miércoles, 17 de junio de 2009

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE
Lo que Bolivia necesita, no es un sindicalista, clarividente, en la primera magistratura, ni tampoco un revolucionario urgente o un denunciador justiciero casi igual que un Charles Bronson, en la Vicepresidencia, como quiere mostrarse García Linera. Es más, García Linera, cree tener algo de Rousseau, de Diderot, de Marx, de Engels, de Sousa Santos, de Hinkelammert, aunque, más convencido lo noto, de haber heredado algo de Foucault, no precisamente la sagacidad del pensamiento arqueológico del francés, en fin, tanta especulación y tanta petulancia, de un Vicepresidente con pose de “Varón Escarlata”, tiene más de Robespierre, de Stalin, de Franco, de Mussolini, de Hitler, no sería novedad ni escándalo, que hubiera aprendido de lejos de “Mi lucha” que del “Capital”; y estoy convencido que, ni con todos los libros de ciencias sociales que dice le fueron robados por facinerosos, sería capaz de responder a la pregunta simple que un campesino chuquisaqueño, me lanzó el otro día: ¿Cómo un comunista puede ser demócrata?

Los engendros de mula con demonio, han bifurcado el país y, ahora, me imagino una patria, que entra en la autopista de la noche más larga. Y tengo la impresión de que no llega nunca a ningún sitio, porque ellos –los masistas de García Linera– están haciendo un viaje hacia el pasado y los otros –los radicales de derechas– creen venir del futuro, de esa nueva sociedad consumista, vanidosa y hedonista, del glamour y pasarelas, de las magnificas de Pablo Manzoni, de los viajes de Gulibert a las islas Caimán y las Bahamas y otros cruceros trasatlánticos.

Con un país dividido, que “viaja al fin de la noche”, recordando a Louis- Ferdinand Céline, yo, no sé si voy o vengo, no estoy con unos ni con los otros; esa postura media rara la de Richard Rorty y su filosofía del cinismo, me permite lanzar mis dardos en todas las direcciones. Eso sí, estoy quizá, del lado de los agricultores que horadan la tierra sin descanso, de sol a sol; sí, mi abuelo era agricultor de manos encallecidas, de tierra húmeda y bueyes fornidos, domador de caballos y mujeres recias; cuando aludo a los políticos bolivianos del presente, sólo quiero mostrar mi inconformismo, de cómo han logrado maquillar la realidad a plan de mentira, engaño y prebenda, y cómo perniciosamente construyen un “fascismo social”, que va reordenando la sociedad en ghetos, por medio de un apartheid cultural e ideológico perverso.

El invierno ya está aquí. También la influenza A H1 N1. Ya se sabe de la multimillonaria estafa en la compra de Trans Redes, empresa nacionalizada; en su debido momento, don Humberto Vacaflor, experto en temas hidrocarburíferos, saldrá a explicarnos todo ese rollo de YPFB, que está ya de buen tamaño, mientras los del gobierno guardan un silencio sepulcral. Hace frío. Hace unos días, le pregunté a Chaly (Carlos) Rimassa, si H. C. F. Mansilla era el mejor pensador político boliviano, “escribe muy bien el hombre”, respondió; y ¿Fernando Mayorga?, “demasiado barroco y sistémico para mi gusto”; el Vicepresidente, García Linera, que se las da de intelectual comprometido, le dije, “creo –respondió– que García Linera escribió poco y mal; no es un pensador político, además, todo comunista y socialista confeso, al estilo cubano, no perdona ni a su santa madre, hombre”. Le pregunto por otros pensadores políticos más inmediatos. “El Señor don Rómulo”, dice, “ese exiliado voluntario en los EE.UU., el de los bigotes poderosos, que se los afila con la punta de los dedos, es el más incisivo”, asiento tal afirmación; a Cayo Salinas y Cayetano Llobet, los encontró, mi amigo, rayanos, de mal gusto, abruptos y de un prosaísmo analítico espeluznante. Ya no quiero preguntarle más a nadie, sobre toda la política en Bolivia y mucho menos, por los políticos de izquierdas o derechas, pues, las conclusiones están a flor de labios, en la Cancha, el Prado, en los cafés de la calle España, en las chicherías de la zona Sur; la mayoría coincide conmigo: “es que no hay pensamiento político, pero, sí, políticos que no piensan” y hasta ignoran de esa cualidad, específicamente, humana, por encima del resto de los seres y las cosas.

Frente a la orfandad del pensar político, atrofiado, completamente, por el lavado de cerebro practicado por venezolanos y cubanos, alentado desde Palacio Quemado, que dicho sea de paso, huele a carroña, no nos queda más que la tarea de recobrar la dignidad de la política, tan esencial para el ser humano como dormir, comer o hacer el amor.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

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