martes, 28 de agosto de 2012

EL PALACIO DE CRISTAL


EL PALACIO DE CRISTAL

No pasó mucho tiempo antes de que el presi del Estado Pluri empiece nuevamente a hablar pendejadas, dirían los colombianos. Después de llenar todo un libro, Las evonadas, con las expresiones más abruptas, inconsistentes, inconscientes, carentes de sentido, que se hayan podido registrar en la historia de castellano en Latinoamérica, otra vez se enreda en la lengua de Cervantes y lo hace con su lengua; por supuesto que la falta de identidad en su persona, de alguna forma le hace sentir incómodo en una lengua tan colonial como la Ibérica, sin embargo, para sorpresa nuestra y en contra de la Constitución, al parecer tampoco se siente a gusto ni en el aymará ni el quechua.
Santa Cruz de la Sierra, más allá de toda la frivolidad, el glamour, el derroche, la violencia y la enorme brecha entre el primer anillo y las villas, simbolizan las aspiraciones y esperanzas de toda una sociedad, embarcada en la modernización, como ninguna otra ciudad boliviana, y en todo esto sólo busca que sus ciudadanos se sientan bien en ella. Cualquier ataque sobre tópico alguno así sea un estigma como la flojera, tan ofensivamente aplicada por los altiplánicos hacia el camba o habitante del oriente, no es otra cosa que un latigazo a toda la gente de la región. Los seguidores de Evo Morales, como la ministra Dávila o el ministro Romero, han salido a la palestra para tratar de interpretar lo ininterpretable del discurso presidencial en Copacabana, lo que revela la escasa episteme de un gobierno de ideócratas, que no saben cómo embellecer al Ogro filantrópico Evo Morales, dizque además, el primer presi indígena y que no es más que la suprema encarnación de la megalomanía desorientada.
El hombre Subterráneo, de Fedor Dostoievski, en su incesante diálogo consigo mismo dice: “Al hombre le encanta crear caminos, sobre eso no hay discusión. Pero… ¿no será… que instintivamente tiene miedo de alcanzar su meta y de completar el edificio que está construyendo? Quien sabe, tal vez ese edificio sólo le guste desde cierta distancia y no le guste nada desde cerca, quizá sólo le guste construirlo, y no quiera vivir en él”. Por ahora los únicos que se sienten a sus anchas en el edificio que quieren construir los masistas, bajo la bandera de un Estado Pluri, anticolonial, antiimperialista, antineoliberal, dicen, no son los campesinos ni los más pobres, sino los ideólogos del Partido único, porque han logrado instalarse cómodamente en la historia de este país, gracias a la farsa del cambio y la utopía del despegue económico hasta el 2025. Pero, para una gran mayoría de bolivianos, los signos más evidentes de cambio son la de un Estado corrupto, prevendalista, burocratizado hasta la mugre, policial, y sienten que la brecha entre las esperanzas de una mejor condición de vida y su realización, ilustran el miedo del Hombre Subterráneo.
Para hombres y mujeres que creen en la aventura creativa de hacer una sociedad más justa y fraterna, al parecer sus sueños de un país mejor construido y donde todos puedan caber y no sólo los ideócratas del Partido, se van transformando lentamente en una pesadilla.
Los trabalenguas discursivos del Señor Presidente, sólo son la punta de un ovillo de proporciones indescriptibles. El problema es mucho más álgido de lo que parece. Un gobierno que concibe y planea un gran cambio para sus ciudadanos, y que sin embargo se torna hostil y despoja a la gente de sus prerrogativas tan básicas como hablar, reunirse, discutir, disentir, comunicar sus necesidades y expresar libremente sus ideas, es que la democracia está siendo asesinada a sangre fría. La muestra más clara de los defectos que padece un régimen así es la intolerancia. Los procesos iniciados por el gobierno y sus afines, ya suman por centenares. El último anunciado contra la Agencia de Noticias Fides (ANF), el Diario y Página Siete, no es ninguna novedad, sino la práctica inevitable de un gobierno que tiene por cabeza a un Big Brother, un Tirano Banderas, un Yo el Supremo, un Patriarca, que cree que el trabajo dizque honrado de cocaleros lo ha llevado a un Palacio de Cristal, los nazis quisieron quedarse una eternidad pero sólo duraron 12 años. Por mucho que sueñe el Stalin andino con el paraíso terrenal, tarde a más temprano su Palacio de Cristal estallará en mil pedazos.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

viernes, 13 de julio de 2012

DERRIBAR ES FÁCIL ¡PERO CONSTRUIR!


DERRIBAR ES FÁCIL ¡PERO CONSTRUIR!
Es tan evidente hoy mucho más que hace tres años atrás, cuando Evo Morales y García Linera, se subían al podio del poder político del país, que derribar (destruir, aniquilar, perseguir…) es fácil, pero, construir muy difícil. Los aprendices de revolucionario, burgueses, jacobinos, venían para destruir y parir un nuevo Estado, montados sobre el discurso indigenista y la wiphala; a pesar de su mesianismo miope, no han aprendido todavía que predicar cambios, transformaciones, revoluciones, es tan fácil como difícil fundamentarlas, porque como suele decir la gente, nunca hay que limpiarse el culo antes de defecar.
También, ese abanderado de los indígenas del mundo -como quisieron hacerlo aparecer los oportunistas- Evo Morales, como no entiende qué es el mundo, ni cómo se ejerce el poder para poder cambiar el poder, pronto cayó en las redes del facilismo burgués jacobino. Ahora, como el más conspicuo vocero de la burguesía jacobina revolucionaria emergente, no hace más que envolverse con el descolorido manto de quiénes han fetichizado el lucro (véase sino el caso YPFB y toda la ola de corrupción en la que surfea; no había sido pues sólo Santos Ramírez el único ratero de millones de dólares en la estatal boliviana, sino que ahí dentro se incuba un nido víboras), el poder, la gloria pasajera como sustrato de la política.
El proceso dentro del cual se atrinchera el masismo, además con una euforia salvaje, no es más que una pobre, endeble, fría y destilada ideología de emergencia, ante la miseria de la falta de un Estado nacional incluyente. ¿Qué ha cambiado en este proceso de quiénes a fetichizado el dinero y que defienden el mismo con uñas y dientes, palos y gases, tan propio de un tiempo de destrucción? Para miles de bolivianos y bolivianas ¡nada! A lo sumo el nombre. Seguimos enfermos. Embrutecidos por la coca-cocaína. Asfixiados por el narcotráfico y la violencia. Temerosos por la trata y tráfico de personas. Pasmados por el nivel de corrupción. Alérgicos por el contrabando. Y vemos con mucha lástima el hundimiento del primer ignorante que llegó a Presi de este país. Lástima de esa naturaleza de hombre común y humilde (quiénes no somos de derechas ni de izquierdas, observamos cómo se va arruinando poco a poco, aunque en el fondo era una buena promesa). Hubo un Evo Morales, que con lágrimas recibía el poder, un sindicalista cocalero esforzado, riguroso, ni tan sobrio ni tan sabio, que nos resultaba un poco simpático como aquél que quiere servir, seria y eficazmente, a la comunidad y a la verdad, pero dentro de sus limitaciones; pero muy pronto el poder lo embarrancó en el delirio de falsa grandeza, y pasó de la humildad a la fama, la chompa a rayas, los doctoris honoris causa (algunos en serio y otros más por marketing institucional que por mérito); los jacobinos burgueses con los que se rodeó, pueden tener la culpa de que haya sufrido esa metamorfosis. Pero, basta, su actual juego con la máscara de los pobres, los indígenas, la madre tierra, la revolución, la industrialización, nos resulta tan odiosa y ridícula como su anterior humildad nos empujaba a la simpatía.
El primer Evo Morales era indígena, marchista, bloqueador, antiimperialista, sindicalista, llamero y más. Hoy no es más que un tosco sin razón y lleno de maldad, atrapado en la redes del facilismo linerista, en la más absoluta orfandad constructiva. ¿Habrá que culparlo por esto? Derribar es fácil ¡pero construir! Una tarea titánica que va más allá de cualquier revolución. Ya hemos visto en la práctica del gobierno, que derribar y destruir había sido mucho más fácil de lo que parece. Y es que no es fácil extirpar los prejuicios tan arraigados del fanatismo con argumentos de razón o por pura voluntad, para poder construir. El jefazo como gustan llamarlo los lambiscones al Presi, es ya un gran solitario, condenado por las impresiones de su infancia, de sus padres y, sobre todo, por el influjo de su escasa percepción de la realidad. No sólo por estas cosas me he opuesto tenazmente al gobierno de Evo Morales, sino también por la forma rústica, ordinaria de enfocar la forma de gobernar.

Iván Jesús Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

jueves, 28 de junio de 2012

EDMUNDO PAZ SOLDÁN


EDMUNDO PAZ SOLDÁN

Edmundo Paz Soldán, Premio nacional de novela, mcondiano y parricida del macondismo de los sesenta, ve cómo su última novela alcanza un notable éxito de ventas y reconocimiento, bajo el título de Norte; en Bolivia ha sido editada por Nuevo Milenio en coedición con la española Mondadori. Norte es una novela sobre los apátridas del sur en el norte. Si bien se ha escrito y producido mucho sobre el tema, hasta ahora ningún escritor boliviano ha escrito nada mejor.
Con gran habilidad, Edmundo Paz Soldán, ha logrado unir en una novela tres hilos aparentemente aislados: una descripción irónica y policial sobre la vida, miedos, temores, desplazamiento fronterizo y ejecución en una cárcel norteamericana del Railroad Killer, mexicano, Jesús María José; un informe preciso, técnico, sobre la academia norteamericana y sus escarceos literarios, a través de Michelle y su tortuosa relación con un decadente profesor universitario, Fabián, atrapado entre el pseudo status académico universitario y las neurosis de las drogas; y, finalmente, una trama de acuciante interés por el arte pictórico y los recuerdos de la guerra cristera mexicana de mediados del siglo XX, retratada en las creaciones de Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, que acaba sus días de silencio en un psiquiátrico.
Según estos tres hilos conductores de la novela, para Paz Soldán, los Estados Unidos no sólo padecen el cáncer de las multinacionales –aunque en última instancia éstas terminan siendo sólo uninacionales-, sino también, el desarraigo, los traumas de la convivencia interracial, y cómo para los desplazados del mundo en busca del sueño americano éste se convierte en una pesadilla. De modo que el sueño americano se transforma en un mal de millones, consuelo de pocos norteamericanos.
Edmundo Paz Soldán, desde sus primeros cuentos y pasando por novelas como Palacio quemado, Rio fugitivo, Los muertos vivos y Norte, su prosa ha sufrido la metamorfosis de todo escritor comprometido con su oficio, hasta alcanzar una madurez propia del narrador dueño de una voz propia; en Norte la prosa de Paz Soldán, reúne la capacidad de intriga de la novela policial y la ironía escéptica de un Montaigne. A pesar de que los norteamericanos, bajo la egida de su sueño americano y de bienestar quieren todo el mundo para ellos y el resto para los demás; a pesar de que el narcotráfico, la violencia, las perversiones, la intriga política, el desarrollo desenfrenado, el hedonismo, los americanos no se merecen una novela tan buena como Norte. Es hora ya de aceptar que los buenos novelistas han empezado a prestarle más atención a los efectos perversos, nocivos de la globalización, la falta de tolerancia, la identidad, o en palabras de Paz Soldán, las máscaras de la nada que recubren la sociedad actual.
He escrito el algún lugar, siguiendo a Jurgen Moltman, que el sueño americano es prometedor para la humanidad, pero así como lo sueñan los norteamericanos no es posible para el resto del planeta. Ante un panorama tan desolador del paraíso americano, ¿qué puede importarles a las grandes cabezas del capitalismo, la condena de escritores como Paz Soldán, Gabriel García Márquez o José Saramago y en su momento Mario Benedetti, si las cabezas más sensatas del mundo viven sobre la cresta del capitalismo más salvaje?
Este escritor cochabambino, que desde hace décadas vive en los Estados Unidos y conoce de cerca la sociedad opulenta del norte y su decadencia moral, dice en esta novela, que “todos tenemos un mundo que escondemos de los demás”, por lo que, los indocumentados venidos de todas partes del mundo tras un sueño imposible, inmersos en las entrañas del monstruo capitalista, han sido capaces de poner en vilo el poder y la seguridad del imperio. ¿Qué hace entonces, que los norteamericanos sean unos imbéciles frente al otro, al diferente, al distinto? Tan sólo la impaciencia y la neurosis de creer que los desplazados son enviados por países enemigos.
La sentencia final del Railroad Killer: “El gigante debía pagar sus años de abusos en la tierra”, resume gráficamente, la visión crítica de Edmundo Paz Soldán, sobre las contradicciones en las que se debate la sociedad norteamericana.

Iván Jesús Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 19 de junio de 2012

MEMPO GIARDINELLI


MEMPO GIARDINELLI

Mempo Giardinelli, tras el regreso de su exilio político en México, apareció en el remolino literario y periodístico argentino, como una de las figuras más prominentes del llamado post boom. Ya en su primera novela, La revolución en bicicleta (1980), escribía de forma fulminante, fuera de los cánones del boom latinoamericano de los Márquez y Fuentes y de las trilladas formas del realismo urbano.
El lenguaje de Giardinelli, ha apuntado insistentemente a recuperar la memoria, como en Santo oficio de la memoria de 1983, Premio Rómulo Gallegos; pero, también ha querido desenmascarar la realidad humana. Y Luna caliente (1983), Premio nacional de novela en México, es una pequeña, corta, y sin par una novela extraordinaria, una muestra de la maestría y punzante escritura, además de clara y directa, de este argentino tan universal ya, como Borges, Cortázar o Artl.
Ramiro Bernárdez, no sólo representa el prototipo del latinoamericano, que acaba deslumbrado y hasta hechizado por París, Londres, Madrid o Roma, sino que regresa a la provincia y sucumbe muy pronto a la embestida de las pasiones humanas, a esas que separan irremediablemente a los hombres unos de otros, según Francisco Ayala. Y sin duda que Araceli Tennembaun, una adolescente, casi una niña, y cuyo temperamento se asocia a las calientes tierras del Chaco, no es sino una “luna caliente”, in extremo, que sufre de fiebre uterina, dirá Ramiro Bernárdez; si bien expresa la más pura pasión desnuda e incontrolable, al mismo tiempo, es el rostro, en medio del sofocante ambiente chaqueño de Resistencia, del orden, la coherencia, sobre todo, frente al poder militar y el machismo desenfadado de Bernárdez.
Ramiro Bernárdez, el provinciano deslumbrado por las aguas del Sena, no es capaz de poner un alto a las turbias aguas de su locura por Araceli, a pesar de su formación occidental, racional y calculadora, aunque “algo le decía que ya sabía lo que iba a pasar, su propia ansiedad le anunciaba una tragedia”; y esa tragedia súbitamente se teñirá de muerte y sangre. Luego del fallido asesinato de Araceli y la bien planeada eliminación del doctor Tennembaun, “estaba convencido de que era capaz de muchas más acciones que las que antes suponía. Un hombre en el límite es capaz de todo”, hasta de mantener una mentira a costa de la verdad anunciada.
El destino, la historia, la vida, las acciones de los seres humanos se tejen en segundos, minutos, horas o días; Joyce contó en 24 horas el cotidiano existir de Dédalus en Dublín; Eliseo Alberto, en no más de 12 horas, describió el destino trastocado de un ex veterano cubano tras su regreso de Angola, en Caracol Beach; o de una forma abrumadora, Franz Kafka, en segundos nos hace saber de la transformación de Gregorio Samsa, apenas despierta. Así, Mempo Giardinelli, en unas pocas horas, nos transporta a la metamorfosis interior de un joven abogado, estudiado en Francia y con todo un futuro prometedor, camino a convertirse en un asesino; por eso mismo es capaz de decir Bernárdez: “Así como si solo un ser te falta, todo está despoblado así una muerte producida por mis manos es todas las muertes”. La muerte produce en Bernárdez un miedo profundo y contenido, pero, al mismo tiempo se convierte en el motor para continuar su metamorfosis, ese viaje sin retorno que se inicia el momento en que mira los ojos de Araceli Tennembaun. El miedo, la muerte, el sexo hacen en Bernárdez aguas, al punto que, “sintió asco de sí mismo, un agudo remordimiento que a la vez se le mezclaba con una espantosa vanidad creciente”.
Para Giardinelli, en Luna caliente, las pulsiones de las pasiones humanas, se imponen al orden y la racionalidad de la razón humana, porque éstas arrastran a todo ser humano, hacia una serie de pérdidas (proyecto de vida) e irreversiblemente a la pérdida de sí mismo. Gracias don Mempo por esta novela ejemplar.
Apenas había terminado de leer la última página de la novela a mis estudiantes, que me miraban azorados, sorprendidos y perplejos ante la trama de Luna caliente, el timbre de mi celular me devolvió a la realidad y mucho más, al otro lado de la línea, la voz de una muchacha, casi una niña, me dejó temblando como una cuerda de guitarra recién templada.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

