones fruto de una absoluta judicialización de la política; estamos en época de matanza. La otra noche le oí decir al ministro de Hacienda que las cifras del desempleo en Bolivia no sólo son bajas sino que ha disminuido drásticamente este flagelo; pero, lo que no ha mermado un ápice, es el nivel del caciquismo nacionalverticalista del presidente y que se extiende como un dolor de muelas, hacia los alcaldes y prefectos nacionalverticalistas del masismo en algunas regiones, solapando una verdadera democracia participativa para el pueblo.



En Bolivia desde siempre nos dividimos entre los que tenían en casa para asesinar ritualmente, pavo o cerdo, para la noche de Navidad o Año Nuevo, o en carnavales, y los que no teníamos más que lo de cada día, pan, maíz hervido y un poco de leche, de ahí, y no de otra lado, me vienen mis traumas y fijaciones, mis rencores y resentimientos con los que miro la política y a los políticos en el país. Así que, estoy seguro que en casa de los Ramón Quintana, Sacha Llorenti, Alfredo Rada, Walker San Miguel, no sólo habrán tenido pavo, cerdo y salchichas, la noche más fría del año, sino, no se los vería bien comidos, mofletudos, señores barriga, rellenos de tripa gorda; si ya nos diferenciábamos entre los que son y no lo son, entre ser y no ser, entre los que tienen y no tienen, encima nos echan los masistas la rabia comunista anticapitalista, como si la guerra fría no hubiera quedado congelada en los libros de John Le Carré.



Debiéramos irnos acostumbrando a la idea de que en Bolivia, “las revoluciones culturales y los procesos de cambio social, las hacen los que tienen pavo, cerdo y salchichas vienesas”, porque, hasta donde conozco, todavía los ponchos rojos y verdes, no han industrializado ningún embutido de carne de llama, alpaca o vicuña; pero, los del gobierno, andan armando cruzadas para salvaguardar los valores eternos, tipo esencias, de la democracia bélica que han construido, aunque para ellos pesa más el pavo, el cerdo y las salchichas, que los primeros rayos del sol del inti raymi aymara. Y los que no tienen nada de eso, no podemos hacer ninguna revolución, a no ser sólo la de la “probanza del sabor de la abundancia de los capos del masismo” (apócrifo), ahora, que ya no queda casi nadie (s) de los fundadores del instrumento político. La diferencia de clases en este país de castas, lo marcó la desigualdad, la distancia, en otras palabras, el tener antes que el ser y eso no ha cambiada para nada.



Los revolucionarios de enverne, los de mucha carne de pavo, cerdo y salchichas en su dieta, debieran andarse con mucho cuidado, cuando se trata de criticar o menospreciar al adversario político (Román Loayza, René Joaquino, Víctor Hugo Cárdenas…) de las próximas elecciones de diciembre, con o sin padrón biométrico, porque las familias que no pudieron hervir ni aumar salchichas, esas familias no van a votar por el MAS ni Evo Morales, que lo único que ha hecho en estos tres años de gobierno, es salvaguardar el interés de la oligocracia de palacio quemado –venidos de todos los suyus de la política boliviana (ADN, MNR, MIR, PC, PS-1)– sino que votará a quien le defienda la economía autofamiliar, la carne de pavo, cerdo y salchichas para el próximo San Juan.



La nueva oligocracia revolucionaria, el único papel que ha sabido escribir con dedicación, ha sido el del “magisterio de las costumbres”; y lo digo a propósito del decreto que establece un nuevo feriado nacional, el 21 de junio, como si fueran pocos los ya incontables feriados en nuestro calendario. Asimismo, es conocido, que el Año Nuevo aymara, no difiere en mucho del espíritu decadente del occidental, porque igual o peor es el derroche de energías en bebidas alcohólicas, marihuana, cocaína y otras píldoras, al mejor estilo yanqui; los únicos rayos que reciben son los de los humos alucinados de toda una noche de placeres al aire libre bajo un estrellado cielo invernal.



En todo caso, el masismo nos resultó medio sartreano –aunque hoy uno debiera pedir disculpas para serlo– con eso de que en Bolivia se ha esfumado con los bonos, la “pobreidad”; pues, con el Goni, los pobres no eran más que pobres, a secas, hoy, en cambio, con Evo Morales y García Linera, los pobres ya no son pura pobreza, sin pavo, sin cerdo y sin salchichas vienesas, sino además tienen una connotación marxista, y lo que pesa mucho más en los pobres, no son los piojos que llevan encima, sino las connotaciones. No se eliminan los piojos y la pobreza con albergues temporales mientras está el invierno con nosotros, tampoco con bonos para los empleados públicos so pretexto de mejorar la calidad del servicio y luchar contra la corrupción; sólo políticas de largo alcance y sostenibles para erradicar la pobreza, acabarán matando los piojos y el hambre.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos