jueves, 18 de agosto de 2011

PROGRESO Y BIODIVERSIDAD

PROGRESO Y BIODIVERSIDAD

No sólo los indígenas son los que no quieren la construcción de una carretera que desgarrará el corazón de la madre selva; y como dice el indio Seatle, no la hemos heredado ni como Estado ni como nada, solamente se los hemos pedido prestada a nuestros hijos. Tampoco está de acuerdo con ésta, el desocupado que no tiene un boliviano para el pan de sus hijos, ni el adolescente que se prepara la pre o el servicio obligatorio, peor ese que acaba de graduarse en economía aunque ya está pensando en comprarse un chuto para meterle de chofer, ni la señora de la casa que hace magia con el magro sueldo del marido hasta que llegue el fin de mes, ni la niña ni el niño que se quedan horas mirando los dibujos de la Warner Bross ajenos a la intención del gobierno que quiere robarles el aire de mañana; ni siquiera está de acuerdo el minusválido, el oficinista, la madre soltera, el anarquista que piensa que es comunista, ni el masista más recalcitrante que sabe que lo que es en el fondo, es un fascista, ni el joven que fuma marihuana, ni la señora que tiene dos maridos y el tercero a medias, ni el enfermo terminal que espera por un trasplante, ni el abogado laboralista, pero aún, el constitucionalista para quien lo primero que se debe hacer, piensa, es constitucionalizar la Constitución… con todos ellos, todos bolivianos, que sufren los desmanes de un gobierno de la improvisación, por el momento, los únicos que sueñan con esa carretera son los cocaleros, para inundar la selva de coca y cocaína.

Es necesario romper una lanza, romper el silencio en honor de la biodiversidad que se cobija en el TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure). Nada más humillante para los bolivianos y su soberanía, que un puto extranjero, ex – jesuita, ahora director de ABC Bolivia, después de haberse cogido a una de sus catequistas cuando todavía fungía de asqueroso misionero bajo un sotana, salga a decir que esa carretera, estén o no de acuerdo los indígenas se tiene que construir. Si no fuera porque para el españolito ese, gamberro y merluzo, le parecemos los bolivianos unos idiotas, hubiéramos quizá creído el cuento ese del progreso y el proyecto, dizque, monstruoso de integración que el gobierno tiene. No señor. La cosa aquí va por otro lado. Y es que nada más es un asunto político con el que se quiere pagar algún compromiso económico con transnacionales brasileñas. No está de más recordarle al ex – combatiente de la Compañía de Jesús –que más pudieron sus bajos instintos de la carne que la vocación de servicio y seguimiento a Cristo- que una cosa son los caminos del Señor y otra muy distinta los caminos del país, debieran estar en manos de ingenieros y no ex – curas.

Es inconcebible y raro, que a estas alturas de la democracia intercultural, un asunto tan sencillo se una cosa obscura y secreta para la opinión pública, la construcción o no de una carretera, sobre todo en lo que se refiere a sus fines, medios, motivaciones y estrategias. Ya es hora de someter el tema del desarrollo y la cultura a debate nacional, pero, mucho más urgente y concreto, merece un debate claro y abierto, el TIPNIS y su biodiversidad frente al progreso. Quienes deben decidir sobre la viabilidad o no de una carretera por su territorio son los indígenas y no por aquellos que vienen instrumentalizando la cosa indígena para fines sectoriales.

A los bolivianos no nos interesa si dicha carretera es una obra monstruosa para el desarrollo, si es buena o mala, conveniente o caprichosa, sino el hecho de que se quiera cambiar la geografía natural de una reserva tan importante, sin que los bolivianos tengamos conciencia claro de lo que eso implica. La biodiversidad natural de un territorio no es igual que un discurso del Señor Presidente o Vice y/o cualquier político, que cambia de rumbo de forma natural. El TIPNIS es un territorio fundamental para la vida de los indígenas ¿De quién es la biodiversidad que se quiere asesinar? ¿Del progreso o de los que habitan en la selva?

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

lunes, 25 de julio de 2011

JINETES Y BESTIAS APOCALÍPTICAS

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JINETES Y BESTIAS APOCALÍPTICAS

El gobierno actual cabalga, adormecido, sobre cinco bestias del Apocalipsis que son, a saber: narcotráfico, contrabando, corrupción, fraude e improvisación, por este orden de importancia y de gravedad para el país o por el orden que mejor ustedes prefieran. Y los cinco jinetes del Apocalipsis masista son también cinco señores que creen, por el momento, tener la sartén por el mango o por donde quieran, lo cierto es que lo controlan todo; creen que hasta el aire que respiramos los bolivianos es un regalo del pequeño y miserable dios “evonadas”. La historia, lo dije ya, acaba dejándolos sin nada a quienes lo quieren todo. Pero, bueno vamos a seguir charlando sobre los jinetes: a la cabeza marcha, la ingenua ignorancia con cabeza de adobe y paja; lo secunda, una golondrina afeminada hasta el pico; ahora, va como tercero el estrabismo autonomista, sapo tan feo, dirían los Karjkas; y sigue impertérrito, el niño de culito blanco de la seguridad nacional y patético como sólo un canalla puede serlo, y, finalmente, la expresión más carnavalesca y folclórica del gobierno -los tentáculos del ejecutivo- como es la señora justicia entregada al mejor postor de turno. Y los indígenas, nada más para la foto.

Yo no veo cambio ni proceso (sí judiciales a quien no comparte la ideología masista-leninista) porque los señores ministros del apocalipsis, no apellidan Parihuancollo, Uskamayta, Chubirú, Chonono, Colque, o algo así; pero no, los apellidos siguen siendo tan contundentes como Banzer, Berzain o Sánchez de Lozada. Ahí están: Llorenti, Romero, Morales, García Linera, etc. No cabe duda de que la dialéctica entre apellidos contundentes/plebeyos no ha cambiado en absoluto en Palacio de gobierno. Claro, cómo un Huanca podría ser marxista-leninista, pues, sería ir contra natura, no en vano dicen, que el señor Canciller no le tiene buena leche al Vice, por algo será no. Para mí y gran parte del pueblo, estos merluzos ministros, eso de querer aparecer como mártires de la democracia se les ha caído de la cara; lo más notable de su gestión, es que muestran unas misericordes figuras de rebeldes sin causa subidos en sus caballos apocalípticos.

El estrabismo económico y visual del ministro de la presidencia, de apellido tan contundente, además español, le ha llevado a afirmar no hace mucho eso de que en dos años más, Bolivia, dejará de ser considerado un país pobre; habrá querido decir, más bien, que la masa empleada del Estado del brazo del narcotráfico será el nuevo cártel tan rico y violento como el de Sinaloa. A pesar de que muchos de los males no nos vienen sólo del narcotráfico sino, también, del contrabando. Y no es que queramos un Estado aduanero ni abstemio en drogas. Por lo menos, el gobierno, debiera de ayudar -no a controlar- a construir un sistema jurídico que impregne toda nuestra sociedad, empezando por el poder judicial. Ya basta de la parafernalia discursiva sobre el pasado y eso de las heridas históricas; los culpables de que muchos se mueran por falta de atención médica o un seguro social, eficiente, gratuito y universal, no es Pizarro y su banda de saqueadores, sino el gobierno y los gobiernos que no supieron llevar adelante políticas económico-sociales y culturales serias. No es posible combatir el narcotráfico, el contrabando, el hambre, el desempleo con programas nimios como entregar canchas de futbol, canchas de básquet, mercaditos y piletitas públicas. Los jinetes y bestias del Apocalipsis están estrangulando al país ¿Va acaso el señor Vicepresidente echarse el fusil al hombro y la k’ulawa para derribar el narcotráfico? A lo sumo con eso alcanzará a desplumar tan sólo patos y pavos para su cena de navidad. Porque políticos avestruces sobran en el nuevo Estado Pluri.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

miércoles, 13 de julio de 2011

REVOLTOSOS Y CURSIS

REVOLTOSOS Y CURSIS

A los revolucionarios de los sesenta los educaron para cursis. Sus familias eran cursis. El Ché por un lado y Mao por otro o los hermanos Castro, incluido Daniel Ortega, fueron una expresión grotesca de lo cursi; pues, bien sabemos que esos pequeño burgueses, como eran los que se decían revolucionarios, nada más querían parecerse e imitar a la burguesía; la barba, el fusil, sólo fueron excusas. Los chicos de blue jeans hablando de la pobreza del país, que cosa más cursi. Así que de revolucionarios como Gandhi o Luther King, nada, su cursilería revolucionaria no pasó de lo revoltoso.

En la Bolivia de Evo Morales y García Linera, hoy por hoy, se ha fraguado lo cursi por arriba y lo indígena popular por abajo. Por arriba, digo el gobierno, se quiere parecer cada vez más a una monarquía y sí pudieran restaurar en nuestro país un pusaj (9) tinsuyo, no dudarían; pero, por abajo, han buscado imitar o hacer parecer algo de socialismo, pero socializando la corrupción y el narcotráfico; aunque esa fascinación que muestran por el socialismo más parece la de un merluzo (borracho).

Un revolucionario reprimido y un obrero o indígena desclasado, son cursis de la peor raigambre. No es acaso cursi el Vice que se pasea por el Palacio Quemado con su abrigo negro muy a lo conde Patula o como no hace mucho acaba de confesar en un programa cursi de Santa Cruz, que va con su novia (o) invisible a pasear por las orillas del lago Titicaca, siguiendo quizá las huellas de Manko Capac y Mama Ocllo; los obreros e indígenas desclasados en el gobierno abundan, no. El señor Surco representa al típico sujeto desclasado, porque el régimen terminó por arrancarle la conciencia de clase y lo queda de él es sólo un cursi de lo más ordinario.

Pero, hay quienes nos salvamos de la cursilería hereditaria y de la educación sentimental de la cursilería. Unos porque leímos a tiempo a los metafísicos ingleses y los poetas malditos de Francia. Otros porque nos dimos cuenta en su momento, que entre el revoltoso cursi y el liberalote épico erótico, no había más diferencia que la del horario, pues, los primeros iban a misa de las siete y los segundos a la de nueve. El revoltoso cursi, el liberal erótico, el indígena desclasado, yo creo que son las capas antropológicas que hemos ido amontonando los bolivianos. Aunque todos hemos tenido un poco de lo uno o de lo otro, incluidos los novelistas, poetas y gamberros (libertino, pendenciero, malhechor). Si bien aprendimos todos a usar los tenedores, todos, niños de ayer y de hoy, nos cubre un manto común: la pobreza y lo cursi. Para no seguir con la cursilería de izquierda y el desclasamiento indígena, que además, han terminado aceptando todos los mitos del mercado, todas las conductas burguesas, todos los mimetismos y todos los vicios, sólo nos queda en este Estado Plurinacional de las cosas, vivir cada uno nuestra propia película todos los días en la calle. O finalmente, recuperar una nueva ola de gamberrismo como medio de protesta social.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

MAGNIFICAS Y MISES, DESECHABLES

MAGNÍFICAS Y MISES, DESECHABLES



Desde que Pablo Manzoni (Pablo Mamani en aymará) con la mochila al hombro, se le ocurrió eso de las magnificas y a la señora Gloria Limpias (muy seguros no estamos de su pristino apellido), los concursos de belleza para mises de todo y de nada, los bolivianos, no hemos dejado de tener chicas para consumir, para anunciar, para mirar, para criticar (como fue el caso de la Piñeiro y los añitos que se rebajó para ganar el mis Bolivia 2010). Tenemos chicas para colgarlas en un almanaque, para enseñar sus dotes, para corromper a políticos y empresarios. Tenemos ya las chicas necesarias para el siglo, para todo el año, para el mes, para la semana, para el día. Pero, menos mal que existen quienes no caen encandilados por esa farsa mercantil, de las magnificas y mises, luciendo sus magníficos troncos. María Galindo, la versión femenina de Bukosky, les ha dado dura pelea a los magnates de la belleza plástica (incluida la cirugía) en Bolivia: el señor Manzoni y la señora Limpias.

Eso de la aceleración postmoderna ofrecida en los concursos, ya va siendo cada vez más una tontería; nada más consiste en hacer creer a las niñas ingenuas, que pueden cambiar de ropa interior tres o cuatro veces cada día; de coche tres veces cada dos años y de hombre una vez cada fin de semana, por supuesto, dependiendo del pavo. Claro, y lo más aberrante es que les hacen creer a las pobres que debemos cambiar de presidente cada 20 o 30 años.

Bueno, visualmente uno cambia de apetencias (chicas) a cada rato. Pero eso del negocio de la belleza está de buen tamaño. Y claro, como en Bolivia ya somos muy modernos, nos damos cuenta muy rápido de las diferencias en las chicas mercancía de un año a otro. Las magníficas y candidatas a mises del año pasado, eran un poco más domésticas; las de este año, como que las quieren hacer ver un poquito unas duquesitas, pobres pero progres, como si sus madres les hubieran bordado en los pañales una corona. Así, los eventos de belleza terminan siendo un festín de merluzas, una aglomeración para los ambiciosos, cuando la gran ambición que deberíamos tener los bolivianos debería ser la libertad.

Qué bien has dicho María G., que la liberación femenina, no pasa por un modelo nuevo de auto, un peinado carísimo, un vestido de lentejuelas, un contrato fotográfico para un almanaque o la imagen de una empresa o una portada para un desnudo, ni tampoco la chequera de algún sadomasoquista magnate. Pablo Manzoni y Gloria Limpias hacen chicas para echarlas al basurero, como esas toallas higiénicas que anuncian en la tele. Pablo Manzoni y Promociones Gloria, sólo le ponen precio a la belleza boliviana, en pocas palabras, promocionan rosas para que caigan en el wisky, la droga, la liposucción, la carnicería plástica o una aventura nocturna bien recompensada. A ver qué hacemos con tantas magníficas y mises, desechables y una democracia aparente.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

martes, 28 de junio de 2011

ASUNCIÓN: MITACUÑA PORÁ

ASUNCIÓN: MITACUÑA PORÁ

Para Ninfa Martínez y Egdar Pou

Asunción es un libro abierto en el que puede anotarse muchas cosas, las cosas que a Asunción le pasan. He caminado por las orillas del río Paraguay, donde seguramente, Augusto Roa Bastos, iba a ver los crepúsculos como ahora uno se sienta a mirar la tele o navegar en la red.
El aire blando, húmedo, tan sólo cortado por esos siniestros gruñidos de los grandes colectivos que se pasean raudos por las calles –sin semáforos– o las largas columnas de autos al atardecer. Asunción es una bella dama sobre los hombros del enorme río guaraní. La gente de Asunción es alegre y el guaraní que emerge de sus labios se escucha como una canción bajo una luna plateada. El viajero que pasa por Asunción se posa como un ave sobre la verde alfombra de su paisaje. Por sus anchas calles, asoladas, deambula desde el amanecer hasta la noche, el sabor del mate que quema la garganta deliciosamente. Sobre las ondulantes aguas del río, a pleno medio día, se desliza una suave brisa, agradable, como una caricia lenta y sabrosa.
Claro que en Asunción pasan otras cosas. La exuberante flora y fauna. El canto de los bien te veo, que tanto gustaba A.R.B. en el Trueno entre las hojas. O los poemas del poeta más crítico del Paraguay actual, Jorge Kanese, y cómo olvidar a los poetas Cristino Bogado, Edgar Pou (el cazador de Yiyis) y la I Feria del libro Kartonero (de la que hablaré en un próximo artículo).
El taxista que me llevó del aeropuerto al centro de Asunción, elegante él, me dice: “Aquí el gobierno como que no tiene buenas decisiones, no se hace respetar. La oposición sigue siendo un obstáculo para el país”. Por supuesto que la historia sigue repitiéndose igual que el eterno retorno de lo mismo. Lugo busca afanosamente ser reelecto. Paraguay celebra la firma de Paz con Bolivia tras una penosa e insulsa Guerra del Chaco, recuerda, llora sus muertos y quiere una Paz duradera.
Yo desciendo de las montañas para quedarme un poco en Asunción. En la cárcel de mujeres, me encuentro con dos bolivianas, recluidas por tráfico de drogas. “Llevo ya aquí tres años y sin sentencia”, me dice una de ellas: “Quisiera volver a Bolivia” y su voz se quiebra en la nostalgia por la tierra. Caminar por las calles de Asunción a uno le hace sentir como un delfín feliz de las cosas.
La mujer del poeta Edgar Pou, me enseñó dos expresiones en guaraní que se las pedí mientras vagábamos por la noche asuncena: Yo te amo, mujer hermosa (Che rohayhu mitacuña porá) y tú y yo hemos tenido el hijo más bello del mundo (Yawereko mita ivi iporavéva ko) Así, mientras ascendía el avión por los aires, pude decir de Asunción: mita cuña porá; me voy pero me quedo y la segunda frase se la dije a mi esposa. Seguramente volveré para matear y contemplar otros crepúsculos a orillas del paragua (i).

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

miércoles, 1 de junio de 2011

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT

Es mayo. Voy a ver a Claudio Ferrufino-Coqueugniot. El apresurado invierno acaricia las manos y pómulos de hermosas estudiantes. Claudio está en la vereda de la calle Jordán, en actitud de esperar, con esa doble espera del que espera y del exilio voluntario. Este escritor se fue como muchos y ahora apoya en sus viajes de ida y de vuelta o de vuelta y de ida, toda su sabiduría, sus culturas, su ironía, su soledad, su madurez y su memoria.

En Claudio hay una curiosa sencillez, propia de todo escritor comprometido con su oficio. Sus bigotes de morsa y su vestir, pasan inadvertidos, de tan sutiles. “Aproveché unos días de vacación para venir a ver mi padre”, comenta. Los estudiantes pasan raudos fuera del restaurante. Este escritor habla como en sus escritos –críticamente y con vehemencia- de Evo Morales, de García Linera, de política, del país, de literatura. “Yo creo que la mujer en nuestra sociedad, tiene un poder catalizador”, afirma. “Conozco a un escritor español, que hace años escribió un libro interesante sobre Bolivia. Y no hace mucho me dijo: “Esto ahora no es como antes ¡es una mierda!”.

Comienza a fluir un tiempo cosmopolita y provinciano, que es el tiempo en el que se inscribe este lúcido y mordaz escritor, uno de los mejores novelistas bolivianos de nuestro tiempo. En su prosa periodística no ha dejado títere con cabeza dentro del gobierno actual. Montes Vanucci en Pelotas, Brasil, Carvalho Oliva en Santa Cruz y Ferrufino-Coqueugniot en Denver, Estados Unidos, son los últimos testigos literarios de una Bolivia que se desarma y se hunde lentamente en el lodo izquierdista. Claudio se salva en su obra bien trabajada y su tiempo bien vivido, a pesar de la distancia y el exilio voluntario. Me muestra, la última edición vasca de su novela ganadora del Casa de las Américas 2009.

Toma café exprés. Qué peregrinación sus visitas a Bolivia a Cochabamba. Habla siempre de la Bolivia real. Qué mañana más transparente para llegar al escritor esencial que mira al tiempo nuestro, a este universo miope de un país entregado por ahora a una necia política del arribismo y los lambiscones; a pesar de su exilio voluntario su mirada está cargada de muchas horas para leer y escribir, mientras otros (políticos pluri) se disputan como buitres unas migajas del efímero poder político. A un hombre así, a un entendedor de las cosas y de su raza, de la hibridez de su cultura y compleja realidad del país, se le deja vivir en el exilio.

Salimos al frío de una mañana cochabambina, que siempre la he visto un tanto apoteósica y tediosa. Caminamos por las calles de la Universidad, Claudio, su bolsa de libros y yo. “Henry Miller me causó una sensación agradable, placentera, cuando lo leí hace años. Hasta creo que me quedó algo de su estilo. Mira, Iván, yo creo que aquí en Bolivia hay mucha gente que sabe de literatura pero muy poca que entiende de literatura”. Qué lapidaria visión de este erizo y su pensamiento centrípeto, digo, siguiendo a Isaiah Berlín.

Claudio Ferrufino-Coqueugniot es un escritor único, lúcido, irónico y directo, que representa la conciencia ética y estética de muchos bolivianos. El escritor avanza despacio bajo el radiante sol de esta mañana, llevando en su bolsa de plástico tanta riqueza de vida, de palabra, de obra ¿Cuánto le cuesta al país mantener un político (Presi, Vice, ministros, viceministros, gobernadores, alcaldes y directores generales? Un ojo de la cara, una fortuna que se usurpa a los pobres, a los más necesitados y débiles. En cambio al escritor, al gran escritor, se le mata de hambre toda una vida, en suma, el escritor no le cuesta nada a este país. Adiós abril, adiós mayo, adiós Claudio.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo