lunes, 26 de noviembre de 2012

JUAN DEL GRANADO

El jefe máximo del Movimiento Sin Miedo (MSM) -y que nada tiene que ver con la feliz expresión de Nietzsche, “Nosotros los sin miedo”-, Juan del Granado, ha hecho horas antes del Censo de población y vivienda 2012, unas in
felices declaraciones, propias de político que no piensa en absoluto antes de emitir opinión alguna. El doctor Del Granado, dijo que se definiría en el Censo como Chimán ante la pregunta de la pertenencia o no a algún pueblo originario campesino presente en la boleta censal; como si la identidad fuera algo que se cambia igual que las corbatas o los calcetines del señor Del Granado. Hasta donde sabemos los bolivianos, los indígenas del TIPNIS, no viven en condominios con ascensor, ni tienen gas domiciliario, ni luz eléctrica, mucho menos televisión por cable y peor aún empleada doméstica, que les permita con tanta facilidad cambiar una u otra identidad, por ejemplo, blancoide o descendientes de las familias más aburguesadas como la del jefe del MSM.
Del Granado, apellido tan españolísimo como Rajoy, Azkargorta, Franco o el PPE, y como todo ilustre oportunista de la hora actual, parece estar intentando un peligroso equilibrismo inevitable entre una derecha decadente, incivilizada y una izquierda con un rostro humano no tan claro; una postura no tan elegante como sus abombados ternos y bithles oscuros o los buenos modales de convertir el partido en una hacienda familiar, sino, ahí está la señora portavoz del MSM, Marcela Rebollo. Así, como van las cosas, el señor del Granado y el MSM, cada vez más se van acercando al fascismo de derechas, no otra muestra es su alianza con el gonismo retrógrado; por tanto, se aleja cada vez más de la verdadera justicia del pueblo, porque declararse identitariamente como Movima, Yuracare, Chiriguano y/o alguna de las 42 nacionalidades reconocidas por la Constitución, y sin serlo, no es sino una rampante discriminación hacia esas naciones. Le haría muy bien al señor Del Granado realizar una corta inculturación en el mundo indígena y la vida de los pobres, para ser coherente y solidario con su discurso.
Y claro, al ilustre abogado perseguidor de dictadores, no le ha salido bien el negocio de alzarse con la voz de los indígenas, porque estos, hoy como nunca antes, tienen y dicen muchas más cosas interesantes que cualquier culito blanco. Don Juan, podía haber quedado como una opción ante la ausencia total de opciones para el país, ahora, va a quedar como un falso profeta y libertador de terno, sin monóculo y sin corona; sólo le queda la fachada de haber sido un alcalde más o menos exitoso de una de las ciudades importantes de Bolivia, porque para ser revolucionario de derechas o de izquierdas, no se necesita equilibrismos de ningún tipo; pues, los ricos de los países periféricos como el nuestro, han tendido siempre dentro de la lógica equilibrista, a tener complejo de pobres, por eso se afanan en ser los más ricos y lo consiguen por medio de la política, que encubre el narcotráfico, contrabando, corrupción, tráfico de influencias y demás.
En sus infortunadas y desatinadas declaraciones de don Juan Del Granado, está claro que al MSM, no le mueve Carlos Marxs o Gramsci, ni siquiera Quiroga Santa Cruz, sino un capitalismo exacerbado y exasperado; y debiera saber don Juan que las masas hoy ya no se fían de los líderes (héroes) elegantes y títulos nobiliarios; políticos como Juan Del Granado están bien para las novelas de Scott Fitzgerald, vestidos de gran Gastby, porque el MSM y su jefe no representan por el momento nada revolucionario, al contrario es el rostro de algo involutivo, nostálgico y anticuado.
La figura de don Juan Del Granado, con sus declaraciones y otras posturas, no pasa de ser antiguo y señorial, por el apellido para empezar, y tan nostálgico como el tango Illimani. Definirse por solidaridad o pedantería algo que no se es, es igual que ser un reyezuelo con luces de salvador que se hunde en medio del mar.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

lunes, 22 de octubre de 2012

HOMERO CARVALHO OLIVA

HOMERO CARVALHO OLIVA
Me dice el artista plástico Carlos Rimassa (Chaly), que, en nuestro país tenemos poetas por todas partes, hasta puede uno encontrarlos debajo de cada piedra. Homero Carvalho Oliva, después de haber escrito El cazador de sueños, Los Reinos Dorados y su recientemente galardonado Inventario nocturno con el premio de poesía 2012, no es de esos poetas que viven y escriben bajo las piedras. Homero, además de narrador y novelista, es un gran poeta y poeta a secas. Poeta de la estirpe de Arquíloco, Homero, Virgilio, Dante, Baudelaire, Verlaine, Aleixandri, Dámaso Alonso, García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Octavio Paz, Pablo Neruda, Benedetti, Borges y/o Pedro Shimose.
Carvalho Oliva, beniano como la selva de los Reinos Dorados y/o los Reinos Dorados de la selva, ha usado siempre camisas de lino, blancas muy blancas, sombrero de sao y una gafas de montura fina igual que las hojas del motacú; y, sobre todo, un inconfundible bigote nevado, hirsuto, como los bagres del río Beni. Y ese su verso que va parodiando las edades del tiempo: “yo seré tus sueños / y habitaré tus palabras / para que juntos cantemos la historia de los Reinos Dorados”, susurra la hondura poética de Homero desde los más recóndito de la memoria guardada y donde la imagen del padre es ya inmortal.
Homero Carvalho, desde sus primero años, tuvo un pie fuera de Santa Ana de Yacuma, lejos del río y de los pájaros, residió muchos años a los pies del nevado más imponente del altiplano boliviano, La Paz. Y como todo buen viajero de la vida y la historia, experimentó los escarnios y la soledad del exilio: por un lado, la dictadura de los 80 lo empujó a la tierra de Tenochtitlan y Moctezuma; y desde la década de los 90 ­–igual que Claudio Ferrufino Coqueugniot– se exilió voluntariamente en Santa Cruz de la Sierra.
Este poeta movima, nacido “en ese mundo dorado/ donde todo era nuevo/ donde todo era asombro/ y ante todo estaba el Agua / el río / la lluvia”, es el ejemplo de beniano hecho para viajar y vivir en la literatura. Habitante de la palabra para contar, novelar y poetizar esos mundos dorados de la selva, tenía, además desde que su padre lo hiciera bautizar con el nombre del autor de la Ilíada y la Odisea, el destino puesto en la escritura; por esa razón sus versos tienen ese tono andante propio del hombre del oriente, que va dejando un reguero de imágenes del arco iris, del río, la selva, la lluvia, el viento, sus antepasados y el verde manto de la amazonia boliviana; en sus versos las imágenes llegan a la palabra escrita, sencillamente, para hablarnos del cruce de caminos por los que transita y seguirá andando este enorme poeta movima de Santa Ana de Yacuma.
Homero Carvalho como poeta es inclasificable generacionalmente, y es que se parece más aun aedo de cantar jondo, o como dice el gaucho Martín Fierro: “Mas, si me pongo a cantar, / no tengo cuando acabar, / y me evanezco cantando. / Las coplas me van brotando / como agua del manantial”. Así ha defendido con el mismo ahínco los ideales de la libertad, la justicia, al hombre y la madre naturaleza. Es una figura que se lanzó a recorrer los caminos del pantano, del fango de la selva, igual que un profeta de su tierra. Es uno de esos escritores que no ha necesitado enemigos para defender y escribir sobre la estrecha relación del hombre con la naturaleza y como no pertenece a ninguna escuela, ni generación ni estilo de corriente alguna, en el grito y canto lírico de su verso suena el salmo y un quedo de modernismo. A pesar de ello, Homero debiera ser bien catalogado en los manuales de literatura nacional, como el poeta-tipo, como el beniano-tipo, que gusta cantar las maravillas de su tierra, al sabor del achachairú, al río, a la lluvia y al agua. Homero Carvalho ha sido un exilado nato y un apasionado por la palabra lírica y que ha ido dejando tras de sí la polvareda de sus versos como el Cazador de sueños, Los Reinos Dorados e Inventario nocturno.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 28 de agosto de 2012

EL PALACIO DE CRISTAL


EL PALACIO DE CRISTAL

No pasó mucho tiempo antes de que el presi del Estado Pluri empiece nuevamente a hablar pendejadas, dirían los colombianos. Después de llenar todo un libro, Las evonadas, con las expresiones más abruptas, inconsistentes, inconscientes, carentes de sentido, que se hayan podido registrar en la historia de castellano en Latinoamérica, otra vez se enreda en la lengua de Cervantes y lo hace con su lengua; por supuesto que la falta de identidad en su persona, de alguna forma le hace sentir incómodo en una lengua tan colonial como la Ibérica, sin embargo, para sorpresa nuestra y en contra de la Constitución, al parecer tampoco se siente a gusto ni en el aymará ni el quechua.
Santa Cruz de la Sierra, más allá de toda la frivolidad, el glamour, el derroche, la violencia y la enorme brecha entre el primer anillo y las villas, simbolizan las aspiraciones y esperanzas de toda una sociedad, embarcada en la modernización, como ninguna otra ciudad boliviana, y en todo esto sólo busca que sus ciudadanos se sientan bien en ella. Cualquier ataque sobre tópico alguno así sea un estigma como la flojera, tan ofensivamente aplicada por los altiplánicos hacia el camba o habitante del oriente, no es otra cosa que un latigazo a toda la gente de la región. Los seguidores de Evo Morales, como la ministra Dávila o el ministro Romero, han salido a la palestra para tratar de interpretar lo ininterpretable del discurso presidencial en Copacabana, lo que revela la escasa episteme de un gobierno de ideócratas, que no saben cómo embellecer al Ogro filantrópico Evo Morales, dizque además, el primer presi indígena y que no es más que la suprema encarnación de la megalomanía desorientada.
El hombre Subterráneo, de Fedor Dostoievski, en su incesante diálogo consigo mismo dice: “Al hombre le encanta crear caminos, sobre eso no hay discusión. Pero… ¿no será… que instintivamente tiene miedo de alcanzar su meta y de completar el edificio que está construyendo? Quien sabe, tal vez ese edificio sólo le guste desde cierta distancia y no le guste nada desde cerca, quizá sólo le guste construirlo, y no quiera vivir en él”. Por ahora los únicos que se sienten a sus anchas en el edificio que quieren construir los masistas, bajo la bandera de un Estado Pluri, anticolonial, antiimperialista, antineoliberal, dicen, no son los campesinos ni los más pobres, sino los ideólogos del Partido único, porque han logrado instalarse cómodamente en la historia de este país, gracias a la farsa del cambio y la utopía del despegue económico hasta el 2025. Pero, para una gran mayoría de bolivianos, los signos más evidentes de cambio son la de un Estado corrupto, prevendalista, burocratizado hasta la mugre, policial, y sienten que la brecha entre las esperanzas de una mejor condición de vida y su realización, ilustran el miedo del Hombre Subterráneo.
Para hombres y mujeres que creen en la aventura creativa de hacer una sociedad más justa y fraterna, al parecer sus sueños de un país mejor construido y donde todos puedan caber y no sólo los ideócratas del Partido, se van transformando lentamente en una pesadilla.
Los trabalenguas discursivos del Señor Presidente, sólo son la punta de un ovillo de proporciones indescriptibles. El problema es mucho más álgido de lo que parece. Un gobierno que concibe y planea un gran cambio para sus ciudadanos, y que sin embargo se torna hostil y despoja a la gente de sus prerrogativas tan básicas como hablar, reunirse, discutir, disentir, comunicar sus necesidades y expresar libremente sus ideas, es que la democracia está siendo asesinada a sangre fría. La muestra más clara de los defectos que padece un régimen así es la intolerancia. Los procesos iniciados por el gobierno y sus afines, ya suman por centenares. El último anunciado contra la Agencia de Noticias Fides (ANF), el Diario y Página Siete, no es ninguna novedad, sino la práctica inevitable de un gobierno que tiene por cabeza a un Big Brother, un Tirano Banderas, un Yo el Supremo, un Patriarca, que cree que el trabajo dizque honrado de cocaleros lo ha llevado a un Palacio de Cristal, los nazis quisieron quedarse una eternidad pero sólo duraron 12 años. Por mucho que sueñe el Stalin andino con el paraíso terrenal, tarde a más temprano su Palacio de Cristal estallará en mil pedazos.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

viernes, 13 de julio de 2012

DERRIBAR ES FÁCIL ¡PERO CONSTRUIR!


DERRIBAR ES FÁCIL ¡PERO CONSTRUIR!
Es tan evidente hoy mucho más que hace tres años atrás, cuando Evo Morales y García Linera, se subían al podio del poder político del país, que derribar (destruir, aniquilar, perseguir…) es fácil, pero, construir muy difícil. Los aprendices de revolucionario, burgueses, jacobinos, venían para destruir y parir un nuevo Estado, montados sobre el discurso indigenista y la wiphala; a pesar de su mesianismo miope, no han aprendido todavía que predicar cambios, transformaciones, revoluciones, es tan fácil como difícil fundamentarlas, porque como suele decir la gente, nunca hay que limpiarse el culo antes de defecar.
También, ese abanderado de los indígenas del mundo -como quisieron hacerlo aparecer los oportunistas- Evo Morales, como no entiende qué es el mundo, ni cómo se ejerce el poder para poder cambiar el poder, pronto cayó en las redes del facilismo burgués jacobino. Ahora, como el más conspicuo vocero de la burguesía jacobina revolucionaria emergente, no hace más que envolverse con el descolorido manto de quiénes han fetichizado el lucro (véase sino el caso YPFB y toda la ola de corrupción en la que surfea; no había sido pues sólo Santos Ramírez el único ratero de millones de dólares en la estatal boliviana, sino que ahí dentro se incuba un nido víboras), el poder, la gloria pasajera como sustrato de la política.
El proceso dentro del cual se atrinchera el masismo, además con una euforia salvaje, no es más que una pobre, endeble, fría y destilada ideología de emergencia, ante la miseria de la falta de un Estado nacional incluyente. ¿Qué ha cambiado en este proceso de quiénes a fetichizado el dinero y que defienden el mismo con uñas y dientes, palos y gases, tan propio de un tiempo de destrucción? Para miles de bolivianos y bolivianas ¡nada! A lo sumo el nombre. Seguimos enfermos. Embrutecidos por la coca-cocaína. Asfixiados por el narcotráfico y la violencia. Temerosos por la trata y tráfico de personas. Pasmados por el nivel de corrupción. Alérgicos por el contrabando. Y vemos con mucha lástima el hundimiento del primer ignorante que llegó a Presi de este país. Lástima de esa naturaleza de hombre común y humilde (quiénes no somos de derechas ni de izquierdas, observamos cómo se va arruinando poco a poco, aunque en el fondo era una buena promesa). Hubo un Evo Morales, que con lágrimas recibía el poder, un sindicalista cocalero esforzado, riguroso, ni tan sobrio ni tan sabio, que nos resultaba un poco simpático como aquél que quiere servir, seria y eficazmente, a la comunidad y a la verdad, pero dentro de sus limitaciones; pero muy pronto el poder lo embarrancó en el delirio de falsa grandeza, y pasó de la humildad a la fama, la chompa a rayas, los doctoris honoris causa (algunos en serio y otros más por marketing institucional que por mérito); los jacobinos burgueses con los que se rodeó, pueden tener la culpa de que haya sufrido esa metamorfosis. Pero, basta, su actual juego con la máscara de los pobres, los indígenas, la madre tierra, la revolución, la industrialización, nos resulta tan odiosa y ridícula como su anterior humildad nos empujaba a la simpatía.
El primer Evo Morales era indígena, marchista, bloqueador, antiimperialista, sindicalista, llamero y más. Hoy no es más que un tosco sin razón y lleno de maldad, atrapado en la redes del facilismo linerista, en la más absoluta orfandad constructiva. ¿Habrá que culparlo por esto? Derribar es fácil ¡pero construir! Una tarea titánica que va más allá de cualquier revolución. Ya hemos visto en la práctica del gobierno, que derribar y destruir había sido mucho más fácil de lo que parece. Y es que no es fácil extirpar los prejuicios tan arraigados del fanatismo con argumentos de razón o por pura voluntad, para poder construir. El jefazo como gustan llamarlo los lambiscones al Presi, es ya un gran solitario, condenado por las impresiones de su infancia, de sus padres y, sobre todo, por el influjo de su escasa percepción de la realidad. No sólo por estas cosas me he opuesto tenazmente al gobierno de Evo Morales, sino también por la forma rústica, ordinaria de enfocar la forma de gobernar.

Iván Jesús Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

jueves, 28 de junio de 2012

EDMUNDO PAZ SOLDÁN


EDMUNDO PAZ SOLDÁN

Edmundo Paz Soldán, Premio nacional de novela, mcondiano y parricida del macondismo de los sesenta, ve cómo su última novela alcanza un notable éxito de ventas y reconocimiento, bajo el título de Norte; en Bolivia ha sido editada por Nuevo Milenio en coedición con la española Mondadori. Norte es una novela sobre los apátridas del sur en el norte. Si bien se ha escrito y producido mucho sobre el tema, hasta ahora ningún escritor boliviano ha escrito nada mejor.
Con gran habilidad, Edmundo Paz Soldán, ha logrado unir en una novela tres hilos aparentemente aislados: una descripción irónica y policial sobre la vida, miedos, temores, desplazamiento fronterizo y ejecución en una cárcel norteamericana del Railroad Killer, mexicano, Jesús María José; un informe preciso, técnico, sobre la academia norteamericana y sus escarceos literarios, a través de Michelle y su tortuosa relación con un decadente profesor universitario, Fabián, atrapado entre el pseudo status académico universitario y las neurosis de las drogas; y, finalmente, una trama de acuciante interés por el arte pictórico y los recuerdos de la guerra cristera mexicana de mediados del siglo XX, retratada en las creaciones de Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, que acaba sus días de silencio en un psiquiátrico.
Según estos tres hilos conductores de la novela, para Paz Soldán, los Estados Unidos no sólo padecen el cáncer de las multinacionales –aunque en última instancia éstas terminan siendo sólo uninacionales-, sino también, el desarraigo, los traumas de la convivencia interracial, y cómo para los desplazados del mundo en busca del sueño americano éste se convierte en una pesadilla. De modo que el sueño americano se transforma en un mal de millones, consuelo de pocos norteamericanos.
Edmundo Paz Soldán, desde sus primeros cuentos y pasando por novelas como Palacio quemado, Rio fugitivo, Los muertos vivos y Norte, su prosa ha sufrido la metamorfosis de todo escritor comprometido con su oficio, hasta alcanzar una madurez propia del narrador dueño de una voz propia; en Norte la prosa de Paz Soldán, reúne la capacidad de intriga de la novela policial y la ironía escéptica de un Montaigne. A pesar de que los norteamericanos, bajo la egida de su sueño americano y de bienestar quieren todo el mundo para ellos y el resto para los demás; a pesar de que el narcotráfico, la violencia, las perversiones, la intriga política, el desarrollo desenfrenado, el hedonismo, los americanos no se merecen una novela tan buena como Norte. Es hora ya de aceptar que los buenos novelistas han empezado a prestarle más atención a los efectos perversos, nocivos de la globalización, la falta de tolerancia, la identidad, o en palabras de Paz Soldán, las máscaras de la nada que recubren la sociedad actual.
He escrito el algún lugar, siguiendo a Jurgen Moltman, que el sueño americano es prometedor para la humanidad, pero así como lo sueñan los norteamericanos no es posible para el resto del planeta. Ante un panorama tan desolador del paraíso americano, ¿qué puede importarles a las grandes cabezas del capitalismo, la condena de escritores como Paz Soldán, Gabriel García Márquez o José Saramago y en su momento Mario Benedetti, si las cabezas más sensatas del mundo viven sobre la cresta del capitalismo más salvaje?
Este escritor cochabambino, que desde hace décadas vive en los Estados Unidos y conoce de cerca la sociedad opulenta del norte y su decadencia moral, dice en esta novela, que “todos tenemos un mundo que escondemos de los demás”, por lo que, los indocumentados venidos de todas partes del mundo tras un sueño imposible, inmersos en las entrañas del monstruo capitalista, han sido capaces de poner en vilo el poder y la seguridad del imperio. ¿Qué hace entonces, que los norteamericanos sean unos imbéciles frente al otro, al diferente, al distinto? Tan sólo la impaciencia y la neurosis de creer que los desplazados son enviados por países enemigos.
La sentencia final del Railroad Killer: “El gigante debía pagar sus años de abusos en la tierra”, resume gráficamente, la visión crítica de Edmundo Paz Soldán, sobre las contradicciones en las que se debate la sociedad norteamericana.

Iván Jesús Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 19 de junio de 2012

MEMPO GIARDINELLI


MEMPO GIARDINELLI

Mempo Giardinelli, tras el regreso de su exilio político en México, apareció en el remolino literario y periodístico argentino, como una de las figuras más prominentes del llamado post boom. Ya en su primera novela, La revolución en bicicleta (1980), escribía de forma fulminante, fuera de los cánones del boom latinoamericano de los Márquez y Fuentes y de las trilladas formas del realismo urbano.
El lenguaje de Giardinelli, ha apuntado insistentemente a recuperar la memoria, como en Santo oficio de la memoria de 1983, Premio Rómulo Gallegos; pero, también ha querido desenmascarar la realidad humana. Y Luna caliente (1983), Premio nacional de novela en México, es una pequeña, corta, y sin par una novela extraordinaria, una muestra de la maestría y punzante escritura, además de clara y directa, de este argentino tan universal ya, como Borges, Cortázar o Artl.
Ramiro Bernárdez, no sólo representa el prototipo del latinoamericano, que acaba deslumbrado y hasta hechizado por París, Londres, Madrid o Roma, sino que regresa a la provincia y sucumbe muy pronto a la embestida de las pasiones humanas, a esas que separan irremediablemente a los hombres unos de otros, según Francisco Ayala. Y sin duda que Araceli Tennembaun, una adolescente, casi una niña, y cuyo temperamento se asocia a las calientes tierras del Chaco, no es sino una “luna caliente”, in extremo, que sufre de fiebre uterina, dirá Ramiro Bernárdez; si bien expresa la más pura pasión desnuda e incontrolable, al mismo tiempo, es el rostro, en medio del sofocante ambiente chaqueño de Resistencia, del orden, la coherencia, sobre todo, frente al poder militar y el machismo desenfadado de Bernárdez.
Ramiro Bernárdez, el provinciano deslumbrado por las aguas del Sena, no es capaz de poner un alto a las turbias aguas de su locura por Araceli, a pesar de su formación occidental, racional y calculadora, aunque “algo le decía que ya sabía lo que iba a pasar, su propia ansiedad le anunciaba una tragedia”; y esa tragedia súbitamente se teñirá de muerte y sangre. Luego del fallido asesinato de Araceli y la bien planeada eliminación del doctor Tennembaun, “estaba convencido de que era capaz de muchas más acciones que las que antes suponía. Un hombre en el límite es capaz de todo”, hasta de mantener una mentira a costa de la verdad anunciada.
El destino, la historia, la vida, las acciones de los seres humanos se tejen en segundos, minutos, horas o días; Joyce contó en 24 horas el cotidiano existir de Dédalus en Dublín; Eliseo Alberto, en no más de 12 horas, describió el destino trastocado de un ex veterano cubano tras su regreso de Angola, en Caracol Beach; o de una forma abrumadora, Franz Kafka, en segundos nos hace saber de la transformación de Gregorio Samsa, apenas despierta. Así, Mempo Giardinelli, en unas pocas horas, nos transporta a la metamorfosis interior de un joven abogado, estudiado en Francia y con todo un futuro prometedor, camino a convertirse en un asesino; por eso mismo es capaz de decir Bernárdez: “Así como si solo un ser te falta, todo está despoblado así una muerte producida por mis manos es todas las muertes”. La muerte produce en Bernárdez un miedo profundo y contenido, pero, al mismo tiempo se convierte en el motor para continuar su metamorfosis, ese viaje sin retorno que se inicia el momento en que mira los ojos de Araceli Tennembaun. El miedo, la muerte, el sexo hacen en Bernárdez aguas, al punto que, “sintió asco de sí mismo, un agudo remordimiento que a la vez se le mezclaba con una espantosa vanidad creciente”.
Para Giardinelli, en Luna caliente, las pulsiones de las pasiones humanas, se imponen al orden y la racionalidad de la razón humana, porque éstas arrastran a todo ser humano, hacia una serie de pérdidas (proyecto de vida) e irreversiblemente a la pérdida de sí mismo. Gracias don Mempo por esta novela ejemplar.
Apenas había terminado de leer la última página de la novela a mis estudiantes, que me miraban azorados, sorprendidos y perplejos ante la trama de Luna caliente, el timbre de mi celular me devolvió a la realidad y mucho más, al otro lado de la línea, la voz de una muchacha, casi una niña, me dejó temblando como una cuerda de guitarra recién templada.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

lunes, 21 de mayo de 2012

ESTUPIDEZ Y POLÍTICOS


ESTUPIDEZ Y POLÍTICOS

La estupidez y la práctica de los políticos de todos los tiempos ha sido una constante. Una enfermedad incurable.
Los estúpidos de hace una década atrás, se ufanaban lo mismo por el glamour, el derroche, y dizque, los baños turcos de cultura que se daban dentro de una falsa universalidad. Con el perdón del caso, pero, los cerdos eran y son más dignos de modales y urbanidad que los políticos.
Hoy, sin duda, que los estúpidos que pueblan el escenario político son muchos. Quizá mejor decir, que los estúpidos y su estupidez congénita están de moda. Y hasta ahora toda la camada de estúpidos embarcados en la falaz construcción de nuevo Estado Pluri, han acabado confundiendo la felicidad con la pedantería, la grosería, la falta de modales, la escasa urbanidad de sus actos, peor aún, el nefasto glamour que irrigan sobre las masas.
En general, todos los estúpidos de la política de hoy, que se zambullen en el lodo político del país, no son más que unos bocazas, ignorantes, analfabetos, rústicos; la cosa se pone más grave aún, cuando estos han sido elevados al rango de alcaldes, gobernadores, senadores, ministros y hasta vice y presidente. La rapaz ignorancia de estos señores, les ha impulsado a querer darnos lecciones de educación, buenos modales, cultura y urbanidad. Nada más absurdo, en comparación, los chanchos son más limpios que todos estos impúdicos personajes, a lo sumo, su urbanidad acaba en sacarse el pito y sin desparpajo mearse en plena plaza pública.
Todos estos casos sobre los estúpidos y sus estupideces, me lo ha contado, el amigo taxista que siempre acaba sacándome de apuros cuando hay bloqueos y que suman por cientos en lo que va de este gobierno.
−Este país, no sólo se jodió con los estúpidos que manejan y hacen la política, sino que ha naufragado igual que el Titánic− se lamenta mi amigo taxista.
−No sea pesimista, hombre, así acabará tarde o temprano en el mismo saco del cinismo masista− le consuelo.
La estupidez reinante en este país, no ha logrado cambiar nada. Absolutamente nada para la gran mayoría. El único cambio tan notorio es el libre comercio de cocaína, coca, marihuana e improvisación por doquier. Y de lo que se ocupan los estúpidos fashión en la política de hoy, es de llevar aretitos en la oreja, de fiestas y prestes, de adornos folclóricos, de inaugurar canchitas y hablar estupideces; por supuesto, que los estúpidos en la políticas no son solamente de hoy ni de ayer, sino de siempre. Es más. Los estúpidos se multiplican como hongos. Los estúpidos empujan al país hacia lo inevitable: pobreza, atraso, miseria e indigencia total. Los estúpidos enarbolan la ignorancia, al punto que la presentan como un nuevo tipo de racionalidad, cimentada en la petulancia, la grosería y la mentira.
Los estúpidos adoran a la pachamama y envenenan sus entrañas con litros y litros de acetona. Por todas esas cosas y muchas otras que sería interminable nombrarlas, por mucho que los estúpidos aunque de seda (lana de alpaca, vicuña, llama u oveja) se vistan, estúpidos no más, rezaría un viejo refrán.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo