jueves, 23 de octubre de 2008

IDEOLOGIA Y POBREZA

IDEOLOGÍA Y POBREZA

Para Miguel Manzanera S.J., maestro y lúcido crítico de las Ideologías
La falsedad abominable con la que Evo Morales y Álvaro García, han cincelado su discurso encantador que adormece a las masas, tiene un ingrediente: los pobres y su pobreza; la ilusión derramada sobre las masas de su pronta eliminación, no sólo ha hecho de ésta un sueño boliviano, desde la óptica masista, sino además un modelo apetecido por otros Estados; este sueño labrado por el MAS al calor del oportunismo quiere ser catalogado como producto de exportación, made in Bolivia.
Pues bien: este producto pretensiosamente exportable lleva el sello de los movimientos sociales, que experimentan de momento un encandilamiento endemoniado por la figura del caudillo protector, cuando hoy por hoy, éstos debieran tener más interés por reconocer la real dimensión de la explotación material que sufren; sin embargo, participan de una ideología masista que disfraza y maquilla la extrema pobreza, y peor aún si la masa sin conciencia política termina disculpando y hasta sacraliza este proyecto; la ceguera llega al punto de la inmolación en función de perpetuar (la especie) el poder de los del centro (Morales, García Linera, Quintana, Rada, Yasik, Llorenti, Peredo…).
Leamos entonces en este contexto, la ideología del proyecto masista –sin dejar a un lado la comprensión general de Ideología como un sistema de medios, naturales o artificiales en orden a la consecución de un fin– en el sentido que la usó Marx para denotar aquélla puesta al servicio de intereses que deforman la percepción de la realidad, que la manipulan y adecuan a intereses mezquinos de un grupo, hablamos de los nuevos oligos; aparece en ese sentido de forma transparente, los tres años de gobierno masista en los que los ensayos socio-económicos (ideológicos) han primado por encima de la erradicación de la pobreza en la que viven miles y miles de bolivianos y bolivianas.
Por otro lado, me temo, fruto de esta fachada, la relación entre los gobernantes y gobernados, se irá tornando cada vez más distante y aleatoria en términos democráticos, porque los segundos no pueden apreciar en qué medida sus gobernantes toman decisiones en función del bien común; así, sólo nos queda una democracia aparente, en la que los nuevos oligos encontraron la manera de dar al pueblo la impresión de que ellos ejecutan la voluntad general, pero, que en el fondo permite hacer prevalecer la sabiduría de los líderes, sabiduría ancestral como la del canciller Choquehuanca.
La manipulación de la pobreza y los pobres con fines meramente políticos, en boca de Morales Aima, alcanza ribetes escatológicos de la mejor teología paulina (promesas): “Si el Evo no puede vencer al Imperio Capitalista Neoliberal lo hará el pueblo, les digo desde mi experiencia de presidente”. García Linera no queda lejos, cuando pregona las bondades del proyecto de constitución y de cómo ésta apenas entre en vigencia producirá frutos paradisíacos que darán lugar a una vida absolutamente distinta y que proporcionará a cada uno de los bolivianos todas las bellezas y placeres concebibles tras la instauración de la nueva sociedad y la emergencia del hombre nuevo boliviano: “A partir de ahora –ha manifestado– existe un antes y un después; ha partir de ahora se acabaron los sufrimientos, las penas y las tristezas, las marchas; se acabó el país de unos pocos y nace el país de la gente”; de esta forma, en el imaginario de García Linera, la nueva constitución surge como un poderoso instrumento de ingeniería social que al solo “sésamo ábrete”, las puertas del paraíso social boliviano quedarán abiertas de par en par para que el mundo lo contemple azorado.
Pero, lo inevitable de este sueño está por venir y será cuando descubramos a nuestras propias expensas el espesor de la realidad. Y muy pronto chocaremos con la complejidad que nos espera cuando se caiga en la cuenta de que el masismo quiso poner la realidad al servicio de intereses sectoriales. Y más temprano que tarde la realidad se vengará de tales intentos.

Iván Castro Aruzamen
Téologo y filósofo
Profesor de Derechos Humanos - UCB

jueves, 16 de octubre de 2008

EL DIÁLOGO DEL CAZADOR

EL DIÁLOGO DEL CAZADOR
Desde todos los ámbitos de la sociedad ha brotado un clamoroso pedido: la urgente necesidad de construir un diálogo responsable, concertado, lúcido, que abra el camino hacia una paz social duradera en el país; y que de una vez por todas los acuerdos sean hechos en función del bien común; está claro: se necesita el diálogo ¿pero qué tipo de diálogo? Un diálogo que trascienda la mera dialéctica, por lo tanto que vaya más allá de una presunta objetividad –objetividad entendida como el reinado de una lógica divorciada totalmente de toda comprensión de lo humano como un criterio de riqueza.
El gobierno del MAS, sin embargo, se empeña tozudamente en llevar adelante el diálogo desde un criterio demasiado objetivo y dialéctico. Un sencillo ejemplo puede ayudarnos a entender y explicar la actitud del poder ejecutivo. Un policía encuentra un borracho que, en plena noche, busca a gatas su llave bajo la única luz en varios kilómetros a la redonda.
“¿Qué haces?”, pregunta el policía.
“Busco la llave de mi casa”, contesta el borracho.
“¿Lo has perdido aquí?”.
“No, pero es el único sitio donde hay luz”.
Pues, la única luz con la que el masismo intenta apoderarse del poder total, no es otra que el racismo encubierto en el slogan de la revancha histórica; así lo muestra el texto en el preámbulo de su proyecto de constitución: “y jamás comprendimos el racismo hasta que la sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”; sólo la miopía del Zist sim leben (el contexto) puede llevar a esta visión histórico-acrítica.
El país necesita avanzar pero no por el camino del diálogo impuesto por el masismo linerista, que busca sólo convencer, es decir, imponer una verdad bajo el eufemismo del rol decisivo en la historia, sometida a las leyes de la objetividad dialéctica. Es así que voceros del gobierno intentan por todos los medios empujar el diálogo a la arena de la lógica donde se libra la lucha entre ideas. Cuando todo verdadero diálogo recíproco se da en el ágora espiritual del encuentro de seres que hablan, escuchan y que se espera sean algo más que máquinas negociadoras; porque sencillamente todos sabemos, que en la arena se pelea a muerte en cambio en el ágora se habla y se escucha. El diálogo que traspasa los límites de la pura racionalidad requiere de una actitud de desprendimiento y no de una estrategia para definir y determinar quien tiene la razón.
Las acciones del ministro Quintana, no muy lejos del proceder de Sánchez Berzain, desdice cualquier intento del ejecutivo, por lo menos de llevar adelante el diálogo dialéctico (político); éste siniestro operador del actual gobierno, ha puesto en marcha una brutal “epistemología del cazador”, es decir, toda una actividad dirigida, planeada, razonada, montada exclusivamente hacia la caza de voces discordantes con el discurso oficial; esto sólo es posible realizarlo desde una razón instrumental, lo que contradice abruptamente lo escrito por el masismo en el artículo 10 de su propuesta: “Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz…”; toda razón instrumental propugnada desde el Estado es contraria al pacifismo y está reñida con la condición humana y, sobre todo, con el amor y la humildad. El cazador desde esta óptica sólo quiere matar o por lo menos herir a su presa para capturarla.
Los paladines del masismo, si miraran más allá de sus narices y escucharan al poeta nicaragüense, Ernesto Cardenal, revolucionario de muchas décadas –no de ayer–, aprenderían un poquito cuando dice: “Las personas son diálogo, digo,/ sino sus palabras no tocarían nada/ como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,/ como comunicaciones a planetas deshabitados,/ o gritar en el vacío lunar/ o llamar por teléfono a una casa sin nadie”; de ahí que un diálogo sincero implique antes que el pensar todo el ser y requiera tanto un corazón puro como una mente abierta, cualidades absolutamente ajenas al masismo de Linera y Morales.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de Derechos Humanos - UCB

miércoles, 8 de octubre de 2008

EL ESTADO Y LOS NUEVOS OLIGOS

EL ESTADO Y LOS NUEVOS OLIGOS

Bolivia puede parecer a quien la mira globalmente desde el exterior o desde adentro, un país donde la vida propiamente política está reducida al mínimo. Es un hecho innegable, la reducción, y el continuo cercenamiento de las formas corrientes en que se expresa la función política: por ejemplo, las últimas consultas y la malograda asamblea constituyente, ha demostrado que no existen elecciones democráticas o si se perorata de su existencia es sólo de forma; no existe pluralismo partidario porque se va instaurando la lógica del partido único; los líderes regionales, van perdiendo terreno porque el gobierno los ha metido en la espiral de la violencia, y allí llevan todas las de perder; no existe un parlamento que controle al poder ejecutivo, más una oposición casi invisible moviéndose a tientas; el estado de sitio tiende a extenderse hacia todos los departamentos opositores, con el único y solo fin de impedir cualquier tipo de reuniones o actividad política contraria al proceso masista; todo nos demuestra que estamos ante una forma de política clásica, despectivamente conocida como “politiquería”, execrada ésta en su momento por el actual líder cocalero y Presidente Evo Morales.

No podemos pasar por alto, en este estado actual de las cosas, la total y absoluta falta de “conciencia política” de una masa que actúa bajo la bandera de movimientos sociales, y que poco a poco han ido dando a luz a la nueva oligarquía indígena-dirigencial, vinculada territorialmente a la producción ilícita de substancias controladas; ahora bien, esta enorme proporción de población está desprovista de los medios más elementales para juzgar entre sistemas o planes políticos. Ese 64% de hecho es la base politizada que la nueva oligarquía maneja a su antojo, en razón de la incapacidad de la misma para juzgar el bien común.

No es extraño que el proyecto político del MAS desde el inició de su ascensión al gobierno, haya buscado la supresión de la legalidad; la política que se esconde detrás de todas estas acciones, está abarrotada de medios ortodoxos de conservación del poder, entre ellos los métodos del terror y el miedo; por supuesto que las consecuencias de esta práctica es la consiguiente hipertrofia y exageración de la función política, y toda hipertrofia de la política es esencialmente oligárquica.

Lentamente esta nueva oligarquía indígena del poder ejecutivo, cuyos rostros están muy lejos del denominativo, se van convirtiendo en ser lo que ya son, frente a las masas de octubre, es decir, “oligos”, escasos, débiles numéricamente, herodianos, los toreros del pueblo, y que sólo pueden sobrevivir en el poder aliándose a la fuerza exterior (Venezuela, Cuba, Irán); esta es la prueba clara de la continuidad del subdesarrollo político, un problema endémico desde la creación de la República.

Es evidente que el esquema centralizador que subyace al proyecto político de los nuevos oligos indígenas, está caracterizada por la ruptura del orden legal establecido. Ello no es fortuito, pues es el primer paso de toda pretendida revolución; pero esta no es razón para que el totalitarismo político del MAS condicione el desarrollo de otros sectores de nuestra sociedad y frenar algún tipo de desarrollo democrático. La lógica de los perros hambrientos, ya muy conocida en la maniobra política del gobierno, permite cercar el congreso, los departamentos o regiones donde se genera opiniones diferentes; tras la asfixia alimentaría que produce un cerco, no sólo salen afectados los opositores al estado, también los propios adeptos del MAS, e inmediatamente el aparato estatal recurre al trueque, al más genuino estilo andino, intercambiando alimentos por confianza y sometimiento; todo lo que pueda tener de propaganda y optimismo el proceder de un Estado benefactor como el que pretende llevar adelante el MAS, queda en primer lugar la paludina confesión de que la tan demagógicamente “democracia popular” en realidad no es más que una “dictadura narco-sindicalista” chapareña, y en segundo instancia, la posibilidad de que este totalitarismo, no sea mas que una etapa provisoria en la vida política del país, tras su hetacombe surga una Bolivia de la legalidad, los derechos humanos y la evolución política.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de Derechos Humanos
email: iaruzamen@hotmail.com

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El PAÍS DESNUDO

EL PAÍS DESNUDO

Hasta hoy, el país, nunca había aparecido en toda su desnudez, mostrando cómo toda la frustración histórica de su imaginario por construir un Estado nacional, no fue nada más que un narcisismo soterrado a la luz de una práctica política que da asco; esta práctica del cinismo político no sólo le hubo sumido en una inercia histórica, pues, le llevó a guardar su odio en el más profundo laberinto de la soledad; y no es que como sociedad hayamos olvidado y dejado pasar por alto las enormes desigualdades que han marcado el destino, no sólo del país, sino de todo un continente y más de la mitad del planeta; pero, hoy más que nunca ha brotado un odio incontenible desde el seudoconcepto de etnia, en el que no hay cabida para las diferencias; las identidades asesinas, reclamadas tanto por unos como otros (movimentistas hacia el socialismo/autonomistas inclaudicables) no han hecho otra cosa que conducirnos al borde de la irracionalidad, el genocidio. Y aunque parezca una novela latinoamericana del realismo mágico, pues, no lo es: no ha sido la izquierda recalcitrante del afeminado García Linera y sus lacayos, ni la derecha atrincherada en la autonomía regional, inteligentemente robada a los pueblos de tierras bajas, los que nos han conducido al odio y la violencia; es sobre todo la pugna por el poder político, la que ha conducido a que ambos bandos hagan uso del Estado Criminal para fines estrictamente maquiavélicos.

Ya no importa ha estas alturas instaurar un socialismo andino (anodino) o capitalismo aymara, lo que cuenta más allá de toda ideología es el apoderamiento del poder como fin en sí mismo; por supuesto que el lúcido Foucault de la Microfísica del poder, no tiene reparos en afirmar que el poder corroe hasta la mugre de la uñas; y así como nos demostró el fracaso histórico de Bolivia, la ceguera de gobernantes de toda laya, frente a las mayorías sumergidas en el miseria, otra vez, campesinos, indígenas, originarios, comunarios y otros sectores desprotegidos, terminan aplastados por un discurso mimetizado, engañoso, mentiroso y amañado, bajo la bandera de reivindicaciones sociales e ilusionados por el espejismo de un poder que no ejercen; pues, la voz que ayer reclamaba la teología de los años sesenta, para aquellos que no la tenían, y que ella sostenía hacerla escuchar, ha sido usurpada por la praxis de políticos, que causan asco, como hace unas décadas atrás; la voz de los indígenas y campesinos, hoy, tiene rostros demasiado occidentales, tiene la fisonomía de la guapa gente, burguesa, de izquierdas, tiene el dulce semblante de unos García Linera, Juan Ramón Quintana, Alfredo Rada, Fabián Yaksic (que suena tan valcánico como Marincovic), Antonio Peredo o como el de Rafael Puente, hijo de un ibérico fascista, pequeño cerdo burgués, o un enternado Sacha Llorenti, cuyo apellido es tan italiano como el de Mussolini, o el siniestro viceministro Arce, que se tilda de católico; pues, todos ellos no son sino la clonación de los otrora, Sánchez de Lozada, Sánchez Berzaín, Banzer Suárez, Paz Zamora, Carvajal Donoso, Doria Medina, o el no tan lejos demócrata cristiano Benjamín Miguel; que hayan llegado al poder, los Mamani o los Choque, o los Chipana, o los Quispe, o los Condori, no es más que una ilusión fruto del espejismo de un poder político que anhelaban tocarlo.

Así, aparece el país que heredaran las generaciones futuras, desnudo, dejando al descubierto las llagas del odio insuflado por los nuevos mesías de los pobres, los indígenas y campesinos, que miran a estos nuevos miserables y desarrapados como un rebaño y los empujan lentamente hacia el abismo de una nueva derrota y frustración histórica: ya lo hizo el neoliberalismo de los 80.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y Filósofo
Profesor de DDHH - UCB

miércoles, 20 de agosto de 2008

Adolfo Bittschi: fe y cultura en la Iglesia Boliviana

ADOLFO BITTSCHI: FE Y CULTURA EN LA IGLESIA BOLIVIANA

La Iglesia en Bolivia y América Latina, necesita una profunda renovación –generacional como teológica– a nivel de las altas jerarquías. Nos sería sincero –como cristiano y católico– si no mencionará la inmensa preocupación que me invade frente a la total ausencia de una praxis profética, en obispos y cardenales; sin embargo, seguir aferrado a la idea de contar con mártires de décadas atrás es casi un sueño. Pues, urge en nuestra Iglesia hombres y mujeres que den testimonio de Cristo resucitado aún en la espesura de la realidad (Juan Luis Segundo). Asimismo, en los albores de este siglo se hace necesario radicalizar una auténtica inculturación y las semillas del Verbo, en una verdadera práctica intercultural; evangelio y culturas hacia un diálogo intercultural fecundo, hacia un modo de vida, hacia una ética, son los desafíos para pastores y laicos en toda Iglesia peregrina, mucho más después de lo acontecido en Aparecida.

El padre Adolfo Bittschi, recientemente consagrado obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Sucre es uno de esos pastores que ha cultivado una pastoral intercultural seria. Conocí a Adolfo, justo cuando el país regresaba a la democracia tras largos años de dictaduras militares. En ese entonces, muchos adolescentes en mi pueblo –entre las montañas del sur chuquisaqueño– veíamos al padre Adolfo, sereno, convencido de su fe y, sobre todo, con el aura de pastor y hermano.

El padre Adolfo, durante todos estos años, acompañando a hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y enfermos, a lo largo y ancho de su parroquia en Incahuasi, no hizo distinciones de clases sociales ni opciones ideológicos en su servicio misionero. Hizo suya en su praxis evangélica eso que escribió, el escritor líbano-francés, Amin Maalouf, en Identidades Asesinas, “lo que hace que sea yo, y no otro, es ese estar en las lindes de dos países, de dos o tres idiomas, de varias tradiciones culturales. Es eso justamente lo que define mi identidad”. Recuerdo, las muchas veces que charlamos largamente sobre distintos temas y seguí de cerca su entrega, sin límites, a favor de los más pobres y desfavorecidos, jamás escuché que se definiera como alemán o europeo, sino llana y sencillamente, boliviano-alemán, porque no dejó su lengua madre, más bien la enriqueció con un castellano nítido y un quechua que lo acercó a las angustias y sin sabores de los pobres, esparcidos por quebradas y laderas de su parroquia.

La casualidad hizo que los padres alemanes de Babiera llegaran a la zona de Cinti. A un grupo de los primeros misiones en 1958, el gobierno peruano, les negó la entrada a ese país dejándolos varados en le puerto del Callao; el entonces Cardenal José Clemente Maurer, hizo las gestiones para su entrada en tierra boliviana y posterior traslado a las provincias cinteñas; dos años después llegarían al otro lado del departamento, los sacerdotes de Trier. En el nombramiento del padre Adolfo, como obispo auxiliar de Sucre, se hace un justo y merecido reconocimiento al esfuerzo realizado por los padres alemanes que han pisado suelo chuquisaqueño, dejando la impronta del evangelio (no cabe aquí describir el enorme trabajo desplegado durante estos 50 años de presencia por todos estos apóstoles alemanes).

El recuerdo de muchos de ellos permanece aún vivo en varios pueblos donde dieron testimonio de su fe. Vaya un recordado homenaje y agradecimiento a Leonardo Niebler, Xavier Mader, Albert Köwler, Alois Shöffer, Conrad Müller, Edwin Reich, Otto Strauss, Eugenio Wiesmuth, Enrique Shmiff, Pedro Bubrach, Godofredo Zils (+), Antonio Reichilstine, Rodolfo Euteniur, Heriberto Latz, Claus Weber, Lothar Brucker, Mijael Jastier, Reynaldo Rath, Ernesto Theobald, Edwin Grauss, Leo Shwarz (obispo emérito)… y muchos otros.

Estoy convencido que el solideo encarnado que llevará el padre Adolfo, es fruto del polvo de los caminos recorridos, de largos tramos a fuerza de lomo de mulos, el sol de fuego, el frío punzante de las madrugadas, las noches de luna llena y su rebelde esperanza. Es perfectamente aplicable, lo que escribió el paraguayo, Augusto Roa Bastos, en El Trueno entre las hojas, a la figura y trayectoria misional del padre Adolfo, obispo: “ya era el obispo de los pobres, su única diócesis honoraria y real, y nunca tendrá otra más que esa. El clero temblará secretamente al verlo sentado en el sillón obispal” –porque Adolfo es inflexible con la salacidad y la corrupción.

Sus feligreses, no sólo en Incahuasi, sino en todo Cinti, saben que “sus dedos no dejaban el misal para barajar los naipes mugrientos del truco o del monte; sus labios no iban del borde del cáliz a los jarros de aguardiente (cañazo); su cuerpo no se desvestía de los ornamentos para desnudarse en la conscupicencia o la lujuría. La castidad estaba incrustada en sus riñones como un hacha. Y como no podía hacer hijos con su sangre de hombre, los parió con su sudor y su amor. Todos los pobres fueron (son) sus hijos”.
La conferencia episcopal boliviana, ante la necesidad de renovación, ya tiene un poco de oxígeno nuevo con obispos nativos como Oscar Aparicio, Ricardo Centellas o Jorge Herbas, en los que recae un gran desafío y responsabilidad: generar transformaciones y vientos de cambio importantes para el quehacer pastoral de la Iglesia de cara al siglo XXI. Con el padre Adolfo Bittschi, uno de los obispos más interculturales que conozco, la conferencia recibe otro poco de oxigenación para renovar su testimonio en Bolivia.

Iván Castro Aruzamen

miércoles, 28 de mayo de 2008

CARTA ABIERTA A ADOLFO PEREZ ESQUIVEL

Carta abierta a Adolfo Perez Esquivel
(Premio Nobel de la Paz)

Es de sobra conocido su trabajo a favor de la lucha por los derechos humanos y su propuesta de la no-violencia en América Latina. Es loable todo su esfuerzo por los pobres. Pero, no acabo de digerir –sus apreciaciones sobre mi país– y no puedo hacerlo porque soy boliviano; uno más de los cientos, que vive y sufre el marasmo en el que andamos metidos, por culpa de dos facciones encontradas, producto de la coyuntura actual. No dudo de su buena fe –siempre y cuando su opinión no sea otra más del ególatra argentino– respecto a su mirada sobre la situación de mi país; sin embargo, advierto que existe en sus juicios un sesgo de parcialidad, además, sujeto a la superficialidad. Me gustaría empezar haciéndole algunas preguntas, ¿usted conoce Bolivia la de adentro la profunda, más allá de su eje troncal? ¿Ha sufrido en carne propia la embestida de un racismo explosivo –nunca tan lesivo a la dignidad humana en toda la historia democrática, como hoy– instaurado por el presidente Morales tras su discurso antineoliberal? ¿Ha pisado sectores campesinos, no afines al partido (movimiento) de gobierno, que no han visto en su entorno un ápice de transformación y cambio propuesto por Evo Morales y los pobres (invisibles) del palacio de gobierno? ¿Vio acaso la zona del Chaparé y el cono sur cochabambino (Totora, Mizque, Aiquile) donde el tráfico ilícito de cocaína (garantizado por los sindicatos) es el pan de cada día? ¿Viajó en algún microbús abarrotado de campesinos que miran con desconfianza a quién lleva unas gafas o viste diferente? ¿Presenció la borrachera de campesinos en la que las arengas antineoliberales están a flor de labios sin tener idea alguna de las mismas? ¿Conoce el trabajo de cubanos y venezolanos (practicantes) que obligan a la gente a aprender el himno de su país como agradecimiento por la ayuda recibida y los atropellos que cometen en nombre de la misma, lo mismo, que los yanquis ayer? ¿Observó algún linchamiento (asesinato) en nombre de justicia comunitaria, las más de las veces a inocentes, lesionando el derecho a la vida, por muy culpable que sea la víctima?...

Y más allá de los intereses encubiertos de la burguesía cruceña que usted crítica, nada nuevo bajo el sol –dice el Quohelet–, muchos bolivianos estamos de acuerdo con la inhumación del modelo centralista –del que hicieron las logias cruceñas un vehículo de sus mezquinos intereses–, al cual se arrimó –equivocadamente– el MAS en el referéndum nacional sobre las autonomías. No crea –ingenuamente- que un gran porcentaje de la población vive de espaldas a la lógica de utilidad que buscan legitimar los terratenientes del oriente detrás de las autonomías y los estatutos; pues no, más bien los tenemos bien identificados y no necesitamos que nadie nos venga a hacer caer en la cuenta del barro en que estamos empantanados. Asimismo, tiene mucha razón cuando dice que los oligarcas no soportan a un indígena (monolingüe) como presidente o a una señora de pollera (cantante de coplas) como ministra de justicia; sepa que no sólo son los autonomistas los que tienen esta actitud sino sectores medios que entienden medianamente el dicho “zapatero a tus zapatos” y mucho más cuando hablamos del ejercicio de la función pública con miras al bien común. ¿Por qué entonces la reciente nacionalizada??? YPF no da visos de mejora cuando tiene al mando un abogado (todólogo)? ¿No debiera ser un especialista en petróleos el encargado de esta empresa? ¿Es un derecho humano realizar una actividad para la cual uno no tiene facultad alguna? ¿Acaso un maestro carnicero está facultado para realizar una operación quirúrgica? ¿Es lícito arrogarse –como lo hace la izquierda boliviana, clásica posición de los intelectuales baratos– la voz de los pobres (campesinos) y aparecer como los salvadores (elegidos) cuando de miserables no tienen nada?

Comprendo la nostalgia que siente por las voces proféticas de obispos y sacerdotes conocidos por usted; y claro cómo olvidar a Helder Cámara calificándolos a los terratenientes brasileños de prostitutos sagrados o Leonidas Proaño denunciando una Iglesia Latinoamérica aliada a los ricos y poderosos, pero, asimismo sin olvidar la de los pobres y marginados; Pedro Casaldáliga seguro de que el espíritu sopla donde quiere, pero que dudaba sobre su soplo por los pasillos del Vaticano; pues, señor la lista es interminable… hoy vivimos un tiempo en que los profetas deben asumir el devenir y trasformaciones sociales, no a punta de fusiles ni campos de concentración, sino en la opción por la democracia, por los derechos humanos, pero no dentro de sistemas colectivistas que no han hecho otra cosa que sembrar terror, pobreza, totalitarismo (Cuba); los nuevos profetas de la Iglesia asumiendo la causa de los pobres deben hacerle frente al gigante Heracles desde el enigma de Anteo. Seguir creyendo que el socialismo del siglo XXI es el anticipo del paraíso en la tierra es una ingenuidad igual o peor que sostener que dentro del libre mercado y su mano invisible existe salvación (Michael Novak); por muy premio nobel de la paz que uno sea para hablar de (por, para, en, sobre) los pobres se debe ser pobre!!!

Para terminar deseo transcribir unas líneas escritas por Dominique Lapierre, en la Ciudad de la alegría: “solamente un pobre puede reconocer la riqueza que es la pobreza. Sólo un pobre puede conocer la riqueza que es el sufrimiento (…) Y porque los pobres son los únicos que pueden conocer esa riqueza, son capaces de rebelarse contra la miseria del mundo, contra la injusticia, contra el sufrimiento del inocente, (…) Y si Cristo eligió nacer entre los pobres, fue porque quiso que fueran los pobres los que enseñaran al mundo la buena noticia de su mensaje, la buena noticia de su amor por los hombres”. ¿Serán estos pobres los que están en el palacio quemado de la ciudad de la Paz?


Cochabamba, mayo de 2008

Iván Jesús Castro Aruzamen
Prof. de derechos humanos ISET-UCB

miércoles, 26 de marzo de 2008

DE ÑANCAHUAZU AL INDEGENISMO

DE ÑANCAHUAZU AL INDIGENISMO

Rafael Puente –ex viceministro de régimen interior-, otrora, militante de la compañía de Jesús, entiendo, en un tiempo de efervescencia revolucionaria, en la que se buscaba afanosamente dar razón de la fe cristiana armonizando teoría y praxis, hoy, quiere justificar el salto político-revolucionario(?) desde La Higuera al Indigenismo del MAS. No dudo que el pensamiento revolucionario –si es que sostenerlo todavía no es ya un anacronismo- haya hecho aguas en ciertos sectores de una Iglesia Latinoamericana conservadora, dependiente, mezquina, preocupada por el crecimiento y avance de las sectas; Puente, en ese contexto cuenta que se fue a ordeñar vacas al oriente boliviano, creo que el hecho no reviste mérito alguno comparado con quienes no sólo recrean esa imagen sino que viven y hacen todo un evangelio del sufrimiento y exclusión social; conocí muchísimos hombres y mujeres de iglesia –extranjeros y nacionales- con un enorme espíritu de compromiso y entrega sin límites a favor de los más desposeídos, excluidos, marginados, desarrapados, condenados de la tierra (Franz Fanon), en suma, los nuevos parias que ha generado la modernidad tardía, sin que ello haya significado abdicar de su fe y pasar a engrosas las filas de una izquierda –como la boliviana- atestada de bribones.

Acaso, un provinciano –que es lo que soy- educado en las filas de la Iglesia y que lleva una cadena de antepasados analfabetos, una madre que garabatea medianamente el castellano –su única lengua- y que los sinsabores de la vida han cincelado su rostro, no con marchas ni bloqueos, sino con las más abrumadoras tareas agrícolas, hoy por hoy, no soporta la imagen del sindicalista carraspeando el español, pues, no tengo razón alguna para renegar de una institución que hace a la historia misma de este país.

Leí las notas de Puente sobre la posición del P. Gregorio Iriarte respecto al proyecto de constitución del MAS y los estatutos autonómicos de la media luna. Escribo estas líneas, no porque el P. Iriarte no sea capaz de hacerlo, es más, pienso que habrá dicho algo o simplemente su silencio diga muchas cosas; la sencilla razón de estas anotaciones es que, ¿no es bueno y saludable, que una mente joven, con ideas frescas y apreciaciones imparciales, le responda a un hombre entrado ya en la longevidad, y de yapa, disquisiciones cansadas, dogmatismos ideológicos que le encorvan cualquier tipo de análisis? ¿Los vientos revolucionarios de hace tres décadas no terminaron en un rotundo fracaso militar en Ñancahuazú? ¿El andamiaje político-ideológico de Puente sobrepasó más allá de la Higuera? ¿No es fruto de su fanatismo, adoctrinamiento acrítico, radicalismo político, bajo el resplandor del leninismo de su época, su tristemente proyecto de librito, “De Nazaret a Ñancahuazú”, pretensioso título, además? ¿no es un testimonio claro que Puente optara por ser un ex-combatiente de la Compañía, absorbido por las ideas de un marxismo-leninismo del cual se vanagloria hasta el paroxismo? Estoy convencido que la única muestra del ideario político de Puente no sobrepasa la verborrea y el monólogo surrealista.

Es irrisorio –para no decir más- que un ex-jesuita –aunque en la viña del Señor hay de todo- tras largos años de formación filosófico-teológica y que llegó ha ser maestro de colegio de Mariano Rajoi, opositor vasco cercano al etarrismo como Chávez de las FAR, cambie el discurso de los pobres y el compromiso de Jesús por la demagogia sindical; pues, es más que evidente sostener que la opción por los pobres pasa por las necesidades del anciano, el huérfano, el enfermo, la viuda, la samaritana o Maria de Magdala, es decir, los más pobre entre los pobres. Para Puente, desde su perspectiva marxista-leninista es lo mismo ser pobre con un patrimonio de 3 millones de dólares como Evo Morales frente a aquél miserable que sobrevive con medio dólar al día o el pobre policía cuya renta no sobrepasa los 900 bs. y cuatro hijos que van a la escuela. No se puede categorizar al pobre sólo desde una dimensión político-sociológica ni hacer del pobre una wipala de lucha, en busca del poder, mientras se banquetea igual que un cholo visceral; Jesús condenó vehementemente ese tipo de blasfemia porque consideraba que el hijo del hombre no tenía ni siquiera donde reclinar la cabeza.

En este momento, en el que los radicalismos encontrados en el país han frenado toda posibilidad de cambio es completamente evangélico condenarlos. Jesús no toleró ningún tipo de Zelotismo (sindicalismo, nacionalismo etnocultural, indigenismo, populismo, etc.) ni Fariseismo leguleyo alguno (movimientos cívicos, burguesías autonómicas, ultraderechas, etc.). Mantenerse equidistante de un indigenismo rampante y una ultraderecha salvaje es lo más sano aunque esta posición sea tachada por ambos bandos de cinismo o traición a la causa de los pobres, o finalmente lo que se le quiera llamar.


Iván Castro Aruzamen
Profesor de Derechos Humanos - UCB