lunes, 21 de mayo de 2012

ESTUPIDEZ Y POLÍTICOS


ESTUPIDEZ Y POLÍTICOS

La estupidez y la práctica de los políticos de todos los tiempos ha sido una constante. Una enfermedad incurable.
Los estúpidos de hace una década atrás, se ufanaban lo mismo por el glamour, el derroche, y dizque, los baños turcos de cultura que se daban dentro de una falsa universalidad. Con el perdón del caso, pero, los cerdos eran y son más dignos de modales y urbanidad que los políticos.
Hoy, sin duda, que los estúpidos que pueblan el escenario político son muchos. Quizá mejor decir, que los estúpidos y su estupidez congénita están de moda. Y hasta ahora toda la camada de estúpidos embarcados en la falaz construcción de nuevo Estado Pluri, han acabado confundiendo la felicidad con la pedantería, la grosería, la falta de modales, la escasa urbanidad de sus actos, peor aún, el nefasto glamour que irrigan sobre las masas.
En general, todos los estúpidos de la política de hoy, que se zambullen en el lodo político del país, no son más que unos bocazas, ignorantes, analfabetos, rústicos; la cosa se pone más grave aún, cuando estos han sido elevados al rango de alcaldes, gobernadores, senadores, ministros y hasta vice y presidente. La rapaz ignorancia de estos señores, les ha impulsado a querer darnos lecciones de educación, buenos modales, cultura y urbanidad. Nada más absurdo, en comparación, los chanchos son más limpios que todos estos impúdicos personajes, a lo sumo, su urbanidad acaba en sacarse el pito y sin desparpajo mearse en plena plaza pública.
Todos estos casos sobre los estúpidos y sus estupideces, me lo ha contado, el amigo taxista que siempre acaba sacándome de apuros cuando hay bloqueos y que suman por cientos en lo que va de este gobierno.
−Este país, no sólo se jodió con los estúpidos que manejan y hacen la política, sino que ha naufragado igual que el Titánic− se lamenta mi amigo taxista.
−No sea pesimista, hombre, así acabará tarde o temprano en el mismo saco del cinismo masista− le consuelo.
La estupidez reinante en este país, no ha logrado cambiar nada. Absolutamente nada para la gran mayoría. El único cambio tan notorio es el libre comercio de cocaína, coca, marihuana e improvisación por doquier. Y de lo que se ocupan los estúpidos fashión en la política de hoy, es de llevar aretitos en la oreja, de fiestas y prestes, de adornos folclóricos, de inaugurar canchitas y hablar estupideces; por supuesto, que los estúpidos en la políticas no son solamente de hoy ni de ayer, sino de siempre. Es más. Los estúpidos se multiplican como hongos. Los estúpidos empujan al país hacia lo inevitable: pobreza, atraso, miseria e indigencia total. Los estúpidos enarbolan la ignorancia, al punto que la presentan como un nuevo tipo de racionalidad, cimentada en la petulancia, la grosería y la mentira.
Los estúpidos adoran a la pachamama y envenenan sus entrañas con litros y litros de acetona. Por todas esas cosas y muchas otras que sería interminable nombrarlas, por mucho que los estúpidos aunque de seda (lana de alpaca, vicuña, llama u oveja) se vistan, estúpidos no más, rezaría un viejo refrán.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

