viernes, 20 de abril de 2012
martes, 17 de abril de 2012
FINAL DE VIAJE
FINAL DE VIAJE
Ahora más que nunca sabemos los bolivianos, que el masismo, en la carretera de la historia, camino hacia el 2050, como ha repetido hasta la patada García Linera, creo yo, antes que nada han iniciado el viaje final hacia su propio entierro, de la mano de una ideología bastarda –socialismo del siglo XXI– tan cercana al kamasutra antes que de Maxs, Engels o Lenin.
La lucha por la justicia y la solidaridad, nada tiene que ver con los camélidos sobre los que escribe la historia de Bolivia, el masismo embotado de cholos viscerales; tengo la impresión, verdá no mas diría cualquier cambita de por ahí, que el país se está cayendo a pedazos –igual que la lepra- y no nos queremos dar cuenta; porque Evo Morales, el indio otrora dice él sojuzgado, hoy, no es ni más ni menos que un indio alzao; y los cocaleros y los ponchos rojos y verdes y las bartolinas y los narcos y los contrabandistas y los militares, están haciendo un viaje al pasado en ruinas de los incas, aunque en su pequeño imaginario crean venir del futuro; en el idealismo más ramplón ya han aterrizado en el reino de Pachacutec; pero, no cabe duda, de que en la praxis se mueven –unos cuantos– en una sociedad consumista galopante, que vive de la masturbación hedonista y los paraísos artificiales del desarrollo primer mundista.
Quiero confesar, tras un merecido silencio, he llegado a la conclusión, de que no quiero viajar hacia ningún pasado de ceniza ni futuro alguno inexistente, y, que tampoco estoy ni con unos ni con otros, ni con un oriente como el de Costas y compañía, inmerso en el desenfreno, el derroche, la majadería (Persi Fernández), una sociedad cruceña kaligulezca, tampoco, con el occidente altiplánico, sumido en la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la borrachera; estos dos rostros del Estado pluri, no son sino la faz de una sociedad decandente y abyecta. No. Yo estoy con los campesinos, los agricultores pequeños, los pobres entre los pobres, los desvalidos, los ultrajados, los postergados de este nuevo Estado.
Después de todo, no irán muy lejos los masistas, porque viajan hacia el pasado pensando en el futuro. Ha empezado a llover azufre sobre la carretera por la que viajan los masistas recalcitrantes. El masismo en su viaje, junto a su capataz y los arrenderos no saben si vienen o van, se mueven en la historia como ovejas descarriadas. Cuando la gran mayoría de los bolivianos hemos recurrido a la fotosíntesis humana para sobrevivir a la miseria de este país; seguro, se manifestarán los obreros, los indígenas del TIPNIS, los médicos, los choferes, los desocupados y los más, porque de la pobreza y la miseria que nos espera luego del paso del masismo ¿nos salvará el Opio de Cocteau, la cocaína que se produce por toneladas en cualquier parte del país, el Diario secreto de Ferrufino-Coqueugniot, Norte de Paz Soldán? ¿Quién rayos nos va a salvar de la hecatombe social que nos espera al final del viaje? Al final de este viaje sáfico, de la mano del masismo, no nos esperará ningún final feliz, pues, como dice Luis Tapia, el régimen está teñido de antipopulismo y antindigenismo; lo que caracteriza a este gobierno es la tiranía sindical y la ignorantocracia; mientras llega ese final, tengo yo la suerte de que todas las tardes me esperan mi mujer y mi hijo, como dos gatos con sus ojos destellantes de esperanza.
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofomiércoles, 18 de enero de 2012
¿LA REVOLUCIÓN MASISTA, OPIO DEL PUEBLO?
ENTRE EL RUMOR
¿La revolución masista, opio del pueblo?
Como nunca antes en nuestra historia, hoy, en nombre de una supuesta revolución indígena se va perfilando una democracia popular –solía decir George Orwel–, donde la prepotencia del Estado amenaza peligrosamente los derechos ciudadanos; no cabe duda alguna que, la revolución cultural y democrática de García Linera/Evo Morales, se desarrolla bajo el diseño de una ingeniería política sátrapa, que ha logrado consolidar una identificación aberrante entre el Estado y el Partido (MAS); ésta se manifiesta en un estatismo, un nuevo capitalismo estatal, que ha logrado comprar parcelas en la luna pero de las cuales no ha recibido un carajo. Y peor aún, ha dado lugar a una “nueva clase” de funcionarios del Partido, burócratas, a costa de los más pobres y la población trabajadora.
Si en el capitalismo, según los más feroces detractores de izquierdas, impera la explotación del hombre por el hombre, en el nuevo Estado Pluri que intentan imaginar los masistas ocurre lo contrario. Los gobernantes nos han venido consolando, frente a la miseria y los pobres de la nación, invocando una futura y lejana felicidad de los bolivianos –El Vice, decía que hasta el 2014 el país sufriría un despegue industrial inusitado–, mientras tanto, algunos sectores son sometidos a un sistema implacable de normas jurídicas, impositivas, y se les fuerza a elevar los índices de producción, mas no se les deja exportar. Hasta ahora no hay indicios de que el reino del “vivir bien” vaya a irrumpir por algún lugar. De lo que sí tenemos pruebas y nunca tan objetivas, es del terror y la violencia del Estado, sobre todo la violación del derecho a la vida.
Ya expresé muchas veces mi antipatía por ciertos personajes gringos y negros norteamericanos, igual que por algunos repelentes socialistas latinoamericanos; nunca he ocultado lo gordo que me cae Hugo Chávez. Eso sí sigo creyendo que el capitalismo ha dado las mejores muestras de ser, con todas sus fallas y perjudiciales defectos, claro, en gran medida corregibles (Miguel Manzanera, filósofo jesuita, habla de una humanización del neoliberalismo); pues, esto no sólo ha propiciado el análisis empírico, sino que gracias a esto ha creado un sistema eficiente de corrección y control; asimismo, ha propugnado desde su seno amplias reformas sociales, por ejemplo, la jubilación (Renta dignidad) y otras formas de cogestión. Un capitalismo corregido y humanizado a diferencia de una revolución estatista planificada, está en mejores condiciones de liberar del yugo de la pobreza a amplios sectores de la población y conducir a un bienestar relativamente asegurado. Así con un mejor sentido de adecuación a la realidad, se debe hablar de una “economía social mercado”, en oposición a una “economía socialista-productiva-diversa-planificada”, que hoy por hoy no ha sido capaz de producir una aguja.
El pasado siglo cabía preguntarse con toda la seriedad que esto significaba, mientras se advenía la revolución comunista, si ¿la religión, no era opio del pueblo? En nuestro país una vez consumada la revolución democrática, cultural y de todo, no debemos acaso preguntarnos los bolivianos, con la misma seriedad del pasado siglo: ¿la revolución masista, opio del pueblo?
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
viernes, 2 de diciembre de 2011
VIDA TOLERABLE Y TIPNIS
Oponerse al gobierno hoy, a terminado siendo algo así como oponerse a que los marcianos invadan la tierra o los cocaleros y narcotraficantes dejen de producir la tan ansiada cocaína, negocio fácil y tan lucrativo igual que la industria de armas y/o trata y tráfico de personas. Posiblemente, ya muchos piensan que no vale la pena malgastar pólvora mojada en salvas gubernamentales. De todos modos, los pocos que aún se –nos– atreven a dispararle al gobierno, si bien es como salir a la caza de palomas y encontrarse nada más con buitres, caranchos y otras aves de rapiña, es por convicción crítica.
Por suerte todavía quedan personas en este país, que se oponen a los comunistas, socialistas, izquierdistas, pseudoindigenistas y otros chunchólogos, por las mismas razones que se enfrentan a los resabios encarnizados de neoliberales, capitalistas, proyanquis, gonistas, juanmiedistas… Así como madura el panorama político de este estado (proyecto) plurinacional para hoy o para mañana, oponerse a los gerifaltes masistas del gobierno puede parecer una manera elegante de perder el tiempo; pero, no. Aunque algunos piensen así, luego de la masacre de Yucumo, ha germinado una nueva conciencia política; los prometeos encadenados y masquineados de la marcha indígena, tras enfrentarse al gobierno igual que David frente a Goliat o los 300 indígenas frente a las huestes Evistas (Jerjes)… no necesitan fundar un partido o una asociación política, nada, ya tienen la suya, una visión política de país construida más allá de lo pluri; los prometeos del TIPNIS han sentado las bases de un Estado heterogéneo, mezclado, contaminado e híbrido, rebasando lo individual (liberal) y el colectivismo (socialismo).
Gracias a los nuevos prometeos encadenados, a la cabeza de Adolfo Chávez (Presidente de la CIDOB) y Pedro Nuny (Diputado de la bancada indígena), los comunistas e indianistas del gobierno han empezado a sentir la necesidad de educarse aunque se les ha nublado la razón (¿acaso alguna vez recurrieron a ella?).
¿De dónde les vino a los indígenas la fuerza para seguir adelante? A pesar de las acusaciones del Presi de que querían desestabilizar su floja gestión; lo que les animó fue el discurso del cuerpo, los pies ampollados y la familia a cuestas. Ricardo Piglia escribió en Respiración artificial: "Existen millones de hombres que nunca tienen acceso a la palabra, es decir, que no tienen la posibilidad de expresar públicamente sus ideas en un discurso que sea oído y transcrito taquigráficamente. Por otro lado están los que actúan, ellos están antes que las palabras, porque el discurso de su acción es hablada en el cuerpo". Eso hicieron los indígenas, mostrándoles a los actuales gobernantes cómo se deber ser coherente con el discurso y la acción. Es hora ya de que García Linera y Evo Morales empiecen a desodorarse el rabo con Baygón y cortarse las uñas con escofina.
Los indígenas con sus carpas, sus hijos, sus mujeres, la mochila y sus flechas, sí que habían sabido cruzar el país de este a oeste y de norte a sur para conocerlo en su interioridad. Por ahí escuché a un analista político de izquierdas (Hugo Moldis) que la ley corta nada más fue una coartada política para salir del paso. Qué bien, pero, no hay ley ni acción política que borre el discurso del cuerpo de los indígenas del TIPNIS. Mientras escribo estas notas, escucho la voz infinita de Lila Downs (Paloma negra, La llorona…) y recuerdo eso que escribió Henry Miller en Trópico de cáncer: “Todo se soporta -ignominia, humillación, pobreza, crimen, ennui- gracias al convencimiento de que de la noche a la mañana algo ocurrirá, un milagro, que vuelva la vida tolerable”. Y los indígenas, creo, en su marcha del cuerpo por los tórridos caminos del Norte de la Paz, sólo buscaron que la vida en este país sea más tolerable, nada más.
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
viernes, 11 de noviembre de 2011
JESUS URZAGASTI
JESUS URZAGASTI
Los tejedores de la noche (1996) de Jesús Urzagasti (Provincia del Gran Chaco, 1941) es una novela corta y/o un cuento largo en el que se postula de manera radical: la soledad del narrador/personaje. No es gratuito, entonces, que mientras éste redacta una carta sin destinatario concreto, nos diga: “mientras escribía toda la soledad de la tierra empezó a circular por mi sangre”.
Bien sabemos que la novela breve es un género privilegiado, porque goza de una extraordinaria flexibilidad narrativa, que favorece en gran medida, las licencias de lo fantástico; la narrativa latinoamericana cuenta con exponentes destacados del género: Juan Carlos Onetti, Para una tumba sin nombre, José Donoso, El lugar sin límites, Carlos Fuentes, Aura, Osvaldo Soriano, Cuarteles de invierno, Martín Adan, La casa de cartón, y más recientemente, el cumbiantero argentino, Washington Cucurto con toda su saga de novelas cortas como Noches vacías, Fer, Panambí, El curandero de amor. La novela de Urzagasti, se inscribe dentro de este género, por la economía textual, que no solamente se refiere a la brevedad sino, también, a la simultaneidad de los planos en los que se desenvuelve la trama de Los tejedores de la noche, bajo el epígrafe de la marcha paralela de ficción y realidad o viceversa. “En la casa real se dan cita los dolores del cuerpo y del alma y en su piso superior están los tejedores de la noche, cosa que no sucede en Buen Retiro, en donde uno sólo encuentra geranios crecidos y recibe en el rostro el viento nocturno, aunque en algún momento hubiera sucedido lo inevitable: que toquen el timbre”; este planteamiento de la novela, que puede ser en apariencia casual, en la medida en que el narrador/personaje, para poblar la soledad que le corroe, recurre a la ingeniería imaginativa como posibilidad de desahogo, inventando un espacio, que no por ser irreal dejar ser tan real como el mundo de los tejedores donde habita el narrador. Urzagasti es lector fiel de Cortázar y ha asimilado con gran talento las enseñanzas narrativas de Continuidad en los parques; pues, ficción y realidad corren paralelas en Los tejedores de la noche: “Y me fui. Dejé la puerta abierta y crucé el portón negro. Era medianoche cuando decidí caminar hacia la casa de los tejedores”.
El pasado y el futuro del narrador anónimo, de ese habitante simultáneo del primer piso de la casa de los tejedores y de Buen Retiro, se actualiza constantemente a través de la galería de personajes –sobre todo mujeres– que pasan de un plano a otro sin ningún sobresalto, a pesar de que el autor nos advierte que “la realidad acarrea muchos daños, (…) pero la irrealidad sino es mutuamente concertada puede provocar un escándalo existencial de cuyos resultados más vale no preguntar”. Así, la economía del texto es sinecdótica: cada dato alude a una historia más amplia, latente en la memoria del narrador; pero, también, esta economía de la narrativa de los tejedores de la noche, alude al detalle, la argumentación, las explicaciones, análisis de hechos, de modo que el lector es quien debe ir aportando resoluciones, porque todas las palabras están cargadas de implicaciones y alusiones (El canto de los gorriones –película de Sanjinés–, la revolución nicaragüense, la revolución del 52, la guerrilla de Teoponte, líderes políticos y de manera muy perspicaz, el poder: “El palacio de Gobierno es uno de los lugares más peligrosos de la tierra: allí nadie pregunta si la traición y la lealtad definen la calidad de las personas”).
Urzagasti, en Los Tejedores de la noche, explotando al máximo el género de la novela por construirse, renuncia adrede a la articulación del texto como obvia, pues, asume una idea difícil, pero no imposible: la alternancia de los planos, el ficticio y el real, sometiendo la palabra a un peregrinaje brioso desde el texto y la capacidad analítica del lector, en ese sentido el libro, se sostiene sobre una estructura fragmentaria de los recuerdos del narrador, por eso mismo lo real y lo ficticio no se confunden ni se funden, más bien cabe hablar de una interacción peculiar.
Desde esta novela, el autor, ha logrado hurgar en esa interacción de los planos, el abismo de la soledad humana: “Entonces me fui a parar a la casa de los tejedores de la noche: un cuarto, una cocina, un baño y la soledad como fiel amante”. A diferencia de Borges, en Funes el memorioso, que termina derrotado por la desbordante memoria y esta a su vez lo arroja a la incomunicación y la muerte; la soledad en Urzagasti, encuentra en la imaginación el modo de eludir la incomunicación y, finalmente, la muerte, porque entiende que “el acceso al conocimiento profundamente solidario en algún momento pasa por la soledad total” y radical del ser humano.
La soledad en Los tejedores de la noche constituye, además, un trance hacia una visión que sostiene la incontaminación subjetiva de las cosas; la humanidad no sólo ha infestado y distorsionado la realidad a través de pautas volorales y antropoformizantes de los contextos; por esa razón, el narrador nos propone: “contar con una casa inventada, libre de basura y al margen de los sentimientos aviesos…”. Por tanto, la soledad ya no constituye un espacio de dolor, porque en la casa inventada (Buen Retiro) la luz, la oscuridad, la mirada, el amor, el sexo, no son sino otra realidad, al margen de la contaminación humana. Así, de manera gráfica, cuando los perros en la casa de los tejedores, dan fin a las plantas en el patio, el narrador logra salvarlas de la destrucción absoluta: “Podría haber trasladado –dice– las plantas adquiridas, en cambio decidí llevarlas a la casa inventada: en la azotea reciben sol y el tierno aroma de la noche”.
La novela de Urzagasti, presenta, tras su lectura y ante la soledad humana y la tristeza, quizá esencialmente existencial, un relato del poder de lo ficcional, capaz de reconstruir el precario estado de las cosas (realidad), iluminada por la magia de la imaginación; porque todos somos “de un modo u otro la escritura que exige una lectura final”, de una libertad figurativa, precisa y fantástica a la vez, que constituyen en la novela de Urzagasti, el entramado entre la vida y la ficción.
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
sábado, 15 de octubre de 2011
INANICIÓN Y ELEFANTIASIS
INANICIÓN Y ELEFANTIASIS
Posiblemente, ni siquiera se les pasa a los señores del gobierno, de tan embriagados que andan con el poder, que todo tiene su tiempo de expiración. Y es lo que va a pasar con este gobierno y los que vendrán. Tal como ha sido concebido –otras propuestas políticas corrieron la misma suerte –, sustentado en la cólera, la diatriba y la venganza de algunas cabezas irresolutas, espasmódicas, que han vertido su veneno sobre unas masas incautas, el futuro es incierto. Un proyecto así está condenado a morir de inanición administrativa o puede morir de elefantiasis ideológica. El masismo de Evo–García Linera perecerá por inanición y por elefantiasis.
Bueno, quizá dirán cuando les haya llegado la gran hora, que de todas maneras era una grandiosa forma de morir. Este gobierno se ha caracterizado, más allá de la improvisación, por su raquitismo pragmático en materia económica y por una inusitada timidez frente a la enorme posibilidad, entre demagogia y legitimidad, de transformar las obsoletas estructuras de un país como el nuestro sumido en el atraso, la corrupción y el narcotráfico. La pluralidad e interculturalidad de este gobierno se ha quedado simplemente en la homogeneidad de un partido único y colonizador.
O sea, lo que ha sucedido hasta ahora es que un gobierno que gozaba de un apoyo importante, debido a las marranadas de los neoliberales de turno, frente al atolladero de la escabrosa realidad de la miseria, la pobreza y la incapacidad de un Estado burocrático, no hace sino, hoy por hoy, inflar el perro para que las expectativas de sus huestes indoloras no merme. Nada más hemos pasado de una democracia orgánica (partidos tradicionales) hacia una democracia centrista del partido elefante. Una cosa así, sólo tiene dos posibilidades para perecer: por extinción o por extensión. Acaso, los más grandes imperios no se extinguieron por exceso de tamaño. Por eso no será ninguna novedad, que el mamut masista acabe calcinado en la lava histórica del país, tan anegada de tanta cochambre política y políticos.
El señor Evo Morales y sus seguidores no se han cansado de repetir que el modelo y proyecto de Estado que propugnan, tiene la intención de superar el modelo democrático neoliberal. Yo creo que bastaría con que lo igualasen. ¿Por qué habría que superarlo? Claro, como existe la sospecha de que ni siquiera se llegará, por el camino que van, a igualarlo, optan por discursear que será superada la democracia liberal. Y cómo no se sienten seguros de alcanzar la talla de la democracia de otros países, prefieren decir que van a superarlos. Se infla el perro, cuando anuncian que ingresaremos pronto al círculo de la industrialización, cuando lo que nos circunda grotescamente es la pobreza, el hambre, y sobre todo la ausencia de Estado.
Así como los grandes animales del cuaternario, hoy, yacen en los museos, el dipodoclus masista, con cara de Evo Morales y cráneo de García Linera, podrá ser mostrado en unos años más, a los niños y jóvenes del futuro, como un ejemplar de la prehistoria democrática boliviana; además, se dirá, que apareció en la década de los 90 y se extinguió a mediados de la década del 2020, debido a su estructura centrista, intolerante y una elefantiasis crónica.
Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo