miércoles, 3 de diciembre de 2008

DEMOCRACIA SITIADA

DEMOCRACIA SITIADA

La democracia en Bolivia está sitiada por la rapiña de la izquierda ortodoxa: por un lado, está decidido todo, coartadas, azares, secretos, pactos y toda la coercitividad estatal, para borrar del mapa político, la resistencia del movimiento cívico (aunque la idea no es tan mala, porque esto dará lugar a la emergencia de nuevos líderes e ideas nuevas); pero, otro lado, la democracia se encuentra sitiada, por la implantación de un proyecto de constitución, que una vez aprobado será moldeado y ajustado a los intereses de poder del partido único.

Todo régimen totalitario de izquierda, como el cubano o venezolano, no admite o simplemente enmascara su accionar bajo el manto de una democracia aparente. No es secreto para nadie que un buen porcentaje de políticos de izquierdas, hoy subidos al carro de los llamados movimientos sociales, fueron perseguidos o como uno de ellos ha dicho, “he vivido 10 años en la clandestinidad, así que nadie me enseña nada”; estos mismos repiten hoy la historia, el eterno retorno de la cosas (Niezstche), con la misma saña de sus otrora perseguidores banzeristas. Han recuperado de forma admirable la doctrina de la seguridad nacional, bajo el nombre de daños al Estado, sedición y terrorismo.

Quienes ahora disienten y lo harán mañana frente al proyecto totalitario, con el que la democracia se halla sitiada, asediada, no deben parar en sus esfuerzos hasta que cada uno de los bolivianos y bolivianas, o cada grupo humano tenga libertad interna y externa para vivir y poder proclamar: “yo soy quien soy” –no aquello que me quieren etiquetar– sin miedo a la represalia o al rechazo; el propósito último del proyecto masista articulado por miembros del partido comunista es desquiciarlo todo y vaya que lo están logrando y no importa –dice García Linera– el tiempo y los recursos necesarios para este fin.

No obstante, cuando el masismo habla de dignidad habría que recordarles a sus ideólogos, que la dignidad del ser humano tiene que ver –antes que el discurso– con la primacía que tiene la vida, pero, no una vida meramente confesada (para vivir bien, reza el slogan gubernamental), predicada, soñada, o remitida para más tarde; porque en lo más profundo de esta comunidad imaginada, el campesino corriente, el que espera cambios sustanciales, sabe que al dictadura sindical del MAS ha hecho y puede hacer más para que el despojo voluntario de una vida digna a partir del derecho y la libertad, sea cada vez más un anhelo; lo que los bolivianos perseguimos en última instancia es salir de la postración, pero, esto no será posible por la senda que nos quiere conducir al ortodoxia revolucionaria populista, porque no es más que la continuidad de lo que hasta ahora ha existido, y será peor aún: la exclusión, la pobreza, la brecha entre los privilegiados del partido y las masas sin conciencia.

El MAS ha sitiado la democracia por medio del “Estado dentista”, especializado en la extracción por medio de la tortura, pues, no otra cosa es la persecución política contra cualquier tipo de disidencia; una vez eliminados los y tomados los territorios de resistencia civil se viene la implacable y alarmante instauración de un archipiélago de comunidades locales (es decir los 5 niveles de autonomía) poco conectadas entre sí y que se reproducirán de forma endógena y cuya consecuencia inmediata es el sometimiento al yugo de los poderes supralocales (dirigencial) que se caracterizan por su enorme codicia como por su limitada ambición y capacidad en el orden administrativo.

La democracia de estos 25 años no es l producto de las víctimas de la dictadura es más de las nuevas generaciones educadas dentro de la óptica de la libertad y una concepción amplia del Estado de derecho; y no con esa izquierda rapiña que hoy aplica la coercitividad del Estado, ciegos ante las luchas individuales y sordos ante los anhelos individuales, y persigue no otra cosa que guiar y racionalizar la vida de cada uno de los miembros de esta comunidad imaginada, llamada Bolivia.

La democracia está sitiada por un Estado dentista y la imposición de un proyecto mezquino que salvaguarda el poder ideologizado de los rapaces comunista de anteayer.


Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

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