viernes, 20 de abril de 2012

ALVARO GARCÍA LINERA

Mi condición de ciudadano honesto y decente, me impulsa a verter algunas notas, siempre desde mi perspectiva, sobre uno de los personajes más nefastos y obscuros que ha pisado y enlodado la vida política del país en este último quinquenio; advierto que lo que a continuación diré acerca de las acciones y perversiones del segundo manda-MAS del gobierno, son sólo eso, digo yo, aproximaciones, que nunca agotaran todas las pesadillas que este personaje de lengua bífida e ideas ofuscadas esconde tras de sí, por tanto, si la ley contra el racismo, aprobada a expensas de un artículo mío, que causó tanto revuelo y echó  andar al diablo, no me impresiona en absoluto que ahora pudiera aplicarse tan amañada ley a mi forma de escribir u otras (como la censura a la prosa de mi amigo Claudio Ferrufino-Coqueugniot).
García Linera, durante estos últimos años, no sólo ha maquinado todas las argucias criminales contra personas opositoras al régimen, sino que además, es la muestra de cómo una persona malsana, es capaz de lanzar las calumnias más rastreras, más vergonzosas –como el caso Rózsa-, que terminan siendo un supremo insulto a la verdad y otras formas, como la justicia; García Linera, como todo astuto demagogo, para llevar adelante toda una maquinaria de expurgación de sus resentimientos se ha rodeado de una pandilla de verdaderos galgos del poder. Y todo lo ha hecho este personaje nefasto, que ha escrito fábulas dignas de la literatura fantástica antes que verdaderos análisis de teoría sociológica, tan sólo para saciar su sed de venganza.
Yo creo, que por los ademanes, el tono de la voz, las arengas e invectivas contra todo lo que se parezca neoliberal o desatine con el proyecto jacobino suyo, es propio de una de las mentes más turbias, más enrevesadas y obsesionadas por la intriga, que vive en el país; de la mano de Alicia en el país de la maravillas, podemos concluir que, ¿quién sino García Linera? Planeó la matanza del Porvenir en Pando, para sacar del camino a Leopoldo Fernández, y el traslado de opositores a la ciudad de la Paz en condiciones ajenas a los derechos más elementales del ser humano. Él ideó intervenir a los marchistas indígenas del TIPNIS, usando el brazo de su testaferro Sacha Llorenti; él propuso construir la carretera por el territorio indígena, con el pretexto de que no había presencia del Estado, como si éste padeciera de dislexia; a él lo describe el presidente como el ideador de que los campesinos hayan arremetido en todas partes, bajo los efectos de la revancha histórica, contra todo brote de educación y espíritu de superación, actos legitimados por una inteligencia de matemático lírico volcado sobre las ciencias sociales, que no superan la tan vilipendiada mediocridad del burgués boliviano.
No cabe duda, que García Linera con esa mezcla de fanfarria y pseuda super inteligencia, ha acabado hipnotizando a aquellos, que según él nunca tuvieron lugar en el Estado, eso que Souza Santos llama las emergencias; aunque yo creo que García Linera está, cuando habla desdeñosamente, de la separación del cuerpo y el alma, ni siquiera cerca de Platón, sino más bien de las ciencias ocultas y hasta pienso que debe charlar a menudo con los Espíritus de los cuerpos que el gobierno ha matado. Y todo eso no son más que artimañas de una fértil imaginación. García Linera ha hecho del nuevo Estado y su gobierno pluri, un nido de arañas donde se tejen intrigas, comadreos, compradreos y toda suerte de dilapidaciones para quienes osen cuestionar al régimen. El palacio de gobierno es hoy un sindicato sagrado sin sindicalistas donde se decide la suerte del país y de nuestros hijos. A él la historia y el próximo gobierno, deberán ajusticiarlo por haber fomentado y alentado a hacer usura con el patriotismo para engendrar el odio entre los bolivianos y hacer de la ignorancia de las masas un terreno fértil para la angurria de su pandilla, cuando el país necesita de la verdad y la justicia para ser un lugar más habitable.
Estoy convencido de que el señor Álvaro García Linera, ex – terrorista de alta tensión, es el diabólico artífice de defender a sable y mentiras, la inconsistente erección de una nuevo Estado a lo largo de estos 6 años de gobierno masista, por medio de descabelladas y delictivas maquinaciones, reforzadas por una abominable y feroz campaña mediática desde el canal estatal con el fin de desorientar a la opinión pública y encubrir toda una sarta incontable de errores en la conducción del gobierno.
García Linera para mí sólo es un cuerpo capaz de las más atrevidas perversiones políticas de vigilar y castigar; y un espíritu de perversión social. Proyecto o partido político que incuba estos extremos, nada más le espera temprano o un poquito tarde, la descomposición y necrosis ideológica.
Cuando voy para el final de este artículo, dicen por ahí, que el matrimonio del Señor Linera sólo es una más de sus excentricidades y, que por lo demás, hasta la operación de columna que se hizo en la Clínica los Olivos, en realidad, fue un poco más abajo de la cóxis ¿acaso, el Señor Mallku no dijo alguna vez que el Vice fue su íntimo y otras cosas más en San Pedro?

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo

martes, 17 de abril de 2012

FINAL DE VIAJE

FINAL DE VIAJE

Ahora más que nunca sabemos los bolivianos, que el masismo, en la carretera de la historia, camino hacia el 2050, como ha repetido hasta la patada García Linera, creo yo, antes que nada han iniciado el viaje final hacia su propio entierro, de la mano de una ideología bastarda –socialismo del siglo XXI– tan cercana al kamasutra antes que de Maxs, Engels o Lenin.

La lucha por la justicia y la solidaridad, nada tiene que ver con los camélidos sobre los que escribe la historia de Bolivia, el masismo embotado de cholos viscerales; tengo la impresión, verdá no mas diría cualquier cambita de por ahí, que el país se está cayendo a pedazos ­–igual que la lepra- y no nos queremos dar cuenta; porque Evo Morales, el indio otrora dice él sojuzgado, hoy, no es ni más ni menos que un indio alzao; y los cocaleros y los ponchos rojos y verdes y las bartolinas y los narcos y los contrabandistas y los militares, están haciendo un viaje al pasado en ruinas de los incas, aunque en su pequeño imaginario crean venir del futuro; en el idealismo más ramplón ya han aterrizado en el reino de Pachacutec; pero, no cabe duda, de que en la praxis se mueven –unos cuantos– en una sociedad consumista galopante, que vive de la masturbación hedonista y los paraísos artificiales del desarrollo primer mundista.

Quiero confesar, tras un merecido silencio, he llegado a la conclusión, de que no quiero viajar hacia ningún pasado de ceniza ni futuro alguno inexistente, y, que tampoco estoy ni con unos ni con otros, ni con un oriente como el de Costas y compañía, inmerso en el desenfreno, el derroche, la majadería (Persi Fernández), una sociedad cruceña kaligulezca, tampoco, con el occidente altiplánico, sumido en la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la borrachera; estos dos rostros del Estado pluri, no son sino la faz de una sociedad decandente y abyecta. No. Yo estoy con los campesinos, los agricultores pequeños, los pobres entre los pobres, los desvalidos, los ultrajados, los postergados de este nuevo Estado.

Después de todo, no irán muy lejos los masistas, porque viajan hacia el pasado pensando en el futuro. Ha empezado a llover azufre sobre la carretera por la que viajan los masistas recalcitrantes. El masismo en su viaje, junto a su capataz y los arrenderos no saben si vienen o van, se mueven en la historia como ovejas descarriadas. Cuando la gran mayoría de los bolivianos hemos recurrido a la fotosíntesis humana para sobrevivir a la miseria de este país; seguro, se manifestarán los obreros, los indígenas del TIPNIS, los médicos, los choferes, los desocupados y los más, porque de la pobreza y la miseria que nos espera luego del paso del masismo ¿nos salvará el Opio de Cocteau, la cocaína que se produce por toneladas en cualquier parte del país, el Diario secreto de Ferrufino-Coqueugniot, Norte de Paz Soldán? ¿Quién rayos nos va a salvar de la hecatombe social que nos espera al final del viaje? Al final de este viaje sáfico, de la mano del masismo, no nos esperará ningún final feliz, pues, como dice Luis Tapia, el régimen está teñido de antipopulismo y antindigenismo; lo que caracteriza a este gobierno es la tiranía sindical y la ignorantocracia; mientras llega ese final, tengo yo la suerte de que todas las tardes me esperan mi mujer y mi hijo, como dos gatos con sus ojos destellantes de esperanza.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

miércoles, 18 de enero de 2012

¿LA REVOLUCIÓN MASISTA, OPIO DEL PUEBLO?

ENTRE EL RUMOR

¿La revolución masista, opio del pueblo?

Como nunca antes en nuestra historia, hoy, en nombre de una supuesta revolución indígena se va perfilando una democracia popular –solía decir George Orwel–, donde la prepotencia del Estado amenaza peligrosamente los derechos ciudadanos; no cabe duda alguna que, la revolución cultural y democrática de García Linera/Evo Morales, se desarrolla bajo el diseño de una ingeniería política sátrapa, que ha logrado consolidar una identificación aberrante entre el Estado y el Partido (MAS); ésta se manifiesta en un estatismo, un nuevo capitalismo estatal, que ha logrado comprar parcelas en la luna pero de las cuales no ha recibido un carajo. Y peor aún, ha dado lugar a una “nueva clase” de funcionarios del Partido, burócratas, a costa de los más pobres y la población trabajadora.

Si en el capitalismo, según los más feroces detractores de izquierdas, impera la explotación del hombre por el hombre, en el nuevo Estado Pluri que intentan imaginar los masistas ocurre lo contrario. Los gobernantes nos han venido consolando, frente a la miseria y los pobres de la nación, invocando una futura y lejana felicidad de los bolivianos –El Vice, decía que hasta el 2014 el país sufriría un despegue industrial inusitado–, mientras tanto, algunos sectores son sometidos a un sistema implacable de normas jurídicas, impositivas, y se les fuerza a elevar los índices de producción, mas no se les deja exportar. Hasta ahora no hay indicios de que el reino del “vivir bien” vaya a irrumpir por algún lugar. De lo que sí tenemos pruebas y nunca tan objetivas, es del terror y la violencia del Estado, sobre todo la violación del derecho a la vida.

Ya expresé muchas veces mi antipatía por ciertos personajes gringos y negros norteamericanos, igual que por algunos repelentes socialistas latinoamericanos; nunca he ocultado lo gordo que me cae Hugo Chávez. Eso sí sigo creyendo que el capitalismo ha dado las mejores muestras de ser, con todas sus fallas y perjudiciales defectos, claro, en gran medida corregibles (Miguel Manzanera, filósofo jesuita, habla de una humanización del neoliberalismo); pues, esto no sólo ha propiciado el análisis empírico, sino que gracias a esto ha creado un sistema eficiente de corrección y control; asimismo, ha propugnado desde su seno amplias reformas sociales, por ejemplo, la jubilación (Renta dignidad) y otras formas de cogestión. Un capitalismo corregido y humanizado a diferencia de una revolución estatista planificada, está en mejores condiciones de liberar del yugo de la pobreza a amplios sectores de la población y conducir a un bienestar relativamente asegurado. Así con un mejor sentido de adecuación a la realidad, se debe hablar de una “economía social mercado”, en oposición a una “economía socialista-productiva-diversa-planificada”, que hoy por hoy no ha sido capaz de producir una aguja.

El pasado siglo cabía preguntarse con toda la seriedad que esto significaba, mientras se advenía la revolución comunista, si ¿la religión, no era opio del pueblo? En nuestro país una vez consumada la revolución democrática, cultural y de todo, no debemos acaso preguntarnos los bolivianos, con la misma seriedad del pasado siglo: ¿la revolución masista, opio del pueblo?

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

viernes, 2 de diciembre de 2011

VIDA TOLERABLE Y TIPNIS

VIDA TOLERABLE Y EL TIPNIS



Oponerse al gobierno hoy, a terminado siendo algo así como oponerse a que los marcianos invadan la tierra o los cocaleros y narcotraficantes dejen de producir la tan ansiada cocaína, negocio fácil y tan lucrativo igual que la industria de armas y/o trata y tráfico de personas. Posiblemente, ya muchos piensan que no vale la pena malgastar pólvora mojada en salvas gubernamentales. De todos modos, los pocos que aún se –nos– atreven a dispararle al gobierno, si bien es como salir a la caza de palomas y encontrarse nada más con buitres, caranchos y otras aves de rapiña, es por convicción crítica.

Por suerte todavía quedan personas en este país, que se oponen a los comunistas, socialistas, izquierdistas, pseudoindigenistas y otros chunchólogos, por las mismas razones que se enfrentan a los resabios encarnizados de neoliberales, capitalistas, proyanquis, gonistas, juanmiedistas… Así como madura el panorama político de este estado (proyecto) plurinacional para hoy o para mañana, oponerse a los gerifaltes masistas del gobierno puede parecer una manera elegante de perder el tiempo; pero, no. Aunque algunos piensen así, luego de la masacre de Yucumo, ha germinado una nueva conciencia política; los prometeos encadenados y masquineados de la marcha indígena, tras enfrentarse al gobierno igual que David frente a Goliat o los 300 indígenas frente a las huestes Evistas (Jerjes)… no necesitan fundar un partido o una asociación política, nada, ya tienen la suya, una visión política de país construida más allá de lo pluri; los prometeos del TIPNIS han sentado las bases de un Estado heterogéneo, mezclado, contaminado e híbrido, rebasando lo individual (liberal) y el colectivismo (socialismo).

Gracias a los nuevos prometeos encadenados, a la cabeza de Adolfo Chávez (Presidente de la CIDOB) y Pedro Nuny (Diputado de la bancada indígena), los comunistas e indianistas del gobierno han empezado a sentir la necesidad de educarse aunque se les ha nublado la razón (¿acaso alguna vez recurrieron a ella?).

¿De dónde les vino a los indígenas la fuerza para seguir adelante? A pesar de las acusaciones del Presi de que querían desestabilizar su floja gestión; lo que les animó fue el discurso del cuerpo, los pies ampollados y la familia a cuestas. Ricardo Piglia escribió en Respiración artificial: "Existen millones de hombres que nunca tienen acceso a la palabra, es decir, que no tienen la posibilidad de expresar públicamente sus ideas en un discurso que sea oído y transcrito taquigráficamente. Por otro lado están los que actúan, ellos están antes que las palabras, porque el discurso de su acción es hablada en el cuerpo". Eso hicieron los indígenas, mostrándoles a los actuales gobernantes cómo se deber ser coherente con el discurso y la acción. Es hora ya de que García Linera y Evo Morales empiecen a desodorarse el rabo con Baygón y cortarse las uñas con escofina.

Los indígenas con sus carpas, sus hijos, sus mujeres, la mochila y sus flechas, sí que habían sabido cruzar el país de este a oeste y de norte a sur para conocerlo en su interioridad. Por ahí escuché a un analista político de izquierdas (Hugo Moldis) que la ley corta nada más fue una coartada política para salir del paso. Qué bien, pero, no hay ley ni acción política que borre el discurso del cuerpo de los indígenas del TIPNIS. Mientras escribo estas notas, escucho la voz infinita de Lila Downs (Paloma negra, La llorona…) y recuerdo eso que escribió Henry Miller en Trópico de cáncer: “Todo se soporta -ignominia, humillación, pobreza, crimen, ennui- gracias al convencimiento de que de la noche a la mañana algo ocurrirá, un milagro, que vuelva la vida tolerable”. Y los indígenas, creo, en su marcha del cuerpo por los tórridos caminos del Norte de la Paz, sólo buscaron que la vida en este país sea más tolerable, nada más.



Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

viernes, 11 de noviembre de 2011

JESUS URZAGASTI

JESUS URZAGASTI

Los tejedores de la noche (1996) de Jesús Urzagasti (Provincia del Gran Chaco, 1941) es una novela corta y/o un cuento largo en el que se postula de manera radical: la soledad del narrador/personaje. No es gratuito, entonces, que mientras éste redacta una carta sin destinatario concreto, nos diga: “mientras escribía toda la soledad de la tierra empezó a circular por mi sangre”.

Bien sabemos que la novela breve es un género privilegiado, porque goza de una extraordinaria flexibilidad narrativa, que favorece en gran medida, las licencias de lo fantástico; la narrativa latinoamericana cuenta con exponentes destacados del género: Juan Carlos Onetti, Para una tumba sin nombre, José Donoso, El lugar sin límites, Carlos Fuentes, Aura, Osvaldo Soriano, Cuarteles de invierno, Martín Adan, La casa de cartón, y más recientemente, el cumbiantero argentino, Washington Cucurto con toda su saga de novelas cortas como Noches vacías, Fer, Panambí, El curandero de amor. La novela de Urzagasti, se inscribe dentro de este género, por la economía textual, que no solamente se refiere a la brevedad sino, también, a la simultaneidad de los planos en los que se desenvuelve la trama de Los tejedores de la noche, bajo el epígrafe de la marcha paralela de ficción y realidad o viceversa. “En la casa real se dan cita los dolores del cuerpo y del alma y en su piso superior están los tejedores de la noche, cosa que no sucede en Buen Retiro, en donde uno sólo encuentra geranios crecidos y recibe en el rostro el viento nocturno, aunque en algún momento hubiera sucedido lo inevitable: que toquen el timbre”; este planteamiento de la novela, que puede ser en apariencia casual, en la medida en que el narrador/personaje, para poblar la soledad que le corroe, recurre a la ingeniería imaginativa como posibilidad de desahogo, inventando un espacio, que no por ser irreal dejar ser tan real como el mundo de los tejedores donde habita el narrador. Urzagasti es lector fiel de Cortázar y ha asimilado con gran talento las enseñanzas narrativas de Continuidad en los parques; pues, ficción y realidad corren paralelas en Los tejedores de la noche: “Y me fui. Dejé la puerta abierta y crucé el portón negro. Era medianoche cuando decidí caminar hacia la casa de los tejedores”.

El pasado y el futuro del narrador anónimo, de ese habitante simultáneo del primer piso de la casa de los tejedores y de Buen Retiro, se actualiza constantemente a través de la galería de personajes –sobre todo mujeres– que pasan de un plano a otro sin ningún sobresalto, a pesar de que el autor nos advierte que “la realidad acarrea muchos daños, (…) pero la irrealidad sino es mutuamente concertada puede provocar un escándalo existencial de cuyos resultados más vale no preguntar”. Así, la economía del texto es sinecdótica: cada dato alude a una historia más amplia, latente en la memoria del narrador; pero, también, esta economía de la narrativa de los tejedores de la noche, alude al detalle, la argumentación, las explicaciones, análisis de hechos, de modo que el lector es quien debe ir aportando resoluciones, porque todas las palabras están cargadas de implicaciones y alusiones (El canto de los gorriones –película de Sanjinés–, la revolución nicaragüense, la revolución del 52, la guerrilla de Teoponte, líderes políticos y de manera muy perspicaz, el poder: “El palacio de Gobierno es uno de los lugares más peligrosos de la tierra: allí nadie pregunta si la traición y la lealtad definen la calidad de las personas”).

Urzagasti, en Los Tejedores de la noche, explotando al máximo el género de la novela por construirse, renuncia adrede a la articulación del texto como obvia, pues, asume una idea difícil, pero no imposible: la alternancia de los planos, el ficticio y el real, sometiendo la palabra a un peregrinaje brioso desde el texto y la capacidad analítica del lector, en ese sentido el libro, se sostiene sobre una estructura fragmentaria de los recuerdos del narrador, por eso mismo lo real y lo ficticio no se confunden ni se funden, más bien cabe hablar de una interacción peculiar.

Desde esta novela, el autor, ha logrado hurgar en esa interacción de los planos, el abismo de la soledad humana: “Entonces me fui a parar a la casa de los tejedores de la noche: un cuarto, una cocina, un baño y la soledad como fiel amante”. A diferencia de Borges, en Funes el memorioso, que termina derrotado por la desbordante memoria y esta a su vez lo arroja a la incomunicación y la muerte; la soledad en Urzagasti, encuentra en la imaginación el modo de eludir la incomunicación y, finalmente, la muerte, porque entiende que “el acceso al conocimiento profundamente solidario en algún momento pasa por la soledad total” y radical del ser humano.

La soledad en Los tejedores de la noche constituye, además, un trance hacia una visión que sostiene la incontaminación subjetiva de las cosas; la humanidad no sólo ha infestado y distorsionado la realidad a través de pautas volorales y antropoformizantes de los contextos; por esa razón, el narrador nos propone: “contar con una casa inventada, libre de basura y al margen de los sentimientos aviesos…”. Por tanto, la soledad ya no constituye un espacio de dolor, porque en la casa inventada (Buen Retiro) la luz, la oscuridad, la mirada, el amor, el sexo, no son sino otra realidad, al margen de la contaminación humana. Así, de manera gráfica, cuando los perros en la casa de los tejedores, dan fin a las plantas en el patio, el narrador logra salvarlas de la destrucción absoluta: “Podría haber trasladado –dice– las plantas adquiridas, en cambio decidí llevarlas a la casa inventada: en la azotea reciben sol y el tierno aroma de la noche”.

La novela de Urzagasti, presenta, tras su lectura y ante la soledad humana y la tristeza, quizá esencialmente existencial, un relato del poder de lo ficcional, capaz de reconstruir el precario estado de las cosas (realidad), iluminada por la magia de la imaginación; porque todos somos “de un modo u otro la escritura que exige una lectura final”, de una libertad figurativa, precisa y fantástica a la vez, que constituyen en la novela de Urzagasti, el entramado entre la vida y la ficción.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo

sábado, 15 de octubre de 2011

INANICIÓN Y ELEFANTIASIS

INANICIÓN Y ELEFANTIASIS

Posiblemente, ni siquiera se les pasa a los señores del gobierno, de tan embriagados que andan con el poder, que todo tiene su tiempo de expiración. Y es lo que va a pasar con este gobierno y los que vendrán. Tal como ha sido concebido –otras propuestas políticas corrieron la misma suerte –, sustentado en la cólera, la diatriba y la venganza de algunas cabezas irresolutas, espasmódicas, que han vertido su veneno sobre unas masas incautas, el futuro es incierto. Un proyecto así está condenado a morir de inanición administrativa o puede morir de elefantiasis ideológica. El masismo de Evo–García Linera perecerá por inanición y por elefantiasis.

Bueno, quizá dirán cuando les haya llegado la gran hora, que de todas maneras era una grandiosa forma de morir. Este gobierno se ha caracterizado, más allá de la improvisación, por su raquitismo pragmático en materia económica y por una inusitada timidez frente a la enorme posibilidad, entre demagogia y legitimidad, de transformar las obsoletas estructuras de un país como el nuestro sumido en el atraso, la corrupción y el narcotráfico. La pluralidad e interculturalidad de este gobierno se ha quedado simplemente en la homogeneidad de un partido único y colonizador.

O sea, lo que ha sucedido hasta ahora es que un gobierno que gozaba de un apoyo importante, debido a las marranadas de los neoliberales de turno, frente al atolladero de la escabrosa realidad de la miseria, la pobreza y la incapacidad de un Estado burocrático, no hace sino, hoy por hoy, inflar el perro para que las expectativas de sus huestes indoloras no merme. Nada más hemos pasado de una democracia orgánica (partidos tradicionales) hacia una democracia centrista del partido elefante. Una cosa así, sólo tiene dos posibilidades para perecer: por extinción o por extensión. Acaso, los más grandes imperios no se extinguieron por exceso de tamaño. Por eso no será ninguna novedad, que el mamut masista acabe calcinado en la lava histórica del país, tan anegada de tanta cochambre política y políticos.

El señor Evo Morales y sus seguidores no se han cansado de repetir que el modelo y proyecto de Estado que propugnan, tiene la intención de superar el modelo democrático neoliberal. Yo creo que bastaría con que lo igualasen. ¿Por qué habría que superarlo? Claro, como existe la sospecha de que ni siquiera se llegará, por el camino que van, a igualarlo, optan por discursear que será superada la democracia liberal. Y cómo no se sienten seguros de alcanzar la talla de la democracia de otros países, prefieren decir que van a superarlos. Se infla el perro, cuando anuncian que ingresaremos pronto al círculo de la industrialización, cuando lo que nos circunda grotescamente es la pobreza, el hambre, y sobre todo la ausencia de Estado.

Así como los grandes animales del cuaternario, hoy, yacen en los museos, el dipodoclus masista, con cara de Evo Morales y cráneo de García Linera, podrá ser mostrado en unos años más, a los niños y jóvenes del futuro, como un ejemplar de la prehistoria democrática boliviana; además, se dirá, que apareció en la década de los 90 y se extinguió a mediados de la década del 2020, debido a su estructura centrista, intolerante y una elefantiasis crónica.

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo