ESTUPIDEZ
Y POLÍTICOS
La estupidez y la
práctica de los políticos de todos los tiempos ha sido una constante. Una
enfermedad incurable.
Los estúpidos de hace
una década atrás, se ufanaban lo mismo por el glamour, el derroche, y dizque,
los baños turcos de cultura que se daban dentro de una falsa universalidad. Con
el perdón del caso, pero, los cerdos eran y son más dignos de modales y
urbanidad que los políticos.
Hoy, sin duda, que los
estúpidos que pueblan el escenario político son muchos. Quizá mejor decir, que
los estúpidos y su estupidez congénita están de moda. Y hasta ahora toda la
camada de estúpidos embarcados en la falaz construcción de nuevo Estado Pluri,
han acabado confundiendo la felicidad con la pedantería, la grosería, la falta de
modales, la escasa urbanidad de sus actos, peor aún, el nefasto glamour que
irrigan sobre las masas.
En general, todos los
estúpidos de la política de hoy, que se zambullen en el lodo político del país,
no son más que unos bocazas, ignorantes, analfabetos, rústicos; la cosa se pone
más grave aún, cuando estos han sido elevados al rango de alcaldes,
gobernadores, senadores, ministros y hasta vice y presidente. La rapaz
ignorancia de estos señores, les ha impulsado a querer darnos lecciones de
educación, buenos modales, cultura y urbanidad. Nada más absurdo, en
comparación, los chanchos son más limpios que todos estos impúdicos personajes,
a lo sumo, su urbanidad acaba en sacarse el pito y sin desparpajo mearse en
plena plaza pública.
Todos estos casos sobre
los estúpidos y sus estupideces, me lo ha contado, el amigo taxista que siempre
acaba sacándome de apuros cuando hay bloqueos y que suman por cientos en lo que
va de este gobierno.
−Este país, no sólo se
jodió con los estúpidos que manejan y hacen la política, sino que ha naufragado
igual que el Titánic− se lamenta mi amigo taxista.
−No sea pesimista,
hombre, así acabará tarde o temprano en el mismo saco del cinismo masista− le
consuelo.
La estupidez reinante
en este país, no ha logrado cambiar nada. Absolutamente nada para la gran
mayoría. El único cambio tan notorio es el libre comercio de cocaína, coca,
marihuana e improvisación por doquier. Y de lo que se ocupan los estúpidos
fashión en la política de hoy, es de llevar aretitos en la oreja, de fiestas y
prestes, de adornos folclóricos, de inaugurar canchitas y hablar estupideces; por
supuesto, que los estúpidos en la políticas no son solamente de hoy ni de ayer,
sino de siempre. Es más. Los estúpidos se multiplican como hongos. Los
estúpidos empujan al país hacia lo inevitable: pobreza, atraso, miseria e
indigencia total. Los estúpidos enarbolan la ignorancia, al punto que la
presentan como un nuevo tipo de racionalidad, cimentada en la petulancia, la
grosería y la mentira.
Los estúpidos adoran a
la pachamama y envenenan sus entrañas con litros y litros de acetona. Por todas
esas cosas y muchas otras que sería interminable nombrarlas, por mucho que los
estúpidos aunque de seda (lana de alpaca, vicuña, llama u oveja) se vistan,
estúpidos no más, rezaría un viejo refrán.
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
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