viernes, 20 de abril de 2012

ALVARO GARCÍA LINERA

Mi condición de ciudadano honesto y decente, me impulsa a verter algunas notas, siempre desde mi perspectiva, sobre uno de los personajes más nefastos y obscuros que ha pisado y enlodado la vida política del país en este último quinquenio; advierto que lo que a continuación diré acerca de las acciones y perversiones del segundo manda-MAS del gobierno, son sólo eso, digo yo, aproximaciones, que nunca agotaran todas las pesadillas que este personaje de lengua bífida e ideas ofuscadas esconde tras de sí, por tanto, si la ley contra el racismo, aprobada a expensas de un artículo mío, que causó tanto revuelo y echó  andar al diablo, no me impresiona en absoluto que ahora pudiera aplicarse tan amañada ley a mi forma de escribir u otras (como la censura a la prosa de mi amigo Claudio Ferrufino-Coqueugniot).
García Linera, durante estos últimos años, no sólo ha maquinado todas las argucias criminales contra personas opositoras al régimen, sino que además, es la muestra de cómo una persona malsana, es capaz de lanzar las calumnias más rastreras, más vergonzosas –como el caso Rózsa-, que terminan siendo un supremo insulto a la verdad y otras formas, como la justicia; García Linera, como todo astuto demagogo, para llevar adelante toda una maquinaria de expurgación de sus resentimientos se ha rodeado de una pandilla de verdaderos galgos del poder. Y todo lo ha hecho este personaje nefasto, que ha escrito fábulas dignas de la literatura fantástica antes que verdaderos análisis de teoría sociológica, tan sólo para saciar su sed de venganza.
Yo creo, que por los ademanes, el tono de la voz, las arengas e invectivas contra todo lo que se parezca neoliberal o desatine con el proyecto jacobino suyo, es propio de una de las mentes más turbias, más enrevesadas y obsesionadas por la intriga, que vive en el país; de la mano de Alicia en el país de la maravillas, podemos concluir que, ¿quién sino García Linera? Planeó la matanza del Porvenir en Pando, para sacar del camino a Leopoldo Fernández, y el traslado de opositores a la ciudad de la Paz en condiciones ajenas a los derechos más elementales del ser humano. Él ideó intervenir a los marchistas indígenas del TIPNIS, usando el brazo de su testaferro Sacha Llorenti; él propuso construir la carretera por el territorio indígena, con el pretexto de que no había presencia del Estado, como si éste padeciera de dislexia; a él lo describe el presidente como el ideador de que los campesinos hayan arremetido en todas partes, bajo los efectos de la revancha histórica, contra todo brote de educación y espíritu de superación, actos legitimados por una inteligencia de matemático lírico volcado sobre las ciencias sociales, que no superan la tan vilipendiada mediocridad del burgués boliviano.
No cabe duda, que García Linera con esa mezcla de fanfarria y pseuda super inteligencia, ha acabado hipnotizando a aquellos, que según él nunca tuvieron lugar en el Estado, eso que Souza Santos llama las emergencias; aunque yo creo que García Linera está, cuando habla desdeñosamente, de la separación del cuerpo y el alma, ni siquiera cerca de Platón, sino más bien de las ciencias ocultas y hasta pienso que debe charlar a menudo con los Espíritus de los cuerpos que el gobierno ha matado. Y todo eso no son más que artimañas de una fértil imaginación. García Linera ha hecho del nuevo Estado y su gobierno pluri, un nido de arañas donde se tejen intrigas, comadreos, compradreos y toda suerte de dilapidaciones para quienes osen cuestionar al régimen. El palacio de gobierno es hoy un sindicato sagrado sin sindicalistas donde se decide la suerte del país y de nuestros hijos. A él la historia y el próximo gobierno, deberán ajusticiarlo por haber fomentado y alentado a hacer usura con el patriotismo para engendrar el odio entre los bolivianos y hacer de la ignorancia de las masas un terreno fértil para la angurria de su pandilla, cuando el país necesita de la verdad y la justicia para ser un lugar más habitable.
Estoy convencido de que el señor Álvaro García Linera, ex – terrorista de alta tensión, es el diabólico artífice de defender a sable y mentiras, la inconsistente erección de una nuevo Estado a lo largo de estos 6 años de gobierno masista, por medio de descabelladas y delictivas maquinaciones, reforzadas por una abominable y feroz campaña mediática desde el canal estatal con el fin de desorientar a la opinión pública y encubrir toda una sarta incontable de errores en la conducción del gobierno.
García Linera para mí sólo es un cuerpo capaz de las más atrevidas perversiones políticas de vigilar y castigar; y un espíritu de perversión social. Proyecto o partido político que incuba estos extremos, nada más le espera temprano o un poquito tarde, la descomposición y necrosis ideológica.
Cuando voy para el final de este artículo, dicen por ahí, que el matrimonio del Señor Linera sólo es una más de sus excentricidades y, que por lo demás, hasta la operación de columna que se hizo en la Clínica los Olivos, en realidad, fue un poco más abajo de la cóxis ¿acaso, el Señor Mallku no dijo alguna vez que el Vice fue su íntimo y otras cosas más en San Pedro?

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 17 de abril de 2012

FINAL DE VIAJE

FINAL DE VIAJE

Ahora más que nunca sabemos los bolivianos, que el masismo, en la carretera de la historia, camino hacia el 2050, como ha repetido hasta la patada García Linera, creo yo, antes que nada han iniciado el viaje final hacia su propio entierro, de la mano de una ideología bastarda –socialismo del siglo XXI– tan cercana al kamasutra antes que de Maxs, Engels o Lenin.

La lucha por la justicia y la solidaridad, nada tiene que ver con los camélidos sobre los que escribe la historia de Bolivia, el masismo embotado de cholos viscerales; tengo la impresión, verdá no mas diría cualquier cambita de por ahí, que el país se está cayendo a pedazos ­–igual que la lepra- y no nos queremos dar cuenta; porque Evo Morales, el indio otrora dice él sojuzgado, hoy, no es ni más ni menos que un indio alzao; y los cocaleros y los ponchos rojos y verdes y las bartolinas y los narcos y los contrabandistas y los militares, están haciendo un viaje al pasado en ruinas de los incas, aunque en su pequeño imaginario crean venir del futuro; en el idealismo más ramplón ya han aterrizado en el reino de Pachacutec; pero, no cabe duda, de que en la praxis se mueven –unos cuantos– en una sociedad consumista galopante, que vive de la masturbación hedonista y los paraísos artificiales del desarrollo primer mundista.

Quiero confesar, tras un merecido silencio, he llegado a la conclusión, de que no quiero viajar hacia ningún pasado de ceniza ni futuro alguno inexistente, y, que tampoco estoy ni con unos ni con otros, ni con un oriente como el de Costas y compañía, inmerso en el desenfreno, el derroche, la majadería (Persi Fernández), una sociedad cruceña kaligulezca, tampoco, con el occidente altiplánico, sumido en la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la borrachera; estos dos rostros del Estado pluri, no son sino la faz de una sociedad decandente y abyecta. No. Yo estoy con los campesinos, los agricultores pequeños, los pobres entre los pobres, los desvalidos, los ultrajados, los postergados de este nuevo Estado.

Después de todo, no irán muy lejos los masistas, porque viajan hacia el pasado pensando en el futuro. Ha empezado a llover azufre sobre la carretera por la que viajan los masistas recalcitrantes. El masismo en su viaje, junto a su capataz y los arrenderos no saben si vienen o van, se mueven en la historia como ovejas descarriadas. Cuando la gran mayoría de los bolivianos hemos recurrido a la fotosíntesis humana para sobrevivir a la miseria de este país; seguro, se manifestarán los obreros, los indígenas del TIPNIS, los médicos, los choferes, los desocupados y los más, porque de la pobreza y la miseria que nos espera luego del paso del masismo ¿nos salvará el Opio de Cocteau, la cocaína que se produce por toneladas en cualquier parte del país, el Diario secreto de Ferrufino-Coqueugniot, Norte de Paz Soldán? ¿Quién rayos nos va a salvar de la hecatombe social que nos espera al final del viaje? Al final de este viaje sáfico, de la mano del masismo, no nos esperará ningún final feliz, pues, como dice Luis Tapia, el régimen está teñido de antipopulismo y antindigenismo; lo que caracteriza a este gobierno es la tiranía sindical y la ignorantocracia; mientras llega ese final, tengo yo la suerte de que todas las tardes me esperan mi mujer y mi hijo, como dos gatos con sus ojos destellantes de esperanza.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo