jueves, 3 de septiembre de 2009

DEMOCRACIA DE PALABRAS Y GESTOS

DEMOCRACIA DE PALABRAS Y GESTOS

¿Por qué habla Evo Morales en (desde) el Palacio de gobierno? Porque es el Presidente de los bolivianos, me dirán, rápidamente, muchos. Yo quiero decir que ese no es su sitio. Cada estadista, cada orador, cada político, consta de él y su circunstancia, como diría cualquiera que haya leído a Ortega y Gasset. Yo creo que el presi no tiene una pizca de filosofía, ni una comprensión mínima (ya nadie la tiene, por otro lado) de la política, peor una ideología o una cosa. Lo que tiene es una masa de adeptos inconscientes, un rebaño, un montón. Y cuando sale por la tele es para atacar a alguien o alguna institución, de manera abrupta, buscando ganarse al país con clichés incendiarios. Donde tiene que hablar Morales es en una chichería o en alguna quinta, hasta en el Melgarejo, de la calle Ingavi, hace unos años, de cuando era dirigente lo vi comer patos al horno. Ahí sería el Presidente, más auténtico, más él y su circunstancia. Algunos personajes de Palacio de Gobierno, también, según su circunstancia, debieran de hablar donde les corresponde. Sacha Llorenti, donde hablaba bien era en la Asamblea Permanente de los derechos humanos. David Choquehuanca, en los solsticios y wilanchas. Walter San Miguel, era un orador de bufete, sobre todo para los negocios del banzerismo. Juan Ramón Quintana, en algún seminario o curso de la Escuela de las Américas en Panamá. García Linera, donde habla bien es (era) en la tevé y en el lago Titicaca, y que hasta los peces y sapos salen a escucharle con cara de académicos.

He venido observando a este presidente y sus cuarenta secuaces desde que asumió el poder hace tres años; a mí me parece que, empezando por Evo Morales, todos los personajes de esta “democracia de costumbres y gestos”, debieran estar donde mejor hablaban, en su barra de “table dance”, en el compadrerío de barrio, de los bares y cantinas, chicherías y quintas, en los comedores populares de la cancha o los boliches apestosos de la zona sur. Pero, al fin y al cabo, la misión histórica que tenía el Presidente, era persuadir a los ricos del oriente y del occidente, para que abandonaran su ya esclerótica visión de Estado y se encarrilaran en la construcción de un país para todos, nada; al contrario, ajenos a su circunstancia, Evo Morales y el masismo, van cayendo en la tentación –igual que muchos caudillos y dictadorcillos en la América Latina del siglo XX: Pinochet, Fidel Castro, Hugo Banzer Suárez, Somoza, Hugo Chávez…– de quedarse, de persistir, de durar; Evo Morales está cayendo en la orgía perpetua del poder, y encima para mal, sus huestes le sacralizan mediante el mito y el rito de las proclamas de plazueleta y las Cámaras del parlamento, como si los bolivianos quisiéramos tener presidente indígena (indi-gerible) para siempre.

Me parece, además, que este es “el Presidente de los gestos”. Estamos en eso desde hace tiempo. Nada más y nada menos que en el gesto. “Y que el gobierno se reduce al MAS y el MAS se reduce a Evo Morales y, Evo Morales se reduce a un repertorio de gestos”, muchos de ellos chistosos, contradictorios, incongruentes, como el índice levantado cuando habla del imperialismo del Norte, por medio de un neoimperialismo popular. Desde que Evo Morales llegó a Palacio Quemado, hemos vivido de sus gestos: esa manera de entonar el himno nacional con el puño izquierdo levantado y apretado, casi al estilo hitleriano; o la chompita a rayas de la gira por Europa, las chaquetas confeccionadas con lana de alpaca y decoraciones incaicas y, sobre todo, ese gesto constreñido por hablar un castellano forzado, insolentemente. Los gestos del Presidente, la democracia de los gestos, es sólo para decir al país que este proceso de cambio y la revolución para nada del MAS, va a funcionar queramos o no. Todo indica (la pobreza, los bonos, el clientelismo, el compadrerio, la corrupción) que no va a funcionar, pero, de momento, yo creo, que para su campaña electoral de diciembre de este año, debiera de preocuparse de buscar un gesto para 50 años, porque eso de la retórica “Evo cumple”, está desgasta y manida por el mismo accionar, mediocre del masismo en la conducción del Estado.

Cuentan una anécdota por ahí, de que un día en Madrid, en el café Gijón, Ortega y Gasset, le dijo a José Camilo Cela: “Joven, ¿no prefiere usted que le conozcan por su nombre a que le conozcan por la cara?” Evo Morales y su entorno se han esforzado porque se les conozca por el nombre y por la cara, más nada por las obras y la buena administración del Estado, o la creación de una verdadera política económica. Les sucederá lo mismo que a ese personaje de Sthendal, de “El rojo y el negro”, Julian Sorel, estando a dos pasos de la muerte, pensó: “no he dejado de ser un hipócrita”. A tres meses de las elecciones y la probabilidad, segura, de montar un fraude electoral, cibernético, monumental, o daría lo mismo a horas, del día que caigan del poder, los masistas de la democracia de palabras y gestos, no dejarán de ser eso: hipócritas.


Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

LA REVOLUCIÓN PARA NADA

LA REVOLUCIÓN PARA NADA

Un autor que caló profundamente en el catolicismo de ultraderecha, Tomás de Kempis, y al que mi abuela solía repetirlo a menudo, con el rosario en la mano, sobre todo, por eso de que el mundo era un teatro en el que cada cual debía de actuar de la mejor manera posible, por cierto no era tan malo a pesar de sus limitaciones; la frase de Kempis, “cada vez que estuve entre los hombres, volví menos hombre”, digo, para un homosexual, no sólo sería de su agrado, sino que, clínicamente, le absolvería de muchos tropiezos; sirva de excusa o no, dicha frase, hoy, más allá del platonismo de Kempis, nos sume en una honda preocupación: parece que, cada vez que uno siente la verborrea de la retórica masista, uno se siente menos boliviano, porque de esa cantaleta antiimperialista neoimperial, no ha desaparecido, esa obsesión que tanto se criticó a los gobiernos neoliberales, la apetencia por el cargo público –es una de las opciones, junto al tráfico de cocaína, más rápidas de hacerse de poder y salir de la pobreza–, el enganche, el homenaje –la celebración del 6 de agosto en Sucre, no fue sino un homenaje al indigenismo de Evo Morales y la ideologización in extremo por García Linera–, la coima, el compadrazgo, el amiguete; de ahí que, toda la vida y la política nacionales giren en torno a un retrosocialismo del verticalismo sindical, y una cada vez más invisible oposición de oriente y occidente.

Ya sabíamos y lo sabían los masistas, aprobada o no aprobada la Nueva Constitución, sea a través de un largo y/o turbo proceso, no era (es) la solución a los problemas estructurales del Estado en nuestro país; la impresión que tengo, después de su turbo aprobación en Oruro y luego el parlamento, es que se ha terminado haciendo de la Carta Magna una feria costumbrista, antes que una verdadera Constitución plurinacional; es una Constitución casera, sindical y excluyente; en esa dirección, la democracia, la libertad, la política, la nación, terminan siendo un puchero, un péctu, en suma, elementos decorativos de una fiesta costumbrista, y ya. Con la Constitución no se desayuna ni se almuerza, pues, aquí en Bolivia, lo que más comemos los pobres es el pan –a bien digo yo, porque crecí comiendo pan y leyendo libros, eso sí, aunque mi abuelo murió a los 98 años y las arrugas le dejaron como higo seco, hasta el último momento de su vida creyó que la tierra era plana; aquí la sabiduría de las arrugas, pasa por ser una choquehuancada ya célebre del Canciller del Estado Plurinacional–, pero, mucho más allá de la Constitución y el masismo, lo que los pobres queremos es, trabajo, libertad y pan, mucho pan, que me parece no es pedir mucho, quizá sólo sean las condiciones mínimas de toda propuesta o Plan de gobierno para los próximos 30 o 50 años; pan, Patria, Justicia, Libertad son necesarias para construir un Estado de las reales diferencias en la unidad; si lo más elemental para los pobres es el pan y el trabajo, los ricos y los nuevos oligarcas, se comen la patria, el poder y la libertad, también, creo que el plato suculento del momento, es el tema de lo plurinacional (patriotismo, suele decir García Linera).

Lo que iba a ser una revolución para cambiar la vida, transformar el mundo y glorificar la lengua, se ha ido quedando lentamente, quedamente, en un reformismo pequeño-burgués, todavía no resignado ni mucho menos desgastado; ahora bien, el cementerio de las revoluciones o donde van a morir los elefantes revolucionarios no es con una contrarrevolución, sino la mediocridad de sus gestores, qué más mediocridad que Choquehuanca, Celima Torrico, Alfredo Rada o Juan Ramón Quintana; es decir, la oportunidad histórica de salvar al país y salvarse así mismos, los masistas la han echado a perder, claro, qué saben los chanchos de margaritas ni los loros de pan mojado en leche. Astutamente lo que se quiere dejar en el país, es solamente una dorada mediocridad, bajo el nombre de revolución cultural y educativa; sabemos que con un pretendido discurso sobre el liderazgo regional y mundial de la dorada figura de Evo Morales, se quiere vender al mundo la imagen de un país de revoluciones, aunque, inevitablemente, Bolivia aparecerá como la que hizo su revolución cultural y educativa para nada, o sencillamente, la reforma pequeño-burgués de una clase dirigencial dorada, pero para nada.

La revolución para nada del MAS, no sólo acabó por echar abajo toda una arquitectura institucional del Estado sino que puso en su lugar una arqueología del pasado, y con eso rasgó nuestra fe en la vida misma, en la continuidad de algo que nos hiciera ser bolivianos, el tradicionalismo de una cultura e identidad construida, no ideologizada, porque ellos sólo conocen la tradición de la cultura del empoderamiento absolutista, vertical, genocida, qué gran mentira el pasatismo y el cinismo del dinero, que corroe las entrañas del masismo y las aguas sucias de su baño retrosocialista; es necesaria una revolución, un proceso de cambio, pero, para devolverle a la gente la dignidad y la fe en la vida misma, el pan y muchos libros.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

YO, CANDIDATO

YO, CANDIDATO

Todo estaba medio tranquilo en mi vida, paisano, como siempre, metido en mis clases de literatura, mis artículos políticos en este periódico, las últimas visitas al médico, de rutina por supuesto, algunos problemas en el barrio, por ejemplo, una chichería infesta que acoge a toda clase de malandrines, esta rodilla mía un poco inflamada, cuando en esto que me llaman unos amigos, muy serios ellos, además, de librepensadores independientes, buenos tipos, una especie por encima de la clase política, tanto en lo ético como en lo profesional, y me dicen: “Que estamos preparando una candidatura, ya que están de moda los presidenciables. Y como independientes, un centro equilibrado, entre la extrema derecha y la izquierda, es decir, ni oligarcas ni terroristas, hemos pensado, te presentes candidato”. Antes de colgar el móvil, no puedo más que agradecer a mis amigos, por haber pensado en mí, ya es mucho para un gesto de amistad o tal vez de desesperación, como muchos bolivianos, frente a la ausencia de líderes políticos, con un poco de sesos y sensibilidad humana.

Joder, yo candidato. Sí, ahora se ha puesto de moda ser candidato, y una especie de demencia política empieza tentar a mil y (gil) para ser presidente. Si don Evo Morales llegó a ser Presidente, candidato, diputado, sindicalista, cocalero, platillero, llamero, es que, digo, paisa, para qué ser candidato, a nada, si cualquiera opta por ser político, para qué descender a ese submundo de parias de la política; si yo fuera candidato, debiera de haber sido, heladero, panadero, mozo, zafrero, cafizo, voceador, juez de agua, trapecista, clarividente, callahuaya… no señor, estoy no más bien así. El travestismo político de la derecha y la izquierda, se ha convertido en condición “sine qua non”, para ser candidato, no pasianos; eso de ser candidato, nada, no me veo candidato a nada, y es que la política en Bolivia, a más de ser subdesarrollada, en ella sólo hay espacio para una bola de ineptos y carentes de oposición(méritos); no hace mucho, escuché decir, con una parsimonia novelesca, a don José Luis Paredes (Papelucho), que se consideraba un (el mejor) servidor público nato, yo digo, todavía en nuestro país no existe una cultura del servicio desinteresado, en función del bien común, que se sustente en la gratuidad y la entrega por los demás, al punto de dar la vida por los amigos; el día que surja un servidor público de esa catadura, no cobrará un peso por su aporte a la comunidad, pues, mientras tanto, “el servidor público de nuestro tiempo (Presidente, Canciller, ministro, senador, diputado, dirigente y todos sus derivados) estará sujeto a las necesidades de la billetera y sus bajos instintos”.

Ser candidato es oficializarse o hacer que lo oficialicen otros; si nunca tuve un carnet o aval ni del MNR, MIR, ADN, CONDEPA, UCS, PS-1, PCB, PODEMOS, MAS y/o cualquier tienda política que haya existido, por qué ahora habría yo de renunciar, a aquello que quise desde el día que pise la universidad, un académico como el P. Miguel Manzanera o el maestro Juan Araoz, un novelista, un pensador, profesor, pero nunca candidato; en el Estado Plurinacional de hoy, ser candidato ya no es un mérito ni mucho menos, es sí, en cambio, el lugar indicado para los vividores, sátrapas, corruptos, antipatriotas, terroristas, travestis, facinerosos, ostras, mezquinos, megalómanos… en pocas palabras, para los prescindibles y toda laya de bazofia politiquera; Dios quiera que a las nuevas generaciones, ni siquiera se les pase por la cabeza querer ser como un Víctor Paz Estensoro, Goni Sánchez de Lozada, Jaime Paz Zamora, Evo Morales, García Linera, y me vienen ahora estos amigos míos, a querer hacerme como esos personajes.

¿Yo candidato, yo espejo cívico, yo escultura ética, alegoría ciudadana, arquetipo, patriota, padre o cosa? Yo, no. Que otros se aventuren y enloden en ese río de bosta política. Mejor que ser candidato, mucho más digno, es pasarse uno la vida, pregonando sus vicios, haciendo literatura, hablando de los pecados y las perversiones que llevamos dentro y sacándoles el cuero a los personajes abyectos de la política. El poder que da un carnet o un aval oficializándose, no es nada comparado con el poder de la palabra y la inteligencia sentiente, eso lo saben muy bien los novelistas y escritores y poetas, pues, el carnet o el aval, pasa.

“Estoy para siempre con esos librepensadores independientes, anti Evo Morales, anti García Linera, anti oligarcas, anti izquierdistas, anti comunistas, anti indigenistas y anti militarismo. Eso sí, desde la calle, porque la calle sí que es de nosotros y no de masitas o cualquier facción radical, ni de ningún pendejo que se pasa la vida de candidato a todo”.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

viernes, 7 de agosto de 2009

LA IZQUIERDA ETERNA

LA IZQUIERDA ETERNA

A mi hermano Elvis J. Castro Aruzamen.
Sociólogo, de quien tanto aprendo.

Yo creo que en Bolivia en este momento, hay una gran izquierda, que no está en el gobierno y hay una izquierda pequeña y hay una izquierda unida y una izquierda desunida. Pero, yo prefiero hablar de una izquierda que quiere eternizarse, como sucedió en la China comunista de Mao Te Sung o la Cuba socialista de los Castro y la Venezuela del chavismo rojo, aunque, digo, pasa (só) lo mismo con la derecha. De ahí que a ambos extremos los lleve muy metidos en el epigastrio.

Esa izquierda festiva que quiere eternizarse, pero, que en muchas de sus aptitudes y maniobras, más parece ser de centro derecha, ha descubierto, más que un acierto un maquiavelismo, en el indígena o lo indígena, con todo su folcklorismo, una especie de energía solar, energía nuclear, riqueza cultural, explotable y nacionalizable, sobre todo, de cara a un electorado domesticado por el clientelismo. La izquierda, con sus sueños de eternidad, nos dice cada día, que el pasado era glorioso, sembrado de mártires y caudillos, nos cuenta la historia de que los pobres del imperio incaico (cojos, mancos, tullidos, mal formes, enfermos, prostitutas) eran felices y vivían en un reino dorado y que iban directamente a morar junto al dios sol. Mentira. Todo no es más que una demagógica mentira. No es verdad que lo pobres de ayer (y de hoy) sean felices. La izquierda en Bolivia, jamás dejó de situar sus utopías en el pasado, y la derecha utópica, también construyó su paraíso en el futuro, que nunca llegó.

“Seguiremos presididos algunos años más por una izquierda festiva, Juan Ramón”, le digo a mi gato, animal artero y mañoso, que me mira con los ojos centelleantes, mientras sorbe su patillo de leche. Claro, le sigo diciendo, a este gato ponzoñoso, de nombre Juan Ramón, “lo que don Evo Morales ignora, es que esa izquierda que quiere aternizarse era y es anterior y posterior a él”. Pero, por lo menos, me tranquiliza saber, que la izquierda que le ha embaucado al Presidente Morales, no es la rural y mujeriega, que es la que va conmigo, sino una izquierda urbana y onegesista, de señoritos y jocosa ¿Por qué esa izquierda es retrógrada? Porque su visión de la historia es arcaica, y, porque además, cree que la libertad sólo puede caber en un partido –antes era el partido comunista y el PS-1–, hoy es el MAS, y que la Justicia cabe en una sola mano (la del Tata Evo). Otro error de los visionarios de izquierda del gobierno, que en su momento el país juzgará, es sostener su fuerza política, en el mito de que La Paz, esa ciudad regada de publicanos y zelotas, ganado de los poderes, trinchera de incendiarios, aparezca como la capital y encuentro de múltiples revoluciones, de todas las libertades, cuando no es más que una geografía imposible arrugada por el frío. Y qué del resto del país.

Los pobres continuarán con el cielo nublado, mientras la izquierda que quiere eternizarse, no abandone sus pretensiones; digo, el único milagro para que los pobres despejen los nubarrones de su futuro, es entrándole a la plantación de la hoja de coca; según el gobierno, el mercado de los masticadores del ancestral arbusto, los acullicadores, se ha ensanchado vertiginosamente, aunque, yo no he visto gente del campo o cocaleros, mucho menos a sus hijos, que paseen con los belfos verdeando; tampoco se ha visto últimamente niños y mujeres, que gracias a los poderes alimenticios y nutritivos, que algunos le atribuyen a la hoja verde, hayan vencido la desnutrición y la repentina caída de los dientes; lo que sí parece claro es que la milenaria hoja, desde la década de los ochenta, ha servido para engordar las arcas de las mafias de la cocaína, establecidas en el trópico.

La democracia comunitaria, propuesta por la izquierda del gobierno, a mi me parece, que no es más que la democracia de los antojos de sindicalistas e incendiarios, que tienen olvidados a los pobres; una democracia de una izquierda que sólo quiere eternizarse en el poder, yo creo, que necesita de blasfemos, y no ya contra Dios, que eso lo han venido haciendo los últimos tres años de gobierno. Contra lo que hay que blasfemar aquí es contra la consigna, el panfleto, el mito del buen indígena, el rito de levantar el puño y la palma de la mano en el pecho, la grúa ideológica y el cepo evista, pues, toda blasfemia cívica es buena; blasfemar correctamente contra aquellos (aquello) que no admiten blasfemias (críticas) es el fruto de la libertad y la intención de construir un país sin mentiras.

Mi gato, Juan Ramón, ha terminado su leche y se relame los bigotes. Felino rastrero y mafioso, “la izquierda quiere eternizarse”, le digo. Mientras término este artículo, Evo Morales, siguiendo la lógica de la eternización en el poder, ha propuesto un programa de gobierno de 50 años, con miras a las elecciones de diciembre.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

jueves, 30 de julio de 2009

LOS SOCALISTA Y OTROS ENEMIGOS

LOS SOCIALISTAS Y OTROS ENEMIGOS

Hace poco me escribió un amigo, muy preocupado: “Oye, que los méritos (oposición) en este país, ya no cuentan un quinto”. Claro, digo, cómo van a contar, si los socialistas y otros enemigos –los sin miedo, por ejemplo, de Juan del Granado, son más híbridos que una mula– han ido suprimiendo las oposiciones de la vida nacional (no me refiero a la oposición política); ya no sirve para nada, el mérito en la carrera profesional, la institucional, la barrial, en suma, esfuerzo vano, sentar el culo 24 horas a buscar temas de oposición.



Una de las consecuencias más nefastas para nuestra sociedad, a causa de medidas demagógicas e inconstitucionales que usó la izquierda para eliminar a la oposición política, en el lugar que se encontrará, ha sido la infravaloración de la oposición (méritos) que, de una forma u otra, movía el engranaje social; ya de por sí, era saludable para la vida nacional, la oposición (concurso de méritos, cualificación, aptitud) a una cátedra, a las notarias, a la administración pública, a los cargos jerárquicos del Estado, a direcciones nacionales, a buscarse una novia para toda la vida, lo que equivalía casarse un poco tarde, es decir, primaba las oposiciones a todo. Bueno, una vez borrada toda oposición del entramado social, lo que se nos viene abajo, es toda una larga tradición de honestidad y esfuerzo de muchos bolivianos; de aquí en adelante, sin oposición en la conciencia nacional, digo, paisano, los hijos de campesinos e indígenas, ya no tendrán necesidad de darle duro y horas y horas a la preparación académica; seguramente, los socialistas y otros enemigos del país, que andan entrometidos en borrar oposición en todos los ámbitos (público y privado) nunca ganaron oposición alguna; por supuesto, cómo iban a hacerlo, si dentro de su esquema mental, se puede ser Presidente por la mañana, regante y cocalero a medio día, dirigente sindical y ministro por la tarde, y traficante de droga y amante por la noche, o sea, todo en un día. Creo, que es de ahí de donde les viene tanto resentimiento, la falta de oposición (mérito); lo peligroso de esta dialéctica de la venganza, es que se va envenenando nuestra vida nacional, de odio racista, con un odio arcaico incontenible.



Porque si de ganar méritos (oposiciones) se trata, veamos, ¿cuántas oposiciones a la cátedra “José Martí” o “Pensamiento marxiano” ganó don Álvaro García Linera? ¿qué oposiciones a “Historia Prehispánica” ganó don Evo Morales? ¿Y, don Choquehuanca, obtuvo alguna oposición al libro “La tierra no da así no más”? Seguro, aunque hubieran ganado alguna, eso qué es comparado con los número uno que da la derecha; ahí está, don Víctor Hugo Cárdenas, Carlos Mesa, Fernando Untoja, Doria Medina, Alejo Veliz, René Joaquino; la izquierda y otros enemigos del país, hasta donde la historia lo registra, con lo único que han aportado a la edificación del Estado, han sido personajes incendiarios y terroristas, guerrilleros y sindicalistas. Así van las cosas en este momento que se habla tanto de “proceso de cambio”, pues, los señores socialistas, eso de los méritos (oposiciones), lo tienen metido en el duodeno.



¿Y a qué viene todo esto que vengo diciendo, sobre el tema de las oposiciones (méritos)? Pues, viene a propósito de la proximidad de unas elecciones nacionales que hubo en un país, o va a haber, o no habrá nunca y siempre. Nuestras elecciones nacionales, desde la fundación de la República y de cuando mi abuelo iba a dormir la noche anterior en la puerta de su recinto electoral para ser el primero en votar, han sufrido la amenaza de los gobiernos de turno; esa modestia pedónea, no hace (cía) sino tambalear la posibilidad de abrir caminos para que se instaure el diálogo, la esperanza, la real diferencia; algún día, seguramente, encontraremos, sea en un Estado pluri, multi, trans, post nacional o lo que fuere, la fórmula para construir la unidad y cimentar de una vez por todas, la bolivianidad, antes que parcializaciones ultra extremistas.



La izquierda y otros enemigos, más allá de las oposiciones, frente a las elecciones de diciembre, sabiendo dónde la tienen incrustada la meritocracia, quieren mantener unos candidatos sexys; y el binomio, ratificado por la Federación de cocaleros del trópico, lleva una ventaja, la posesión del aparato estatal; la faceta sexy lo muestra el Vicepresidente con una soterrada, pero, superficial masculinidad; la derecha, también se está nutriendo de figuras sexys, no otra cosa representa la presencia de la modelo cruceña, otrora masista, Adriana Gil; el ambiente preelectoral de estos meses que nos separan de diciembre, izquierdas y derechas, intentarán reciclarse, con semblantes y figuras sexys (cantantes, curas progres, modelos, periodistas, empresarios…) muchísimas de ellas sin oposición alguna.



De cara a unos socialistas –ya no uso indigenistas, porque eso quedó en algún trecho del pasado inmediato– y una derecha desorbitada, víctima de sus propios errores del pasado, y una oposición (mérito) cada día venida a menos, sepultada, por los cánones de la escuela de formación política, para la Presidencia del Gobierno, no quiero ningún sexy, eso sí, me inclino, por un loco, pero que tenga algo de oposición y para la lucha social y sindical –necesaria en todo país que se precie de demócrata–, un incendiario, egresado de la Escuela de formación política.



Iván Castro Aruzamen

Filósofo y teólogo

Profesor de derechos humanos

TIRANO MORALES Y EL ESTADO PLURINACIONAL

TIRANO MORALES Y EL ESTADO PLURINACIONAL

No es posible comulgar, en lo más mínimo, con una izquierda neofascista, retrógrada, pero, tampoco, un mínimo de aceptación, frente al accionar de una derecha, si es que todavía puede llamarse así, a los movimientos cívicos y extremistas, amarrados a la lógica del latifundio, como ocurre en algunas regiones del país. Si uno congeniara con alguno de estos sectarismos aberrantes, no sería posible transitar por los senderos de una filosofía política crítica; esa filosofía del cinismo que, Richard Rorty defiende a capa y espada; desde esta columna, no hago más que expresarme como librepensador, en defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos. El wipalismo del MAS y el regionalismo cívico, están en contra de toda filosofía crítica, que piensa al país en términos de unidad, sin ningún tipo de aventurerismo revolucionario coyuntural.



Evo Morales no está muy lejos del “Tirano Banderas” de Ramón María del Valle-Inclán o “Yo el Supremo” de Augusto Roa Bastos o “El otoño del Patriarca” de García Márquez; la galería de dictadores en América Latina es interminable, todos con un rasgo común: la apetencia por el poder absoluto y además vitalicio. Ahora voy a eso de Tirano Morales. Es que lo que más va impregnando, tiñendo, nuestra vida cotidiana, es el sentido dictatorial con intenciones vitalicias; es decir, se ha instalado en el país, desde el gobierno, el mito del pequeñoburgués de lo seguro, de ese que no está de paso por el palacio quemado ni de visita sino que quiere quedarse para toda la vida, como si Bolivia fuera otra Cuba. El Tirano Morales es ante todo un caudillo de un sector de pequeñoburgueses, de esa manada de burguesitos emergidos de los escombros revolucionarios del guevarismo de Ñancahuazú y el quiroguismo del PS-1. “Evo Morales, no es más que la caricatura de un héroe de esos antihéroes ilusos”, sino vaya uno a escuchar los comunicados incendiarios de Quintana o Sacha Llorenti, cada vez que aparecen en escena, con resonancias claras del Tirano de tierras calientes, Hugo Chávez. El pensamiento pequeñoburgués que incuba el MAS, se alimenta del sueño de lo seguro, pues, eso irradia su postura frente a las elecciones de diciembre; no sólo aseguran el triunfo del Tirano Morales y su tiranuelo García Linera, también, un empleo seguro para ministros y viceministros –mientras la gente de tierra adentro se muere de hambre–; se asegura la dirección y presidencia nacionales de las empresas nacionalizadas, para aquellos que sigan los dictámenes del Supremo. Para el masismo, está claro, los cargos públicos son para toda la vida.



Asimismo, el Tirano Morales, ha dado a luz, unos dictadores más chicos (uña Morales), como el mal menor, frente a la experiencia del uso del poder por los neoliberales de los 80 y 90; Evo Morales ha abierto las puertas a una peste muy peligrosa, una influenza política A1H1–MAS de dictadores locales (Prefecturas) y provinciales (Alcaldías). Sería una gran noticia para la democracia, si estos uña tiranos son barridos en las municipales y prefecturales del próximo año, por opciones nuevas. La patria, el país, no necesita políticos –como lo fueron en el pasado– para toda la vida o que entienden que los cargos públicos son vitalicios, ya no más Benjamines Migueles; necesita, una revolución permanente de hombres y mujeres, comprometidos con la libertad y la unidad, por encima de celebraciones históricas o bicentenarias, milenarias…porque al parecer la nueva pequeño-burguesía del MAS, por medio de una inercia cultural arcaica, nos quieren hacer creer que los valores vienen dados de una vez por todas y para siempre.



Los jerarcas del MAS así como sus subalternos, que creen en la utopía de una revolución pendiente, la de la nacionalización y el regreso al estatismo desarrollista, no han tenido reparos en ocultar actos de corrupción y malversación de dineros públicos, cerrando cualquier posibilidad a inconformidad alguna, provenga de donde provenga. No es, acaso, un ejemplo transparente, los tejes y manejes de las bestias del Apocalípsis nacional: Ramón Quintana, Alfredo Rada, Walker San Miguel, Luis Alberto Arce, Carlos Romero; si tuvieran un poco de dignidad –aunque creo que la única que poseen es la del Tirano Morales– debieran mandarse a jalar, ya; pero, como la idea de quedarse de por vida es mucho más fuerte que el sentido del bien común, sólo se permiten movidas estratégicas, porque todos en el poder ejecutivo, creen que son imprescindibles.



De los 27 años de democracia que vive el país, estos tres del masismo, es la más folclórica e inestable ¿fue otra cosa, eso de la celebración del bicentenario paceño? Una democracia masista que se sostiene en el centralismo del Jach’a Uru, no puede menos que insistir en que es una democracia defendida desde fuera (Carácas y la Habana) y dentro (como los movimientos mas incendiarios que se han creado en el país: cocaleros, ponchos rojos, los sin tierra, las bartolinas sisas, además, de los achachilas de David Choquehuanca); la única democracia revolucionaria que vemos es esa que aparece en las peñas y verbenas y cenas de gala bicentenarias, aunque, el chairo y pectu de nuestra historia folclórica se ha fraguado en la erección del Estado Plurinacional.



La democracia que la patria necesita, no es sino la de la revolución permanente y la transvaloración positiva de todos los valores nacionales, más allá de todo jaraneo y desmadre festivo por el pasado; una democracia que nos adentre, de una vez por todas, por el camino de una auténtica democracia de autonomías, en la que “todos los otros caminos sea posible”, hasta aquellos que no nos guste andarlos.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

NEOIMPERIALISMO ANTIIMPERIALISTA

NEOIMPERIALISMO ANTIIMPERIALISTA


Todo lo que aquí está haciendo, deshaciendo e intentando la izquierda troglodita, no es más que un obsoleto compás conocido, en el que hay errores y nacionalizaciones (apócrifas) y una completa desorientación administrativa; este embuste del masismo a más de ser confundido es comparable a un aventurerismo altiplánico, ni más ni menos que el argumento de una novela indigenista frustrada; de todas formas, lejos está de toda táctica estratégica revolucionaria.



Evo Morales, en toda su indigencia mental, cree ser una nueva estrella socialista, una antorcha de libertad en este valle de lágrimas, en esta América del siglo XXI; esa posición, un poco medio de cabaret, diría yo, pasa por hacerle un juego cadencioso a la izquierda oportunista –de la que ya no le es posible abdicar– y la oposición ciega, esa izquierda y oposición que están con el militarismo, ese de las botas con brillo demócrata, esas fuerzas Armadas de Arce Gómez y Juan Ramón Quintana, revolucionarios de “table dance” y música callejera; esa izquierda, que va del brazo del militarismo, es la que aparece en las verbenas y concentraciones socialistas de plazueleta, esa de líderes sindicales amañados con la guerrilla y el terrorismo de García Linera.



Lo que necesitamos los bolivianos, no es una revolución cultural –como si fuéramos una república popular China–, sino una revolución callada, paciente, larga, enfrascada en cambiar la estructura del país, desde adentro; está probado por la historia de antes y reciente, que, las injerencias externas, las manipulaciones y majaderías de cualquier bastardo con un dejo diferente y con ínfulas divinas –como en su momento fue el Ché y hoy Chávez–, no ayudan (ron) a fraguar revolución alguna –ni siquiera los golpistas de otrora escaparon a la injerencia y asesoramiento foráneo–, cuándo más llegan a proporcionar armas para que los poderosos se aferren al poder a como de lugar, con todo esto, no se si “algún proceso de cambio en Bolivia esté ganando algo”; de lo que sí estoy seguro, es que hay un discurso cansino, un discurso pretendidamente neoimperialista de signo antiimperialista; el pueblo no gana nada con esa charla, a lo sumo, más desempleo, violencia, corrupción e ineficiencia de gestión.



Existen –dicen los psicólogos– apetencias irreprimibles, como el poder, el sexo o las drogas; ya sé que los políticos, tienden a reprimirlas bajo el pretexto del denominativo, servicio –desinteresado, dicen– al pueblo, a los más necesitados, a las hermanas y hermanos, joder, todo político en Bolivia, busca a través del poder, el dinero fácil y rápido; para un político, no hay forma de vencer estas tentaciones, y la única manera de salir de ellas, es sucumbiendo a la apetencia y entregándose a dichas tentaciones; aunque no sólo los políticos son vulnerables a estos males, los bolivianos, que desde hace 27 años nos la damos de demócratas, hemos caído en las garras del egoísmo, el sectorialismo, el regionalismo, la ideología fácil y el despute institucional.



La doble política practicada por el MAS –cinismo–, ignorando o protegiendo un aventurerismo supuestamente revolucionario, acabó pactando con la institucionalidad verticalista del militarismo boliviano; este aventurerismo del masismo, es todo lo contrario de la revolución científica, según dijeron Marx y sus exegetas. Los nuevos oligarcas masistas, que peroran el nuevo socialismo del XXI –que tiene más ribetes de la época del estalinismo ruso– han iniciado un “neoimperialismo antiimperialista de llama y jumento”; pues, a pesar de que las cosas van mal en Bolivia, no pueden o no quieren remediarlas, por temor a perder la confianza de sus masas domesticadas, a punta de consigna y bonos; digo, el pueblo no se salvará con la democracia de ningún neoimperialismo antiimperialista, sea esta pluri, multi, chavista o castrista, porque al final, el neoimperialismo del MAS, tan sólo acabará construyendo un “orinal de oro para las micciones del Super Jilakata Evo Morales” y sus lugartenientes de palacio de gobierno.



La cantaleta antiimperialista de Evo Morales, no es sino, la fidedigna resonancia de las lecciones preliminares de García Linera ante el gabinete ministerial, a partir de las seis de la mañana, dicen, no vaya a ser que este Descartes del pensamiento social boliviano, agarre un neumonía y muera en la corte de su alteza; la lecciones, así como suenan, creo, están centradas en el “aventurerismo revolucionario antiimperialista” –aunque de momento no ha derribado chancho alguno–; eso sí, el aventurerismo empieza a ser el opio del pueblo.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos