viernes, 8 de mayo de 2009

DEMOCRACIA Y MOVIMIENTOS SOCIALES

DEMOCRACIA Y MOVIMIENTOS SOCIALES

Estos tres últimos años, sobre todo, desde el gobierno, se ha alentado la emergencia de movimientos sociales, al punto que su multiplicación, tiene mucha similitud con las macrófitas de la laguna Alalay; es necesario establecer y determinar, cuándo un movimiento social es legítimo; cuáles son las necesidades a partir de las cuales, busca insertarse en un sentido proceso de transformación social; o si los principios sobre los que se rige, quieren una verdadera democratización de espacios todavía, hoy, negados al influjo de una cada vez más necesaria democracia que se construye desde abajo (Pablo Gonzáles Casanova).

Todo verdadero movimiento popular (social) guarda enormes potencialidades para influir e incidir directamente a favor de una verdadera y real democratización, no sólo del régimen político sino del mismo poder del Estado; por ejemplo, el movimiento del autodenominado, “Comité cívico popular”, que debiera existir, nada tiene que ver en su praxis con la construcción de la democracia, además, que lideriza dicho pseudomovimiento un alienígena desocupado, oportunista, como es el señor, Adolfo Serrudo; otro, recién conformado, al calor del oportunismo, fomentado desde el ejecutivo, “los sin techo”, encabezado por el galán, Valerio Queso, protagonista de la película, Evo Pueblo, es el ejemplo de cómo individuos surgidos de las alcantarillas, clientelistas, incubadas por el MAS, imbuidos de los más oscuros instintos de hacerse con algún tipo de poder, ahora, intentan el parricidio del tata Evo, que, más temprano que tarde, acabará por sucumbir ante los cuervos criados en su regazo y encubados al calor del populismo salvaje que pregona.

Los movimientos sociales, constituidos por necesidades urgentes, tienen la capacidad de colocarse de cara ente el poder estatal –pero, jamás formar parte de él, porque ese parentesco termina siendo incestuoso para la relación democracia/poder político–, con exigencias concretas; en primer lugar, el respeto hacia su propia autonomía organizativa, lo que equivale a decir, una total independencia frente a los tentáculos del poder estatal, lo que no ocurre con muchos movimientos sociales en Bolivia; movimientos legítimos y consolidados, como son los de derechos humanos, de reinvidicaciones femeninas, defensa de los niños y adolescentes, de las gentes de la tercera edad, o los de inclusión y reconocimiento en las políticas estatales, por supuesto que, desde varios rincones de la sociedad presionan al Estado para que éste asuma compromisos que luego se tornen en cambios políticos y sociales, en función del bien común; de esta forma, los movimientos desde la sociedad civil, con plena legitimidad basada en las carencias reales de la gente (salud, educación, trabajo, alimentación, participación, distribución, equitatividad, igualdad, respeto, etc.), cuestionan, presionan, exigen del Estado determinadas políticas de gestión, serias.

Hoy, los movimientos sociales, no solamente afines al partido de gobierno, sino controlados desde palacio quemado, están encerrados en un solo juguete: “la búsqueda de intereses de los aparatos estatales” en detrimento de lo que conviene, realmente, a los ciudadanos en general; para que los “movimientos sean verdaderos constructores” de la democracia, deben de despojarse de toda pretensión, por alcanzar poder o detentar algo de él; Claudio Ferrufino-Coqueugniot, uno de los intelectuales más comprometidos con la libertad en este momento, ha dicho con razón: “Los vecinos de cual bloquearán avenidas porque necesitan luz, agua, pavimento para el calvario de virgen sí o virgen no, camisetas y balón deportivos, colaboración. Lo que no consigan se lo harán pagar con el débil más cercano, utilizando para ello la “justa” invención comunal de torturar y asesinar”; pues, en eso están convertidos los movimientos sociales, sindicatos de agitadores fascistas, sobre los que creen tener, los Evo Morales y García Lineras, asegurada su longevidad en el poder, pues, sólo tres veces cantó el gallo, para que en menos de que cante el gallo, también Pedro, el apóstol, se echara a llorar amargamente; aunque sabemos bien del ateismo reinante en Palacio de gobierno, en diciembre, habrá no mas en las filas del masismo, como sentencia el Evangelio, “llanto y rechinar de dientes”.

Es posible, para todo movimiento social, que tiene sus raíces, en la sencillez y aspiraciones de mejores condiciones de vida, la articulación con los movimientos políticos o mediaciones sociales, los partidos políticos de distinta raigambre; este diálogo social, no sólo dinamizará un proyecto de democracia que abarque a la sociedad en su conjunto, al gobierno y al Estado, sino que es posible, hacer que la democracia tenga un rostro cada vez más humano; ya no es posible sostener un discurso de transformación, desde tales o cuales movimientos sociales, para el MAS y Evo Morales, porque la corrupción se ha convertido en la espada de Damocles de dicho discurso; la democracia, no es una cantaleta de grillo como la que usa Evo Morales; es un instrumento transformador que permite la participación diaria en una construcción que incide en la forma de pensar y actuar en la vida cotidiana; la democracia y los movimientos sociales, de los que perora el masismo, sólo está sirviendo para la construcción de inmuebles lujosos, que no cumplen función social alguna, de algunos jerarcas del partido.

Iván Castro Aruzamen
Filósofo y teólogo
Profesor de derechos humanos

jueves, 12 de marzo de 2009

DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS

A Justy de Tezanos, por su pedagogía de la libertad

Las muertes en Pando, hasta hoy, aún después del tendencioso y parcializado informe “Matarollo”, continúan bajo un manto de misterio, o la impunidad de sus ministros por la que ha optado el gobierno; ocurre lo mismo con los hechos de la Calancha, en Sucre, a pesar de que la participación del ministro Alfredo Rada es más que evidente; estos y otros casos, abren la vía para denostar la actitud que tiene el masismo ante la democracia; toda democracia saludable, no se ubica en la contraposición amigo–enemigo sino en la de amigo–opositor, pues, intentar aniquilar y destruir al adversario es lo más antidemocrático que existe, sea por el camino y los medios que fuese.

El colectivismo comunitario del mundo aymará, por ejemplo, es totalmente contrario y lesivo hacia la construcción de una verdadera democracia formal y substancial; ya que estas capas sociales, aceptan ideologías y prácticas dominantes centradas en el paternalismo, clientelismo, y todo tipo de subordinaciones, mas aún las económicas, como los cheques venezolanos; de ahí que, como en ninguna otra parte del país, en el altiplano boliviano, el interés de los ayllus por los ideales democráticos es prácticamente mínimo o nulo. En ese contexto, sólo se pueden esperar que se propicien expresiones de autoritarismo, intolerancia y sumisión, no cabe otra interpretación, ante la saña con que actuó la masa inconsciente, en Sank’ajawira (provincia Omasuyos), que acabó despojando a don Víctor Hugo Cárdenas de sus bienes; cualquier expresión de autoritarismo, así sea comunal, es contraria al espíritu democrático.

El gobierno debiera entender –por encima de las estrategias armadas por García Linera y su interpretación marxista de la realidad– que la “democracia se funda en los derechos” y se ejercita en la defensa de los derechos; más allá de Marx, los derechos humanos, los indígenas, los de género, los culturales, los individuales, los colectivos, obligan in situ y producen responsabilidades, así como alientan solidaridades; cuando el leguleyismo del Viceministro de Justicia, Wilfredo Chávez –en realidad ministro de Justicia en ejercicio–, le hace sostener, que la defensa de los derechos pasa, exclusivamente, por las manos de un fiscal, olvida de manera propedéutica y crasa, que los derechos humanos son una construcción histórico cultural en torno al “derecho a la vida”; es más, estoy convencido, de que todo estudiante regular de la carrera de ciencias jurídicas, tras culminar sus estudios, sabe que el discurso de los “derechos humanos apela a la humanidad como paradigma normativo superior de la convivencia social” y esto mismo obliga a todo poder constituido, a defender la vida ante cualquier vejamen; asimismo, por esta razón suprema del derecho, es que surge la defensa a la ciudadanía cultural, que se centra en el derecho a ser diferente, a disentir, a criticar los actos de quienes detentan el poder. Y por esa misma razón, el ex Vicepresidente, Cárdenas, defendió la postura del No, lo que le ha costado, finalmente, el avasallamiento de su derecho individual a la propiedad, al igual que muchos otros bolivianos en el occidente y oriente boliviano.

Ante las actitudes autoritarias de Evo Morales y su entorno, o frente a la acumulación de privilegios, cada día mas notorio, de algunos jerarcas del MAS (Gustavo Torrico, jefe de los Satucos, o Antonio Peredo y su rayano discurso guerrillero), miles de ciudadanos han ido entendiendo que tienen “derecho a la desobediencia civil”, porque no hay disposición jurídica que pueda abrogarla. Todo ejercicio democrático, no puede no contar con prácticas de desobediencia civil, para hacer frente a la exaltación del poder por medio del Estado, de algunos grupos elitarios arcaicos (restauradores). El porcentaje alcanzado por el No es una eminente expresión simbólica, que apela a la capacidad de razonar y de llamar la atención al sentido de justicia de los actuales gobernantes; existen, pues, muchas mixtificaciones y, sobre todo, mitos (El paraíso incaico, La reencarnación de Pachacutec en Evo Morales) y ritos (El puño levantado, La Willancha, La k’oa, usadas políticamente) que encierran a la democracia y la legitiman en el poder de unos pocos.

Como el masismo es flexible con la corrupción y su caldo de cultivo, la salacidad, y de esto sí que saben hacer buena gestión los masistas; sin embargo, desconocen la “ética de la democracia”, que tiene como “fundamento último a los derechos humanos”; y que la democracia posibilita la constitución del primer derecho, la conciencia del derecho a tener derechos, y, que no basta con plasmarlos en papel o impecables declaraciones jurídicas, porque la realidad está por delante de cualquier constitución política, por muy elaborada que sea, en cualquier parte del mundo.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

FICCIONES DEMOCRÁTICAS

FICCIONES DEMOCRÀTICAS

No cabe duda de que en nuestro país durante los tres años de gobierno masista, sólo se han ido construyendo “ficciones democráticas”, que atentan, socapadamente, el derecho de todo una sociedad para gozar de una verdadera “democracia radical”; por tanto, lo que vivimos los bolivianos es nada menos que una “democracia limitada”, por la intervención autoritaria del poder ejecutivo.

Una de las primeras afrentas del MAS, ha sido la violentación de los mecanismos que posibilitan la puesta en práctica de garantías en torno a la igualdad frente a la ley; mientras Santos Ramírez, goza de ciertos privilegios procedimentales en su detención, otros, como los ciudadanos pandinos, son arrastrados en la más completa orfandad jurídica; la democracia rechaza todo tipo de moldes autoritarios y excluyentes como la del masismo.

Asimismo, hay que recordar que las elecciones por sí solas no vuelven democrática una sociedad. La última experiencia electoral, del pasado enero, nos demostró que el sistema de “partido de estado” es una bofetada contra la democracia, y peor aún si este induce el voto de los ciudadanos por consigna; de ahí que, muchos electores conscientes (40%) no les queda otro camino, más que la sublevación en contra de ese voto encadenado, que no hace sino humillar y despojar la voluntad ciudadana del sufragio libre; el voto controlado, que es el sostén de la noción de democracia manejada por el MAS, deviene, en una lesión gravísima de la libertad democrática, más complicado, se este ejercicio, por medio de la compra de votos, coacción e inducción, acaba por degradar el sentido electoral de toda democracia radical.

La democracia, desde el ámbito de la libre determinación, constituye un bien social de todo Estado, frente a la injerencia foránea. No podemos olvidar que, en otros momentos de la democracia boliviana, gobiernos como el norteamericano u otros, gobernaban a nuestros gobernantes; la figura no ha cambiado en absoluto, porque Chávez o el embajador cubano, gozan de una enorme influencia en la decisiones estatales del actual gobierno; una verdadera democracia implica soberanía, estado de derecho, vigencia de libertades, garantías individuales, circulación de ideas e información, pluripartidismo y relación entre mayorías y minorías; todo esto debiera ser expresado a través de un complejo de instituciones visibles del Estado, lo que en nuestro país pasa por un continuo desmantelamiento.

El gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera, en la democracia presente, no ofrece garantías para la existencia de una oposición, creativa y propositiva, así como el terreno para una sana competencia, porque desde el gobierno no se tiene idea de lo que significa el respeto a la diversidad, la pluralidad, la tolerancia y la puesta en práctica de un método de convivencia, que permita la expresión de disensos o la construcción de verdaderos consensos, permitiendo así la formulación de decisiones colectivas serias.

Dentro de los límites, que permite la democracia (democradura) moldeada por el masismo, las “cortinas de humo” para tapar escándalos u ocultar el rostro de la ineficiencia en la conducción del aparato gubernamental, se han convertido en el aporte más genuino que han logrado por el momento, sobre la comprensión de lo que se entiende por democracia. Por ejemplo, Evo Morales, intenta tapar los desfalcos de YPFB, que han manchado el discurso de cambio de su gobierno, desesperadamente, poniéndose al nivel de los grandes creadores de la novela de espionaje, como el inglés John Le Carré; “El espía que surgió del frío” de este último, ha sido sustuida por el “Espía que surgió de la corrupción”.

Las ficciones democráticas, creadas por el MAS son muchas otras, de las que posiblemente, nunca nos lleguemos a enterar, pero, innegablemente deforman el ejercicio democrático de todo un país, que empieza a tener una incipiente vocación democrática.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profeso de derechos humanos

miércoles, 25 de febrero de 2009

ÉTICA Y POLÍTICA
Para el maestro Juan Araos Úzqueda

La corrupción, si bien es un mal que se fecunda en el interior de las estructuras de poder, también es cierto, que la ética es el único antídoto con el cual poder hacerle frente y procurar su extirpación de toda ejercicio público; puesto que en última instancia es el individuo el que es moral o inmoral y es siempre hacia el interior del grupo, de la sociedad, del Estado, en el que actúan los individuos, en otras palabras, sólo se es moral o inmoral en el esfera social o pública.

La millonaria estafa de Santos Ramírez en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), los 30 camiones con mercadería de contrabando en Pando o la reciente desaparición de 150 millones de bolivianos en el Programa de Vivienda Social (PVS), hablan de la poca o nula apropiación e introyección de los masistas del artículo 8 de la Constitución Política del Estado: “El estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón)”; pues, se es ineficiente, se miente y se roba con la naturalidad más boliviana del mundo; el actual aparato gubernamental, si antes sirvió para el engorde de una burguesía enferma, hoy, cobija a toda una gama de flojos y vagabundos, que peroran los principios ético-morales del incario. Qué lejos están los pseudo–originarios–masistas de aquellos griegos pitagóricos, que entendían la perfección del gobierno de la ciudad, cuando esta era regida por la “eunomia” capaz de normar el acto justo de un ciudadano en relación con otro a fin de corregir todo exceso; así llegaron a la ecuación: “buen ciudadano era igual a hombre virtuoso”; para el masismo la ecuación (ética/política) se resume: “buen indígena es igual a hombre deshonesto y vicioso”; y no sería ya novedad, después del carnaval valluno y el concurso de taquipayanakus surgiera un nuevo ministro (a) de justicia, eso sí virtuoso (a) para la jocosidad pero vicioso (a) en cuestión de leyes.

La ética que debe sustentar la actividad política y conducir la transformación del Estado, será posible a partir del hombre virtuoso, puesto que el fin de la política es la realización de la idea ética del hombre. A partir del hombre virtuoso se puede construir un proyecto de futuro; un proyecto que permita movilizar las energías del este y oeste, norte y sud, del territorio boliviano; suscitar ilusiones y sueños del todo el conjunto y no sólo de una parcela. Todos los bolivianos recibieron de sus antepasados cercanos mucho más que los de hace 500 años, una lengua (el castellano), la religión (cristiana-católica), una cultura (híbrida, mezclada, inculturada, impura, contaminada), en suma, un sentimiento de pertenencia, no únicamente a los fósiles que nos antecedieron, sino un afecto de pertenencia afectiva como hijos de su tiempo; por esa razón, es urgente, acuñar un yo nacional dinámico, que mire y se proyecte hacia el “Estado Universal” (Miguel Manzanera) o la “sociedad civil mundial”.

El hombre virtuoso del que hablaban los viejos griegos deviene en un genio político capaz de hacer compartir a los ciudadanos un sueño común y es un hombre capaz de restañar heridas seculares, fruto de la historia pasada y presente. Evo Morales y sus estrechos colaboradores, por el contrario, se han empeñado en abrir grietas sociales insalvables, odios y venganzas incurables, que alientan la confrontación. El ama qhilla, ama llulla, ama suwa, que debiera hacerlos más virtuosos, constituye en su imaginario un mero postulado vacío de todo contenido práxico.

El discurso masista se ha empeñado en convencernos que Bolivia nació a la vida independiente como Estado pero sin naciones, nada más falso. Casi todos los países latinoamericanos nacieron como Estados-Nación bajo el modelo francés. En Bolivia todavía hoy, se nace hablando quechua, aymará, guaraní, castellano; se canta y se baila en quechua, aymará, guaraní, castellano; porque en el Estado uno es incorporado, no como persona sola sino la comunidad. El divorcio entre ética y política que muestran los actuales gobernantes, no ha hecho que miles de bolivianos renuncien a esa identidad híbrida que somos, pero sí, que muchos no se sientan solidarios con el Presidente indígena, y no se sientan herederos de Atahualpa, ni de Pachacutec.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos
EL ESTADO SOCIAL COMUNITARIO

Tras el derrumbe del Estado Neoliberal en Bolivia, después de 25 años de democracia, se comenzó a discutir sobre “qué tipo de Estado” sería el más adecuado, que nos ayudaría a superar una conciencia “tribal o de hacienda”; ésta conciencia fue el sustento de la construcción del Estado, ya desde la época de la fundación de la República; si bien a partir de la marcha por la“tierra y territorio” de los pueblos indígenas del oriente boliviano, se aspiraba a que los derechos y las políticas sociales a favor de su cumplimiento se inscribiesen o fueran incluidas en el texto constitucional vigente, no aparecía ni de forma más remota en esos movimientos, la construcción de un “Estado Social Comunitario”; éste es producto de la visión oportunista de las izquierdas recalcitrantes de los 60, esa tendencia ideológica foquista, que arrastró al mítico Ché Guevara al fracaso militar en Ñancahuazú; y cuando el gonismo terminó por hundirse, amañadamente, lograron llenar esa conciencia tribal del pueblo con la imagen de un nuevo caudillo, un héroe de epopeya, un pseudo indígena.

Bolivia, a lo largo de 170 años de historia republicana, no sólo ha vivido una total ausencia de Estado en las convivencias ciudadanas, sino que, la escasa cultura cívica hizo añicos hasta las ideas más proyectistas de Estado que tuvo en determinados momentos; hoy, el cacareado Estado Social Comunitario, demuestra una clara insuficiencia para que las mayorías puedan estar representadas en él; de hecho se empieza a manejar, bajo al égida de la concepción Estatal del Socialismos del siglo XXI, un concepto de Estado solamente proteccionista de unas minorías burocráticas, sobre todo, las del partido, esas que controlan por medio del clientelismo y la corrupción, la conciencia de hacienda de las masas.

El Estado Social Comunitario del MAS perfila para muchos sectores de la clase media, una suerte de “apartheid político”; ya que por el momento parece no contar el 40% de electores que rechazó el texto constitucional aprobado; en la visión Social Comunitaria, la participación electoral de muchos sectores, es asumida sólo para legalizar una “democracia discriminativa”; de ahí que este Estado en cuyo marco se ejerce el derecho al voto, no tiene relación con los votante en cuanto Estado. Por otro lado, es por demás notorio, tras el escándalo de los 30 camiones en Pando y el caso del clan Ramírez-Doria Medina en la estatal YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos), que estamos ante un Estado deficitario inoperante, y que por más atributos democráticos y legales que se arrogue, se encamina por el sendero de la deslegitimación real; pues, al no funcionar en sus instancias básicas es prácticamente inexistente, pues, el gobierno que es la cara más visible del Estado no funciona por medio de decretos. Por tanto, lo que opera es un gobierno mediatizado, un gobierno del discurso del cambio y del “Evo sí cumple”, puesto al servicio de unos pocos, dirigentes y políticos que se disputan las arcas del Estado.

El clientelismo político del Estado Social Comunitario, significa un retroceso real, peor que en épocas de cuartelazos o los gobiernos neoliberales, porque el pueblo continúa con la idea de que el Estado es de otros (Movimiento al Socialismo, Movimiento sin miedo, Partido Comunista de Bolivia, Movimiento M-19, etc.) y más grave aún, cuando dentro de la construcción jurídico-política, la población no tiene conciencia de pertenencia ni experimenta pertenencia alguna al Estado. De ahí que, muchas manifestaciones de las mayorías o minorías en el país, no son más que la muestra clara de una absoluta carencia de autoestima colectiva, manifestación por demás evidente, de la ausencia de percepción de la vigencia de un Estado al que se pertenece y en el que se puede y debe encontrar protección. En la conciencia colectiva del pueblo boliviano el Estado es todavía una idea muy difusa y académica.

La “corrupción”, el “contrabando”, el “desmantelamiento institucional”, el “tráfico de influencias”, que sufre el Estado, debido a la instauración del proclamado proceso de cambio, y otros quiebres que se ciernen sobre él, podemos afirmar que, por el memento, la realidad del “Estado en Bolivia”, se encuentra en una fase rudimentaria y presa de un inmovilismo estatal endémico.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

lunes, 9 de febrero de 2009

NEOCOLONIALISMO Y MARGINALIDAD

NEOCOLONIALISMO Y MARGINALIDAD

Las predicciones masistas, por medio de su “pachacutec”, Evo Morales Ayma, de una mayor integración y cohesión social en el país, a tres años de gobierno, no se han cumplido. Es mas, el discurso presidencial, ha hecho grandes esfuerzos por acrecentar “nuevos colonialismos”, tanto como la desigualdad y la segregación.

Ese número desdeñable, un puñado, de burócratas de izquierda (el entorno palaciego), se empeña mediáticamente en destacar avances que –según ellos– la administración masista ha logrado en el Estado, mucho mejor que en otros gobiernos; según ellos, problemas como el narcotráfico, el soborno, la delincuencia, la corruptela política, el compadrerio, el padrinazgo, no son sino manifestaciones tradicionales de la cultura política boliviana; la gran novedad de estas prácticas, es que los masistas las legitiman en nombre de –agresivo discurso– los pobres.

El “neocolonialismo etnocentrista” del MAS, no sólo hace bandera de lucha política, las reinvidaciones del colectivo indígena-originario, sino que además, reaviva los postulados del viejo colonialismo occidental ¿hemos escuchado resonar la voz de los indígenas con tono propio? No. Siguen siendo los blancoides los que hablan por ellos. El neocolonialismo etno, no socapa la conciencia indígena–originario, a plan de escopetazo limpio o amenazas igual que sus predecesores neoliberales, sino que usan razones de tipo técnico, más racionales, so pretexto de cambiar la estructura del Estado; pues, no cabe otra explicación, frente a las intenciones de los burgueses viscerales, incrustados en el masismo, que buscan conservar para sus intereses, un Estado esclerótico y cada vez más obeso en su administración.

Este nuevo colonialismo “etnocentrista” genera marginación social tan atroz como el capitalismo. En estos tres años, la pobreza urbana ha ganado cuerpo y tanta fuerza como a principios de los ochenta. Los buscavidas, mendigos, pedigüeños, ganapanes, pordioseros y todas las cofradías de mal vivientes, han poblado nuestras ciudades con más fuerza que el día que llegaron los españoles en 1492. Surgen nuevas formas de mendicidad más o menos encubierta: músicos de pasillo de restorantes y cafés, lava parabrisas, malabaristas de avenida, roba partes de coches y toda una nueva grey de vendedores de dulces y cigarrillos mientras espera uno que se ponga verde el semáforo o compramos el periódico. Así de perverso resulto ser el travestismo neocolonial del MAS.


Citaré en último término, el caso de la “marginalidad política”, que implanta este nuevo colonialismo etno: la de muchos ciudadanos bolivianos (as); paradójicamente, la transición hacia un nuevo Estado de socialismo comunitario no abre vías para un sistema de participación ¿dónde están sino los indígena–originarios en el llamado gabinete plurinacional? De ahí que el desprestigio de la política y los políticos (habrá contados y honrosas excepciones) es evidente, como lo refleja la conversación cotidiana y (lo que es peor aún) los sondeos de opinión. El comportamiento de los políticos viscerales, oficialistas como opositores, es el de evitar ir más allá, porque sólo cuenta el poder sobre las masas.

El gran ausente y que sufre una marginación brutal –en la Bolivia del 2009– es el colectivo de la clase media urbana y entre ellos los intelectuales inorgánicos, así como muchos sectores productivos, que de una u otra forma, en una u otra medida, no cuentan en el Estado de los Etnos. Después de la aprobación del texto constitucional del MAS, ya surge un gran porcentaje de bolivianos (as), con una conciencia cada vez más extendida de “automarginación” respecto del proyecto segregacional del colonialismo etnocultural. Este neocolonialismo instaurado por los cholos “viscerales” del poder ejecutivo, que margina abruptamente a sectores de la sociedad boliviana, crea un clima de desasosiego persistente; la creciente conciencia de marginalidad viene a raíz de la decisiones, que nos afectan vitalmente, pero que se toman unilateralmente y en otras latitudes (Caracas o la Habana) con frecuencia cada vez mayor.

El persistente etnocentrismo del discurso y la práctica masista, es la muestra de una “conciencia marginal global” que permea toda la sociedad boliviana; tanto así que, en muy poco tiempo el país ha pasado de ser un Estado periférico a “marginal”, dentro del contexto mundial de las naciones; si ello es bueno o malo, y si el “rampante colonialismo interno” del MAS nos abrirá paso hacia una sociedad más justa o dividida, o si el cambio de Estado pasa por el cambio de nombre de las instituciones y el ensanchamiento en la administración, el tiempo se encargará de decirlo.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

Profesor de derechos humanos

jueves, 5 de febrero de 2009

¿HACIA UNA NUEVA IGLESIA?

¿HACIA UNA NUEVA IGLESIA?

Pensadores de la altura de “Ludwing Feuerbach” o “Friedrich Nietzsche” han realizado intentos serios de crítica a la idea de trascendencia: el primero, en su crítica a la religión llega a sostener que Dios no es mas que una proyección del hombre; Nietzsche tras la proclama de la muerte de Dios, se hace un negador de la existencia de Dios y en particular del Dios cristiano. Hasta ahí se llegó y, digamos, caló muy hondo este ateismo en el pensamiento humano. Pero, tuvo que pasar más de un siglo para que, un personaje “alzado de las ruinas incaicas”, proponga una idea descabellada e irresponsable: “fundar una nueva iglesia y auto proyectarse como el nuevo dios”.

La pretendida nueva iglesia, por lo menos durante estos tres años de gobierno, no ha abordado algunos de los problemas de la sociedad, tanto los administrativos como los propiamente sociales; por ejemplo, no contamos con un tribunal constitucional, porque fue descabezado tras una maquiavélica persecución política. El jerarca del MAS auto ungido y la venia de sus seguidores, sólo busca fortalecer una vieja idea de la política boliviana, “el poder presidencial ilimitado”.

No está de mas, recordar, que el reto que tendría la nueva iglesia, sería edificar, para empezar una escuela primaria, laica, por supuesto que este proyecto necesitaría miles de nuevas estructuras educativas así como maestros, por el momento el Estado no tiene condiciones ni siquiera para satisfacer las necesidades de la escuela tradicional; pero, lo más difícil –dudo mucho de la capacidad de sus lideres y adeptos– sería encarar y disputar a la Iglesia católica y sus congregaciones religiosas, todo el capital humano y histórico adquirido por medio de su misión, el servicio; y los problemas prácticos que platearía dicha pretensión, son infinitos.

De ahí que más allá de las perogrulladas usadas contra la Iglesia católica, la cuestión religiosa es grave; pasar de una Iglesia que forma parte de la historia misma de la república hacia un sistema laico, significa no sólo una cuestión “paranoica” e irresponsable sino un imposible. La inmensa mayoría de católicos bolivianos y bolivianas, hoy sin representación en el poder político, no sucumbirán a ese intento vano de la nueva iglesia indígena originaria (no pongo campesina, porque miles de ellos como yo, somos católicos por principios), cuyo pontífice recurre a la diatriba con el fin de usurpar a la Iglesia la fuerza adquirida durante dos mil años de existencia, sólo a través de una ética simple, el “servicio”, algo que el gobierno ignora.
Es notoria, la pretensión de fundar una nueva iglesia, detrás del soterrado discurso anticlerical de Evo Morales y García Linera. La nueva iglesia del masismo, gestada desde las arcas del Estado, cascabelea los dientes ante el peligro que representa la Iglesia de cristianos en Bolivia, por la sencilla razón de que la “fuerza histórica de los pobres” es defendida con el testimonio y la praxis solidaria. En la anhelada iglesia masista los líderes sindicales son los que hablan de su dios (Evo) a los más pobres; en la Iglesia de Jesucristo son los pobres los que hablan de Dios a sus pastores.

El 60% que votó corporativamente por la nueva constitución política, le ha hecho creer a la “extrema izquierda anarquizante”, esa piara de jabalíes sedientos de poder, que hacen gala de un anticlericalismo popular inexistente, de que “Bolivia ha dejado de ser católica”; para esta izquierda el problema político será siempre, para tapar su ineficiencia de gestión, sobre, por y contra los “curas y los frailes”, los “cardenales y obispos”, así como “laicos comprometidos”. La nueva iglesia masista, que se edifica sobre la piedra angular de la estructura estatal, tiene como sostén a las fuerzas armadas, pues, no en vano a reconocido su cacique, la vital importancia de las fuerzas armadas y que además habían estado desarmadas; no sin razón, numerosos militares, sobre todo, en los altos mandos, son “monárquicos de corazón”, característica de ciertas castas; no cabe otra explicación ante la alianza indígeno-militar; sin embargo, no está tan claro cuál es el evangelio que proclama esta nueva iglesia.

La democracia es un modo de vida que hace posible vivir el evangelio y vivirlo en sociedad sin tener que optar por una vida ascética o religiosa. Se trata entonces de que “reine la igualdad”, como dice el apóstol san Pablo en la carta a los corintios. El Dios de la Biblia, el de los cristianos y al que profesa la Iglesia católica, dice por medio de sus profetas, que él no quiere culto, que está harto de las plegarias, de las oraciones, de los sacrificios, del incienso, de los ayunos; lo que quiere es que se rompan las cadenas de los oprimidos, que no se despojen a los huérfanos y viudas, que haya justicia entre los hombres. Cristo pronunció su mensaje y su práctica en esta línea. La Iglesia continúa este legado. El dios de los masistas se contonea con la salacidad, el culto y la adulación,

Escribo como defensor de la democracia que cree en Dios y en la vida después de la muerte; así como creo que la democracia no se opone al cristianismo ni a la Iglesia sino que la complementa. Existen miles de católicos en Bolivia que son demócratas y que saben que es el camino más seguro para una convivencia social pacífica, que son capaces de diferenciar la enorme distancia que separa a la iglesia del patriarca Evo, corrupta, contrabandista, traficante de influencias, prebendal, abarrotada de cuellos blancos, de una Iglesia como la de “Jesús de Nazaret”, el Cristo, que baja al encuentro de los más débiles y empobrecidos de la tierra.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos