lunes, 8 de julio de 2013

¿ILUSION INFANTIL Y/O CONSUELO INTERESADO?



¿ILUSIÓN INFANTIL Y/O CONSUELO INTERESADO?

No sólo hoy parece resquebrajada y conmocionada la ideología (?) socio revolucionaria del masismo del siglo XXI, sino que, todo nos va demostrando que es imposible que una revolución política –por supuesto la más superficial de las revoluciones que los seres humanos pueden hacer, según Aldoux Huxley– pueda, desde su soledad, conducirnos hacia el paraíso terrenal, así sea expresamente humano.
Los signos de la conmoción económica, por ejemplo, son cada vez más evidentes, a pesar de los altos precios de las materias primas en el mercado internacional. Los desastres que se avecinan son fácilmente predecibles, bajo la política monetaria del gobierno y su economía plural: angustia por el futuro, insuficiencia de materias primas, la escasez de energía, la imparable degradación ecológica, la explosión demográfica en las urbes, el hambre, la pobreza y la persecución de los derechos humanos. La crisis de lo político ha adquirido tonalidades escalofriantes en este proceso de cambio; porque quienes llegaron al poder, nunca tuvieron la intención de cambiar del poder, sino solamente reproducir el mismo como siempre se lo hizo en la política tradicional. De ahí que los conflictos entre facciones dentro del gobierno (lineristas y evistas) sea cada vez más incontrolable, así como la creciente dictadura sindical, la turbia situación de los perseguidos políticos no es sostenible por el gobierno, y, sobre todo, la ambivalencia de una ideología que se debate entre la ilusión y el interés personal, ya no es un secreto para miles de bolivianos.
A pesar de la angustia que se cierne sobre el futuro de nuestros hijos, algo que no podemos ni debemos renunciar jamás los bolivianos, es la esperanza. Frente a la farsa de un vulgar ateísmo marxista (García Linera) y la falsa conciencia de divinidad (Evo Morales), se debe renunciar por cualquier medio a todo tipo de revolución político-social en cuanto ideología, como el masismo, porque sólo persigue el cambio de la sociedad a través de la violencia, el engaño, el fraude, la mentira, la extorsión… para consolidar el dominio del hombre por el hombre, de un grupo de privilegiados burócratas del partido sobre el resto de la población. Esta renuncia no significa que se deje de buscar por todos los medios y el esfuerzo necesario, hasta lograr una modificación radical de la sociedad. Por eso no podemos continuar con el carnaval de un partido que se arroga la exclusividad y la autoridad única de explicación total de la realidad; es urgente desde todos los ámbitos de la sociedad, frenar a una revolución (chavista, madurista, evista, linerista, correista, castrista…) que se autonombra como la nueva religión que todo lo puede y todo lo salva y que lucra con la pobreza de los más desposeídos.
Es cada vez más evidente, que el rechazo o la aceptación total de una revolución, no es el camino correcto para un cambio radical de la sociedad y/o la construcción de un mundo mejor y más justo, una vida buena de verdad. El gobierno del MAS, a la cabeza de García Linera y sus jinetes del apocalipsis, han intentado a toda costa, tanto en la praxis como en la teoría, consolidar al “hombre unidimensional” (Herber Marcuse); por eso García Linera encarna a ese vulgar ateo marxista, que sólo apuesta por una nostalgia retrospectiva y un reformismo superficial en el que el interés de grupo y personal es determinante.
Hay que recordar que los tecnócratas del gobierno actual han hecho de la política su religión. Y más allá del vulgar ateísmo del vice marxista del nuevo estado pluri, si queremos preservar el futuro para las nuevas generaciones no podemos renunciar a una sociedad metarevolucionaria, a la esperanza en una sociedad verdaderamente pacífica, a un reino de la libertad, igualdad y felicidad para todos, en una sociedad mejor. Y una sociedad así, no se consigue con una ilusión infantil de hacer del indígena un dios universal ni mucho menos una luz de salvación, tampoco con un consuelo interesado, mientras el país se va a pique, pensando sólo en el bienestar personal y placeres del poder terrenal, el político.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

miércoles, 5 de junio de 2013

EL PAÍS SINTÉTICO



EL PAÍS SINTÉTICO

El actual gobierno del MAS ha reducido la función del Estado a un simple patrón en el sentido más laxo del término. La función administrativa económica del Estado Pluri es sencillamente igual que la de una fábrica de embutidos o de plásticos. La ausencia de una legislación adecuada, sobre todo, en lo que respecta a los fondos manejados por la presidencia, bajo el programa “Evo cumple”, ha generado una desconfianza tal que, la idea que se tiene del Estado no difiere en mucho a la de una factoría de pasta base, que reparte dinero por aquí y por allá para sustentar favores.
Vivimos bajo la dominación, alternativamente benévola y jocosa, de una burocracia política que engloba a líderes sindicales y burócratas onegesistas formados por USAID y, sobre todo, un montón de especialistas de la manipulación de masas, por supuesto, el más conspicuo en este arte representa el señor Vice. Así como anda nuestro sistema político, todo tiende a mostrarnos que pronto será el mismo una reliquia, y, por cierto muy temible, y su hundimiento puede sepultarnos como un alud a todos; sin embargo, haríamos mal en culpar sólo al MAS (remedo del MAS venezolano de la década de los 70). Bien sabemos que el actual gobierno, por mucho que se esfuerza en instalar un discurso de cambio, estéril en todo sentido, no ha podido solucionar los errores heredados desde la Independencia, y, la peor de todas, ha sido la instauración de lo que podríamos llamar “la mentira constitucional”, traducida hoy en la dictadura constitucional; la mentira que sufre el país desde su fundación se evidencia en la enorme distancia que existe entre la realidad legal, sea esta liberal o progresista, con la realidad de la nación que se desangra en la diferencia abismal entre unos y otros, entre los privilegios de una burguesía política y la farsa de las canchitas de césped sintético, desiertos mercados (nada más cumplen la función de sedes para fiestas, pasanakus y otros), polifuncionales deportivos. Pero, todos somos culpables de la perpetuación de una mentira así, aunque la mayor responsabilidad recae sobre la testa de los intelectuales poseídos por el dogmatismo y el espíritu del partido y su ideología. La culpa es colectiva. Nuestros partidos, del MNR a UN, del PCB al MAS, unos a la derecha y otros a la izquierda, no han pasado de la charlatanería; para muestra, la actual Asamblea Pluri donde los diputados y senadores parecen fantasmas.
El obscurantismo político ha logrado cubrir la realidad del país en todo momento con unas cuantas fórmulas y lugares comunes. En su momento aquello que llamamos por pereza y facilidad mental, derecha, recurría a viejas fórmulas como esa de que el comunismo, el colectivismo era el lado oscuro y violento de la historia y que con su doctrina convertía a las clases populares, a los plebeyos, en reaccionarios. El obscurantismo progresista, y con el perdón correspondiente, llamamos, izquierda,  ha aportado pocas ideas nuevas, y el achaque de nuestro atraso y nuestra dependencia, la pobreza y la ignorancia de nuestro pueblo, pero, sobre todo, la atribución de todos los males al imperialismo norteamericano (nuestro chivo expiatorio) ha sido un recurso de mala fe. Y las más estériles de las interpretaciones de la realidad nacional, se las debemos a los balbuceos de la izquierda y sus intelectuales.
Hasta hoy la esterilidad de la izquierda boliviana ha sido tan grande como su incapacidad para gobernar. Le falta ideas, y le falta líderes. El que encontraron no es de izquierda ni de derecha, es solo eso, una falsa idea parida por la mentira constitucional. No cuenta con un programa estrictamente boliviano. Nos hace falta un modelo de desarrollo distinto al que ofrece el totalitarismo del socialismo del siglo XXI venezolano o el anacrónico socialismo cubano, que se alimenta a fuerza mayor de gastadas fórmulas de hace 50 años atrás.
Nuestra endeble democracia y el desarrollo de la nación no requieren de realidades legales perfectas, sino tan sólo un poco de independencia, realismo e imaginación, y menos canchas de pasto sintético o construcciones que sufren de elefantiasis: mercados para trueques, casas sindicales y/o regalos de movilidades robadas a los dirigentes, para que se conviertan en propagandistas de la mentira constitucional, del país de césped sintético en el que vivimos.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

miércoles, 22 de mayo de 2013

LAS MENTIRAS DE LA REVOLUCIÒN



LAS MENTIRAS DE LA REVOLUCIÓN

Bolivia desde su independencia ha vivido bajo Constituciones republicanas y democráticas, pero, todos los regímenes sean democráticos, republicanos, liberales o conservadores, de izquierda o derecha, en la práctica han sido dictaduras. Si bien desde 1825 hasta el 2005, los gobiernos han optado por distintas ideologías, sin embargo, esas máscaras no lograron ocultar la verdadera cara de nuestra historia política, y quizá la más nefasta y aberrante: el caudillo, el déspota, el esperpento henchido de poder. Y el actual régimen, que se define a sí mismo como socialista, al igual que todos los que anota la historia política, se debate entre el discurso de una auténtica democracia –es decir teórica, por tanto muy alejada de la praxis diaria- y el caudillismo; ambos en el proceso de hoy se han tornado inoperantes para solucionar las necesidades de la gente. No cabe duda que los problemas que se van suscitando desde el contexto real local hasta el nacional, es una muestra clara de cómo el sistema se va desgastando. A pesar de que todavía hay quienes se empecinan en ver peras donde sólo existen olmos y lo llaman proceso de cambio, aunque lo más palpable de este momento político es el fortalecimiento de un grupo de nuevos burgueses, amparados en la escasa conciencia política de las masas; pero, también han demostrado que son absolutamente incapaces de resolver conflictos por medios políticos, de modo que, no les queda otro camino –a pesar de que el gobierno se define populista, socialistas, la voz de los pobres, etc.– más que apelar a la fuerza del Estado: la policía y el ejército.
El actual partido de gobierno, en una primera etapa intento algunas reformas sociales, más nunca cayeron en la cuenta sus ideólogos, que la burocratización es el destino de toda revolución superficial; por tanto una vez burocratizadas las estructuras cupulares del partido, cualquier intento de reforma social siempre termina siendo insuficiente, porque las revoluciones siempre acaban volcándose sobre sí mismas. Por esa razón, nuestra epiléptica democracia adolece de una mínima vitalidad política; pues, en las verdaderas democracias, la auténtica fuerza y vitalidad de las mismas está en la diversidad ideológica y la pluralidad de opiniones y partidos. Aunque el panorama es mucho más desolador, sobre todo para las nuevas generaciones; por ejemplo, cuando pensamos en los poderes del Estado y según nuestra Nueva Constitución Plurinacional, estos están llamados a preservar la democracia, en el caso del poder legislativo, donde el actual gobierno cuenta con una amplia y abrumadora mayoría oficialista, no es un órgano de discusión y deliberación sino simplemente de aprobación mecánica de las ordenes presidencialistas; allí, la misión de los senadores y asambleístas plurinacionales del MAS se ha reducido a aplaudir y elogiar y besar el báculo del presidente más indígena que ha pisado la historia nacional y que su indigenismo es tan pluri que sólo habla una sola lengua: el castellano colonizador. Y la función del poder judicial es aún más triste, su servilismo al poder ejecutivo ha llegado a tal punto que no es más que un apéndice y en estado de putrefacción.
En medio de ese triste y desolador cuadro político, en Bolivia no tenemos una auténtica vida política, sencillamente, porque se ha eliminado el espacio libre desde donde se despliega la discusión de las ideas y las personas. El discurso de las tres grandes mentiras sobre las cuales rueda este gobierno (el indigenismo, la plurinacionalidad y la lucha contra la corrupción y el narcotráfico) ha penetrado, sobre todo, y con una fuerza irracional, en casi todos los sectores con niveles de educación incipiente y, por supuesto, donde no es posible una actitud crítica. Todo termina siendo irreal, ficticio, porque al igual que la buena literatura, se basa en la mentira. Un ejemplo notable son los medios de comunicación, casi un noventa por ciento, dicen lo que pueden, y ese decir lo que se puede, es lo que a los grandes intereses de las burocracias del partido y sindicales les conviene parta mantenerse en el poder cómodamente. Así el único poder verdadero y real en nuestro país está concentrado en el Estado, sustentado por las mentiras y los intereses de los grandes imperios del narcotráfico, el contrabando y otras lacras de la sociedad.
¿Por cuánto tiempo más, se sostendrá la mentira de una revolución que ha teñido de gris, de conformismo, de pasividad, la vida política nacional? Quizá hasta que el caudillo caiga en la cuenta que fue secuestrado por el poder y agonice en la soledad más miserable.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

lunes, 25 de marzo de 2013

SI SE CALLA LA VIDA CALLA EL CANTOR


SI SE CALLA LA VIDA CALLA EL CANTOR
Hugo Chávez Frías, constituye el ejemplo más vivido y patético, de cómo un ser humano a pesar de sus limitaciones temporales, su finitud terrenal, es capaz  de morir por, en y con el poder, aún a sabiendas que el poder carcome las entrañas del ser humano. Por supuesto, que ese fue también el triste final, además, solitario, como el que tuvieron en su momento monstruos tan feroces que parieron las ideologías, como Hitler, Stalin, Somoza y los ya conocidos de esta década: Gadafi o el sirio, Bashar al- Assad; en nuestra reciente historia latinoamericana, en las décadas de los sesenta y setenta, toda la galería de dictadores, desde los más imbéciles hasta algunos moderados, pero dictadores al fin, ha sido común su vocación por el poder ¿A cuál de estos bandos se inscribirá el comandante Chávez? Seguramente la historia ulterior lo dirá.
Ahora, que la fragilidad humana de un simple y llano mortal y que en vida pretendió escalar hasta el Olimpo de Zeus, haya pretendido esquivar el destino con uñas y dientes, es otro cantar. Al final, ideología aquí o allá, el comandante caribeño, terminó sucumbiendo ante la única verdad incontrastable en este mundo: la muerte. Y que muchos acabaremos la vida, posiblemente, como perros, con poder o sin él, también es verdad.
Eso que se ha dado en llamar la izquierda latinoamericana, bajo la égida del socialismo del siglo XXI, aunque no es sino, la manera más cómoda de instalarse en la historia, en nombre de los pobres, es algo que va más allá de cualquier postulado ideológico, porque la realidad siempre termina por rebasar la ley, ¿y hacia dónde va esa cosa? A corto plazo es impredecible, pero, no cabe duda de que así como empezaron el pasado siglo a desmoronarse las utopías socialistas, en cuanto los tiranos desaparecieron, también es inconstrastable. Por el momento, la tarea más urgente de la izquierda venezolana, si quiere mantener el discurso, recurrirá a cuánta tetra ideológica encuentre, como tratar de convertir a Chávez en divinidad, en redentor, y para eso como iglesia secular, necesitan (rán) atribuirle algunos milagros inexistentes (sanaciones, expulsión de demonios… etc.).
Horacio Guaraní, ese cantor argentino de voz potente, solía cantar en tiempos de efervescencia de la música protesta: “Si se calla el cantor calla la vida, porque la vida misma es todo un canto…”; y si se silencia la vida, el canto desaparece. Y es eso justamente lo que ha pasado con Hugo Chávez. La vida le ha ahogado el canto. El caudillo latinoamericano más allá de ser una infeliz herencia hispano-árabe, ha vivido para concentrar el cáncer del poder hasta que la muerte los separe. Por eso cuando la vida se extingue lenta o bruscamente de la humanidad del caudillo, no hay revolución ni ideología que aguante. Por encima de las revoluciones está siempre la contingencia de la vida.
Una de las maneras más equivocadas intentando esquivar la muerte es refugiarse en el poder, porque sabemos que huir de la muerte es ir a su encuentro. Y como decía Popper, la historia universal está teñida con la marca de los más grandes déspotas, asesinos, tiranos, que han marcado el destino de pueblos enteros. Sin duda que oscuros personajes como los caudillos, los tiranos, los fundamentalistas de toda índole, vivirán su propio infierno aquí y después de la muerte, donde el llanto y rechinar de dientes es su única música. Aunque no es posible quitarles la posibilidad de que, Dante, los visite de vez en cuando acompañado del temible minotauro, devorador de hombres, para leerles algún verso consolador y/o para recordarles que si calla la vida, el canto no es más que un simple recuerdo, que las multitudes olvidan fácilmente, es así de frágil la memoria humana; y que además, después de muertos todos los hombres suelen ser buenos, según los hombres.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 25 de diciembre de 2012

GIACOMO LEOPARDI: dolor y sufrimiento


GIACOMO LEOPARDI: DOLOR Y ABURRIMIENTO
La primera noticia que tuve de Giacomo Leopardi fue la biografía sobre el poeta, escrita por Antonio Colinas, Hacia el infinito naufragio, de 1988. Allí me conmovió el dolor, la infelicidad de un espíritu delicado, frágil, tierno, sensible, noble y apasionado, puesto en un cuerpo joven y feo, como el que tuvo el poeta de Recanati. Y cómo el padre del poeta, el conde Monaldo Leopardi, condenó la existencia del pequeño Giacomo el infinito naufragio en la soledad, el dolor y el aburrimiento. Pero, Giacomo verá en la literatura, los libros, las lenguas, el único modo de evadir la condena de una vida estéril: “Así que en esta/ inmensidad se ahoga mi pensamiento/ y naufragar me es dulce en este mar” (Cosi tra questa/ Inmensità s’ annega il penseir mio:/ El il naufragar m’é dolce in questo mare).
En el Nombre de la rosa, Umberto Eco, habla de un libro escrito por un tal abate Vallet, en el que cuenta la terrible historia de Adso de Melk y cómo para seguir las huellas de ese escrito tropieza en Buenos Aires en una librería perdida, con un librito de un tal Milo Temesvar, que contenía citas del manuscrito  de Adso de Melk. En un país como el nuestro, también muchos textos de un valor incalculable, uno los puede encontrar en alguna librería desconocida o en las casetas donde se apilan montones de libros usados y piratas; cómo no va a ser el analfabetismo y la casi nula cultura de la lectura, una pandemia nacional, cuando un libro de paquete tiene el costo de la mitad de un sueldo básico, por tanto, inalcanzable para una gran mayoría; y es que además, sea este hoy un Estado Pluri o liberal hace unas décadas, nadie lee: no leen los mandarines ni los caudillos, ni los ministros, peor, los asambleístas, ni los catedráticos ni maestros, ni padres de familia, y, mucho menos los estudiantes, así, nadie lee en este país.
Pero, bueno, el Leopardi de Antonio Colinas, me abrió el apetito por sus Zibaldone, Pensamientos, Operetas y los Cantos de uno de los mayores poetas románticos del siglo XVIII en Europa, como llegó a decir Frederick Nietzsche. Empresa muy difícil hacerse con alguna de las obras del jorobado de Recanati, casi imposible en una ciudad como Cochabamba, donde las librerías se las puede contar con los dedos de la mano y todas, sin excepción, dignas hijas del buen ladrón. Aunque, como Eco, uno puede tropezar cuando menos lo espera con una joya literaria; desde hace un tiempo atrás, un peruano de dientes desordenados y que a través del celular envía sus mensajes, “el sábado estaré en Jordán. El revistero”; entre revistas de cocina, modas y textos pedagógicos, se entremezclan textos literarios fundamentales. Con gran alegría y sorpresa, uno de esos días, di con los Cantos de Leopardi, en una edición española bien cuidada de 1999; por fin, tenía entre mis manos al Leopardi del siglo XVIII.
En sus Cantos el poeta trasluce todo su dolor, su infelicidad, pero, a pesar del cuerpo frágil y enfermo que llevó por esta vida, no fue un resentido, más al contrario, toda su poesía es una invitación a construir y moldear la misma desventura humana: “(…) después que el sueño y los engaños/ de mi niñez murieron. Los alegres/ días de juventud rápidos pasan./ Quedan los males, la vejez, la sombra/ de la gélida muerte”. Para Leopardi, los días se tornan dolorosos, la juventud y la más delicada existencia se desgarra ante el desafío de vivir, “largo dolor mi mente iba minando”, dirá; incluso sumido el poeta en el dolor más desgarrador, no sólo el físico, va en busca del infinito e igual que Job, no llega a maldecir su vida, aunque el dolor de la misma sea insoportable: “Yo, mientras, me pregunto cuánto/ he de vivir aún, me arrojo al suelo/ y grito y me estremezco ¡Oh días horribles!/ en la florida edad”. “En mi temprana edad, cuando se espera/ ansiosamente el día festivo, o luego,/ cuando ha pasado, yo, doliente, en vela/ estrujaba la almohada”.
Todos los cantos de Leopardi están llenos de lamentos y melancolía, como si los hombres, el mundo, la vida humana, fueran unas cosas tristes e infelices: “(…) pues penosa/ era mi vida, y lo es, que no ha cambiado,/ ¡oh amada luna! Pero me complace/ el recuerdo, y el repasar las fechas/ de mi dolor”; por eso, para el poeta existen en este mundo dos hechos que son para los hombres dignos de consideración y ante los cuales se debe tomar una determinación: el amor y la muerte. “Mi destino ignoraba, y cuántas veces/ esta desnuda y dolorosa vida/ por la muerte gustoso habría cambiado”; asimismo, sostiene que todo el mundo es vanidad y que la vida merece no otra cosa que el desprecio y que éste es mejor que el hastío: “Y cuando al fin esta invocada muerte/ llegue a mi lado, y a mi desventura/ ponga término ya; cuando la tierra/ me sea extraño valle, y de mis ojos/ huya el futuro, acudirá a mi mente/ vuestro recuerdo”.
Los años que pasó Leopardi, oculto, abandonado, sin amor y sin vida en la casa paterna, le llevó a concebir los goces y bienes como algo simple; todo esto le lleva a una de las sentencias más notables, ni siquiera el nihilismo más radical logró alcanzar tan nítidamente: “(…) Aburrimiento/ es tan sólo la vida y fango el mundo”. A pesar de toda esta visión y concepción que recorre toda la poética de Leopardi, encontrará en la literatura y la poesía propiamente, el camino para su redención última, sin maldecir el día de su nacimiento y morir contento, porque, dirá: “Yo el agradable estudio/ dejando a veces, y las arduas páginas/ donde mi edad primera/ y lo mejor de mi agoté en parte”. Si la vida de Leopardi se consumió en la soledad más radical, fruto de su aburrimiento por la vida y ver el mundo como un fango en el que se hunden todas las esperanzas humanas, criticará vehementemente toda existencia fútil y estéril: “(…) Si vacíos/ mis años son, y si sombría, estéril,/ es mi estado mortal, poco me quita/ la fortuna”. Así, Giacomo Leopardi, rompiendo la barrera del tiempo y las edades o las modas, siempre será el poeta del dolor, la vida solitaria, el sufrimiento, la muerte y el laberinto de una biblioteca, donde consumió su desgraciada y corta vida. Mors est quies viatoris, finis est omnis laboris (La muerte es el descanso del viajero, al final de todo el trabajo).

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo