viernes, 12 de junio de 2009

TIEMPO DE DESTRUCCIÓN

TIEMPO DE DESTRUCCIÓN

Me presto el título de una novela inconclusa, de Luís Martín Santos, publicada en 1975 –el autor también escribió “Tiempo de silencio”–, para referirme al clima de intemperancia en el que vivimos, aunque no sólo es eso, sino, como dijo hace más de tres siglos atrás, Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, uno de los mayores representantes de la Ilustración latinoamericana: “vivimos en la más grosera ignorancia y en la miseria más deplorable”, y no puramente material, también espiritual.

Y a propósito de los nuevos rostros de la política en Bolivia –nada más y nada menos, el hoy extremista radical, Gustavo Torrico, seguramente, por su condición, otrora mesero del parlamento, ahora honorable diputado nacional, un típico caso arguediano y muy boliviano, un salto olímpico, como ya dijera Hugo Chávez de Evo Morales, de llamero a Presidente– que han sido la inspiración de mi escritura durante este tiempo, sigo pensando, que esos revolucionarios de izquierdas están condenados al fracaso, porque en tres años de poder, no han hecho sino asustar al dinero de la inversión extranjera, eso sí, se han lanzado como moscas al estiércol en busca de las arcas nuestras en el Tesoro General, más no han tenido reparos en llevar nuestra economía hacia una bonolización, sencillamente, para no decepcionar a sus electores, a la gran masa acostumbrada a la dependencia y amante del clientelismo, sobre todo si viene del caudillo.

Estamos sopesando, pues, un “tiempo de destrucción”, como acertó a titular la novela que dejó inconclusa, Luís Martín Santos; estamos viviendo un largo suicidio colectivo en el que decididamente es responsable la política festiva del MAS y sus bonos, la derrota de la selección en la altura de La Paz, la trampa oficialista para ir a las elecciones de diciembre con un padrón viciado, y, es responsable también, la absoluta ceguera político–estratégica de la derecha cavernaria de la oposición cívica, así como la lenta penetración de la influenza A H1N1. Los pobres estaban contentos con la victoria ante argentina, se había vuelto a inventar el fútbol, aunque la verdad es que, a los pobres se les contenta con cualquier cosa, así sea unos pesos para bloquear o marchar por cualquier asunto; me parece que lo que el masismo hace en nuestro país, es una política espiritista y parapsicológica, sino de donde surgió eso del “espíritu de las revueltas de los Alejo Calatayud o Bartolina Sisa”, el espíritu de los mártires de la democracia, el espíritu de los muertos del 10 de octubre, el espíritu del proceso de cambio social y transformación profunda.

Yo creo que en este “tiempo de destrucción” sistemática, no solamente se ha derrumbado la institucionalidad, no, sorprendentemente hasta el tiempo líneal ha sido revertido; los sabios del MAS nos hablan de un tiempo que fluye hacia atrás, siguiendo fielmente la concepción del tiempo dentro de la cosmovisión andina –hasta donde recuerdo, un profesor de antropología, repetía eso de que para los quechuas y los aymaras, el pasado está delante y el futuro detrás, de modo, digo, que cualquier día de estos, nos despertamos, no convertidos en escarabajos, como Gregorio Samsa, sino en medio de la Isla del Sol o en el Cuzco, para presenciar la escena esa en la que Mama Ocllo y Manco Capac, hunden la varita de oro que da comienzo a esta inversión del tiempo.

Cuando los políticos de izquierdas, nunca como ahora, aluden a las esencias, a la raza de bronce, a los señoríos ayamarás, al “aquí estamos y somos la savia que da sentido a la historia, a los espíritus de los achachilas y otros desmadres, al petróleo que le vendemos al Brasil y Chile vía la Argentina, al litio que nos pondrá en la cima de los países del Tercer Milenio, es que las cosas, no deben de estar tan bien como nos lo cuenta el canal estatal y su propaganda gubernamental; el “tiempo de destrucción”, sí, que vino para quedarse por mucho tiempo; un iluminado dirigente de la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia), Adolfo Chávez, ha amenazado con no dar cabida a propaganda política alguna en territorios indígenas, que sea crítica o en franca oposición al movimiento al socialismo, dígame, si eso no es un atentado contra la libre elección personal, un atentado a la democracia.

Los bolivianos hemos acabado por reducirnos, encerrarnos en nuestros males políticos, y no tenemos la astucia para poder ver la crisis económica de forma general, además de fenómeno mundial; los salarios, igual que en las mejores épocas del populismo o el neoliberalismo de extrema, no da para un fin de semana a pesar de aprendimos a ajustarnos el cinturon hasta límites insopechados; por eso ya el viejo Heráclito vio que todo fluía y se desvanecía en el aire; “así, los pobres seguirán (mos) siendo pobres por toda la eternidad” y los capos del partido en engorde vertiginoso.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

EL FASCISMO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

EL FASCISMO ESTÁ ENTRE NOSOTROS

A Claudio Ferrufino-Coqueugniot

“Fascismo es toda posesión de la verdad absoluta”. Eso al menos, es lo que traslucen todas las declaraciones vertidas desde palacio de gobierno, al parecer siguen un libreto común; los mofetas del ejecutivo, exhalan aires de apoderamiento de la verdad, sobre el país, la gente, la religión, la Iglesia, en suma, sobre la realidad. La frase dicha por Haro Tecglen, en “Fahrenheit” –quizá, la mejor novela de Ray Bradbury– “el fascismo está entre nosotros”, nos cae como anillo al dedo. El fascismo masista, se hace patente, en la barbarie democrática ejercida por el poder central, las fuerzas armadas y las hordas aliadas al MAS, entre ellos algunos movimientos sociales financiados por el Estado; la barbarie estatal se ha dado a la tarea de perseguir a cualquier sospechoso de terrorismo, por tanto todos los ciudadanos son catalogados como potenciales terroristas. Hubo un tiempo en que el Estado, en lugar de buscar sospechosos, poner multas, hacer fichas biométricas de todos y tratar a los ciudadanos como delincuentes, se dedicaba a proteger la libertad y los derechos fundamentales. El MAS ha convertido al Estado boliviano, en un policía perfecto, omnisciente, un ojo coercitivo que lo ve y castiga todo.

Si por allá en los tiempos de gobiernos neoliberales, el político vivía de espaldas al pueblo, hoy, vive a costillas del pueblo; yo, hombre de la calle, como miles, diría que los políticos bolivianos de ahora, tanto los que están en el poder (MAS) como los que de rato en rato rompen el silencio (opositores) en el que viven, para hacer declaraciones obtusas, enigmáticas –el ejemplo más vivo de ese rampante discurso, es García Linera–, están cayendo en un barroquismo deslucido, que sólo les lleva a hablar unos contra otros y, sin duda, por medio de esos epigramas parecen entenderse no más ellos, más el pueblo sencillo, el de a pie y taxi trufi o micro bus, el de las cloacas y debajo de los puentes, no sabe de que se está hablando.

Los nuevos óligo–burgueses de izquierdas en Bolivia, dicho sea de paso, no son más que de tercer mundo, no han dejado de tener un cierto complejo de ricos del primer mundo, por eso, se afanan tanto en acumular riquezas (como los 30 camiones del caso Quintana o los millones de dólares desaparecidos durante la gestión de Santos Ramírez en la estatal petrolera) a costa del Estado, y vaya que lo van consiguiendo. Son digamos, hoy, Ramón Quintana, García Linera, Sacha Llorenti, Alfredo Rada, Antonio y Chato Peredo –los más recalcitrantes nostálgicos del foquismo guevarista– unos ricos voraces, unos ricos con traumas de pobreza, de ahí que lo suyo, políticamente, ya no sea un movimiento revolucionario de cambio y transformación, porque todo nos demuestra que lo que queda en pie nos es más que un movimiento involutivo, discursivo, investigativo, más nada.

Seguramente, quisieran volver, los agoreros de sal de la izquierda festiva de hoy, a los kepis y boinas y fusiles, a ese tiempo de guerrillas exasperadas de los sesenta; los nuevos óligos posan de demócratas, socialistas, comprensivos, apegados a la norma y la ley, respetuosos de los derechos humanos, pero, sólo para aquellos que profesan la religión del Estado, es decir, el culto al tirano; quisieran volver a la edad idílica, no sólo de los años del socialismo internacional, sino hasta el mismísimo origen del imperio inca, y nada más para mantener domesticada a la masa aunque sea a costa de mostrar como bandera de lucha, el rostro indio de Evo Morales; lo crean o no los masistas, pero muchos hemos visto ya las armas y los dientes y las uñas largas de su ambición por el poder absoluto.
Al parecer, por el momento en el país, los ciudadanos contamos con dos agujeros que nos amenazan, dos bocas que se abren para engullirnos, sí, como en los cuentos de niños, de esos que mamá me contaba para asustarme, esas historias en las que un camino es el bueno y otro es el malo, uno que lleva a la casa de la abuelita y el otro directo a las fauces del lobo feroz. Por el camino, propuesto por el masismo, dicen, se llega al paraíso socialista, en el que se podrá ser y hacer todo en todo tiempo y lugar, eso sí, para ser funcionario de gobierno o servidor público, el requisito indispensable será ser dirigente sindical o militante de algún partiducho de izquierda, y, por el otro camino, siempre según los fascistas de hoy, uno se topará, inevitablemente, con el infierno capitalista, neoliberal, colonizador, inhumano, explotador y un largo etcétera.

No he sido jamás en toda mi humildad, admirador del sueño americano, ni pro imperialista, pero, tampoco me creí el invento del Edén Socialista-comunitario de Maxs y los marxistas, ni creo que haya infierno y paraíso proclamados por la demagogia de los ideólogos del momento. Sí, se que el fascismo de corte criminal está en la izquierda de principios de este siglo veintiuno, mañana, por ese eterno retorno de las cosas nietzscheano, podría estar en la derecha o en el centro.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

EL AUTISMO NACIONAL Y SUS INVENCIONES

EL AUTISMO NACIONAL Y SUS INVENCIONES

No cabe duda, de que todo sistema, sea este un partido político o un régimen autoritario, y, todo individuo (k’ara o indígena) que se enfrasque en ser absolutamente original (u originario), nada más acabará inventando y descubriendo cosas como el lago Titicaca, la puerta del Sol, el cerro rico de Potosí, el salar de Uyuni…; esa obstinación, propia de personalidades egocéntricas, en Evo Morales, no sólo es sorprendente, sino digna de ser incluida en el libro de los records mundiales, por su intención de “inventar la democracia” en pleno siglo XXI, a pesar de que la democracia ya fue inventada por los griegos y reflexionada hasta la saciedad por los viejos clásicos, de la talla Baruch Spinoza, Thomas Hobbes, John Locke y otros.

Borges, en uno de sus más brillantes relatos, nos cuenta la hazaña de un hombre empeñado en inventar el Quijote, sin acudir en absoluto a la obra cervantina; Pierre Menard lo reinventa todo, línea a línea; por supuesto que no deja de ser una tarea loable y ejemplar, pero, perfectamente inútil; por su lado, hablando ya del carnaval político en Bolivia, el régimen masista, sin siquiera consultar, por medio de la lectura de las hojas de coca, y ni pensar, en la revisión de los teóricos de la democracia, posiblemente, sí en las piedras y las arrugas de los Jilakatas andinos, busca reinventar la democracia, una democracia de corte comunitarista, que se erige sobre las ruinas del Estado colonial, republicano, excluyente, es decir, ese que nació con Bolivar y agonizó con Goni Sánchez de Lozada, pues, es eso lo que se afirma en el preámbulo de la Constitución Política del Estado: “Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario…”

La democracia ha sufrido en estos años de gobierno social-comunitario, una suerte de devaluación, respecto de las enormes posibilidades que ofrece la misma, para vivir en sociedad; hemos escuchado, desde el día que llegó don Evo Morales al parlamento con su slogans de “500 años de opresión a 200 años de liberación”, hasta escuchar cómo el último de los súbditos masistas, se lava la boca y se limpia la cara con la democracia; y no puede ser de otra manera, si en estos tres años de gobierno, los más bruñidos y acrisolados símbolos del más degradante “autismo nacional”, Evo Morales y García Linera, han legitimado las acciones más brutales como las más caritativas dádivas de los cheques venezolanos y los bonos clientelistas, en nombre de la democracia inventada para el sustento del Estado plurinacional; mientras la democracia continúe secuestrada por personajes que han dado un largo paseo por el nacionalsindicalismo o el terrorismo foquista de los ayllus rojos, la democracia verdadera ni la reinventada por el masismo, podrán conducirnos al reino de la libertad y los derechos humanos.

El Estado plurinacional del MAS, no sólo sirve como escaparate en el que los indígenas (indigentes) son expuestos para el mundo, a modo de modelo y ejemplo de inclusión, sino que también, es la forma más soterrada de hacer del indígena, una figura decorativa, mientras sea un símbolo que justifique los medios y los fines de la izquierda autista de los sesenta, de la perseguida por las dictaduras, de esa que se alimenta del populismo salvaje para mantenerse a flote en el poder; ¿acaso, Evo Morales, en medio de todos esos intelectuales, que dicen haber leído a Karl Marx y Friedrich Engels, no es sino un adorno? ¿La ministra Celima Torrico, que sólo aparece para las fotos, pero en temas jurídicos, ch’acatay, no es sintomático? ¿Y el más lúcido de los figuretes, al igual que el Menard de Borges, no acostumbra leer nada, porque dice que hace daño, el Canciller Choquehuanca, que confunda el derecho internacional, con la justicia comunitaria, es gratuito? Creo que nada de lo que pasa con los rostros indios del gobierno, lo es, porque es la única forma de domesticar a las masas.

El “autismo nacional” del gobierno, acaba por inventarlo todo de nuevo. Le ganamos a la argentina, por 6 goles a uno, y pensamos que se ha inventado el futbol; se habla de descolonización, y se piensa que se está creando, la receta para luchar contra el neoliberalismo; se escribe en la Carta Magna, Estado plurinacional, y se piensa en su exportación; y así es cómo el autismo nacional, termina por reinventarlo todo. Y si estamos a punto, en política, de inventar esa democracia, debiera ser de prisa, para hoy y no cuando ya no importe nada u aparezcan otros autistas nacionales, no vaya ser que quieran inventar otra nueva democracia.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

NACIONALIZACIÓN DE LA POBREZA

NACIONALIZACIÓN DE LA POBREZA
Vuelve uno al pueblo en el que nació o vuelve uno a Bolivia, después de algunos años, y en el que caso de las mujeres –las más de las veces-, tras haber fregado trastes y waters, limpiado traseros de ancianos o cuidado guaguas –mientras los suyos quedaban al vaivén de la caridad familiar-; y los hombres, esos odiseos contemporáneos, en busca del sueño europeo o el americano, no sólo las pasan (ron) las de Caín, errabundos en un mundo de millones de parias que exhalan estos tiempos líquidos de movilidad intercontinental. Por si fuera poco esa brutal experiencia, me dijo un amigo recién llegado de Italia, “uno se encuentra con un país entregado, no a la lucha democrática, no a la aventura del futuro o la llama del presente”, sino a la más pura y obstinada nostalgia por un pasado que quedó sepultado hace mas de 500 años, ese que se desplomó en la plaza de Cajamarca, sin pena ni gloria –a más de las ruinas que quedan en pie– en manos de un puñado de españolitos aventureros y sedientos de oro.
Esos nostálgicos son nada menos y nada más, la “guapa gente de izquierdas”, sátrapas en el orden de la mentira, sino cómo se explica la invención de eso del señorío aymara, indígena, para maquillar el verdadero rostro de la pobreza; los señoritos de izquierdas, se han sacudido la vergüenza y otras cosas, ante la “gula que produce el poder”; han enarbolado a Evo Morales como el nuevo Wiracocha de pasarela, de museo, pretendiendo que el mundo entero le aclame igual si fuera el redentor de la humanidad, o una pieza arqueológica; cuando no es más que el símbolo de un dontancretismo (perfecto cretino) nacional, en tiempos de dengue; los izquierdistas nos quieren hacer ver a Evo Morales, como todo un ejemplo de cómo habría que parar, el hambre, la exclusión, la corrupción, prebendalismo y otros males sociales.
La realidad y la cotidianidad, terminan siempre desbaratando cualquier construcción discursiva; acaso, la gente sencilla, humilde, esa de tierra adentro, esa de la que nadie se acuerda, sino sólo en tiempos de pandemia electoral, esa que lleva la tripa seca, apretada, para que el hambre no duela tanto, ¿no se debate en la absoluta miseria?; el estado de las cosas no ha cambiado a pesar del paso de los días y años, la sombra, el viento, el otoño, el dolor, la soledad, porque los izquierdistas de traje y corbata, de chaqueta de lana de Alpaca, Vicuña o Llama y zapatos de cuero de chancho, no cesan de saquear al Estado –lo mismo hicieron sus antecesores neoliberales, hoy, perseguidos y convertidos en apátridas– y sienten como engordan sus bolsillos, convencidos de que “hablar por y de los pobres” –de esos que el calambre les hace retorcer el estómago y esquivan, milagrosamente, la cornada de la muerte para no caer fulminados por la embestida del hambre– había sido un negocio tan rentable como el capitalismo salvaje de las trasnacionales.
Resulta insólito, para el que vive dentro del país como para el que llega de fuera, encontrarse con su comunidad, su pueblo o su ciudad y su Bolivia, viviendo al ritmo de la música de protesta de los sesenta, aletargadas retahílas sobre la liberación; algunos llegamos hasta el hastío con la hipocresía de las canciones de Piero, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, León Geco, Silvio Rodríguez, Kilapayum, Benjo Cruz y otros; cómo no causarle a uno estupor, cuando los nuevos óligos de izquierdas, endiosan al guerrillero muerto en Ñancahuzú, bajo el fuego de un humilde soldadito boliviano, que a punta de tiro le hizo morder el polvo de su osadía, a ese extravagante argentino-cubano, elevado casi al rango de deidad; a ese soldado, obligado a servir a la Patria, debieran hacerle por lo menos una estatua de sal, por su defensa de la soberanía nacional.
Aseguran algunos entendidos que Evo Morales es una personalidad influyente y tan famoso como el Cóndor que adorna el Escudo Nacional; su influencia no es más que un mito del subdesarrollo, delfín de un cuartomundismo boliviano y raído; al país entero le hace falta resuello, fondo, porque todos hacemos una faena corta, en la oficina, en el colegio, en el amor, en la vida, porque no se vive una vida verdadera, sino que vivimos una imitación espectral de la vida, importada de Carácas y la Habana, hecha de gestos, bonos, alusiones, actos fallidos, desmantelamientos institucionales. Basta salir a la calle o navegar en un atiborrado microbús, para darse cuenta de qué modo todos le hacemos la jugada corta, la zancadilla, el compromiso pobre y temeroso en un país lleno de miedo, escasez, dolor y vendetas. Dios quiera, y no los achachilas o ilusos de ayer, que no se nos quede la inercia del presente por mucho tiempo.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

INCERTIDUMBRE Y VACÍO ÉTICO

INCERTIDUMBRE Y VACÍO ÉTICO

Una gran cantidad de personajes idílicos, aunque, no sólo aquellos que emergieron de las cenizas del foquismo guerrillero, sino, también esos hábiles travestís políticos, y, que en el actual poder ejecutivo ocupan ministerios y asesorías, vieron, oportunísticamente, en el liderazgo de Evo Morales, cocalero, sindicalista, así como al movimiento al socialismo, “el último refugió para los confundidos y los ignorantes”; esa es la ralea de gente, en oficialistas y opositores, que pululan en el ámbito político del país; no otra es la causa, para el malestar y el asco que produce la política en una inmensa masa de electores.

La estrategia del poder ejecutivo para mantenerse en el poder, no es otra que la política de la “incertidumbre”; esa que se genera debido a la angustia social que desorienta al pueblo; pero, al mismo tiempo, es el fertilizante del que se nutre todo el masismo para hacer germinar el desconcierto; ante esta realidad, lo que se pone en juego son las debilidades y fortalezas, la gloria y la miseria de nuestra sociedad de cara al futuro. Así, la política practicada por el MAS, está enraizada en una sola condición: “las angustias que la erosión institucional engendra y perpetua, profundizada, por una encarnizada persecución política, fecundada por el foquismo guerrillero de Linera, transubstanciado, hoy, en el Estado narco-guerrillero del MAS.

El desmantelamiento institucional, fruto de la escasa gramática en el ejercicio del poder, ha generado un espacio éticamente vacío y en su interior los poderes políticos constituidos (marxistas, indigenopopulistas, sindicateros, movimientos sociales, cobistas) se toman la libertad de seguir sus propias reglas, excluyendo al resto de la población, pero, la situación se torna brutal, cuando estos grupos sólo buscan eludir y eliminar toda regulación de la justicia; este vacío ético, asimismo, no es más que la viva imagen de la conducta antiética de grupos radicales de izquierda, cuyo sostenimiento en el poder, es intrínseca a la lógica de la incertidumbre, a través, de la mentira, el odio, el terror, el engaño, que terminan estrangulando la libertad, la democracia y los derechos humanos, con el único fin de hipotecar el futuro de las nuevas generaciones, por una migaja de poder pasajero.

La aparente bandera de lucha, que enarbola el masismo, en nombre de los pobres y hambrientos del país, más allá de ser una falacia, no tiene la pretensión de atacar las raíces mismas de la miseria humana; por esa razón, el discurso sobre y de los pobres y su pobreza y su liberación, en medio del vacío ético global creado por el masismo para gobernar sin conciencias críticas, tiene una apariencia nebulosa; otra manifestación, de ese vacío pernicioso, es la dialéctica bueno/malo, que sirve de legitimación para cualquier acto violentador de derechos fundamentales, sobre todo, contra aquellos que no comparten las preferencias del gobierno, son encasillados en el papel de espectadores y condenados a cargar con ese rol por mucho tiempo insoportablemente largo así como marchan las cosas; las etiquetas usadas por el gobierno, ya son conocidas por las arengas del sapa Inca: “vende patrias”, “burgueses”, “k’aras”, y muchas otras chabacaneadas presidenciales, sin son ni ton.

Los nuevos poderosos (Evo Morales, Ramón Quintana, Sacha Llorenti, García Linera, Alfredo Rada, Antonio Peredo, Gustavo Torrico –satuco–) y los antiguos (Goni Sánchez, Yerko Kukoc, Mirta Quevedo), hacen lo mismo, ayer y hoy, explotan (ban) la imagen de las víctimas del pasado para tomar posesión del futuro ignorando el sufrimiento del presente, en vez de ocuparse de forma real y objetiva, de los desgraciados y esforzarse por desafiar directamente las causas de la pobreza (mal): el narcotráfico, la corrupción, el nepotismo, el compadrerío, el tráfico de influencias, el prebendalismo, males claramente visibles en el actual gobierno; la forma más desvergonzada de ocultar esta realidad, es como siempre se hizo, la inmediata creación y lucha obstinada contra unos perseguidores, invisibles, agitadores imaginarios, presentes sólo en el imaginario político de los nuevos privilegiados.

La esperanza para atravesar este tiempo de vacío e incertidumbre, nacerá del esfuerzo que pongamos todos en construir una comunidad de gustos compartidos, construida y sostenida desde el “compromiso” mutuo e incondicional de sus miembros; este discurso comprometido, debe privilegiar y buscar el diálogo, orientado desde el principio por la posibilidad que ofrece el debate sincero, para obtener la aprobación de aquellos a los que se dirige. La construcción de este diálogo, merece ser llamado, “la oportunidad política por excelencia”, que tiene toda sociedad, consciente de sus diferencias y heridas, en pos del mañana.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

viernes, 8 de mayo de 2009

COMPROMISO, SOLIDARIDAD Y PROYECTO SOCIAL

COMPROMISO, SOLIDARIDAD Y PROYECTO SOCIAL

Hace muchos años atrás, todavía en nuestra sociedad, excluyente y residual, se pensaba en los proyectos de vida a largo plazo; ocurría los mismo con los sueños, las esperanzas, los compromisos y las solidaridades; pero, hoy, muchos, hombres y mujeres, arrinconados por la nostalgia de esos buenos tiempos, de la sociedad del “vinculo”, se preguntarán si la idea de “largo plazo”, tienen todavía algún significado real. Al respecto, no hace mucho tiempo, un amigo me confesó, muy preocupado: “no puedes imaginarte lo estúpido que me siento cuando les hablo a mis hijos del compromiso. Para ellos, es una virtud abstracta; no lo ven en ningún lado”. Y en el mundo político y sus chamanes, el compromiso y la visión de proyecto a largo plazo es una especie en extinción; compromiso, solidaridad y proyecto social a largo plazo, ya no forma parte de ninguna agenda política; la razón de este abandono, radica en eso que acaba de afirmar, Claudio Ferrufino-Coqueuniot, de que nuestra sociedad siempre estuvo con la patas arriba, como el chancho que va a ser sacrificado.

El antiguo régimen neoliberal y el nuevo, disque, socialista, ese de puño levantado y de los dioses de la rebelión y una galería de abyectos personajes en el ejecutivo, así como, las logias de extrema derecha, esa de terroristas y racistas, y también los caciques indigenistas, marxistas, etnopopulistas, están obligados a embutirse la idea, y si es con todas las mayúsculas, mucho mejor, porque quieran no, unos y otros, estamos destinados a permanecer por mucho tiempo en mutua compañía; oriente y occidente, el norte y el sur, cambas y collas, terratenientes y campesinos, k’aras-indios-cholos, y toda la mezcolanza de olores y sabores que somos los bolivianos, sabemos por el momento que no podemos “arréglanoslos solos”. El compromiso, la solidaridad y el proyecto a largo plazo, del país que buscamos y queremos construir, debe ser recíproco, o no iremos a ningún lado. El momento presente, se abre a mil posibilidades y la responsabilidad y el compromiso es decisivo. Las elecciones de diciembre, un padrón que deber ser saneado, un tribunal de justicia que tiene que ser reconstituido, en otras palabras, está en juego la institucionalidad que debe garantizar nuestro proyecto a largo plazo.
Ambos bandos, saben, más que nunca, que la conservación del poder ostentado, depende del verdadero compromiso y solidaridad, que irradien hacia el conjunto de la sociedad; asimismo, las partes, sino lo saben, debieran entender, que volverán a encontrarse al día siguiente, y los meses y años por venir. Si bien esta perspectiva temporal, coloca las relaciones en un nivel de conflicto de intereses, no queda otro camino que, el empeñarse en mitigar el desagrado de vivir juntos dentro del mismo territorio e intentar resolver el problema para satisfacción mutua y del resto de la sociedad civil. Por más antagónica, desagradable e irritante que pudiera ser la convivencia, las partes están condenadas y deben disponerse a negociar un “modus vivendi” aceptable para todos, con la clara conciencia de que la convivencia será duradera. Sólo de ese modo, es posible construir un marco sólido y confiable, en el que se pueda inscribir y sostener el diseño y las expectativas del Estado que queremos para el futuro.

La serpiente emplumada, presente en el masismo, ya desde su fundación, terminará por engullir las pretensiones de “vinimos para quedarnos”; el masismo es una ideología de transición, porque, la ausencia de compromiso, solidaridad y un proyecto a largo plazo, la hacen insostenible por mucho tiempo; seguro, Evo Morales ni García Linera, son los escogidos para implantar un proyecto de “buena sociedad, pues, la visión que permea todo el diseño de país presentado en la Constitución Política, se queda en un presente “diferente”, pero sin una perspectiva de un “futuro mejor”. La izquierda plural en Bolivia, que sostiene este proyecto, aglutinada en el masismo, no sólo ha fracturado un elemento central que mueve todo el tejido social, “la esperanza”; las actuales políticas de gobierno, más allá de su endeblez económica, además, están acabando por arrebatar, lo último que les queda a los pobres, su esperanza; sin ella, no es posible compromiso alguno, ni solidaridad, mucho menos la construcción de un “proyecto a largo plazo”, en el que puedan caber todos.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos

EL TERRORISMO POLÍTICO Y EL TERROR DEL ESTADO

EL TERRORISMO POLÍTICO Y EL TERROR DEL ESTADO

La suerte del Estado centralista (absolutista) en Bolivia está echada; pues, más allá de que los linera y morales, quieran eternizarse en el poder, ya se empezó a vislumbrar, desde mediados de los noventa, importantes instrumentos de control destinados a evitar los abusos de poder prevalecientes en el Estado neoliberal de los Bánzer, de los Paz Zamora, de los Goni. Entre los instrumentos más importantes se destacan: la separación de poderes y la desconcentración espacial del poder por medio de las técnicas de la autonomía regional; o la legitimación constitucional de las oposiciones; así como la conciencia cada vez más extendida de la necesaria envestidura popular de los gobernantes y representantes públicos a través de la extensión y registro del voto ciudadano.
El discurso del magnicidio presidencial, sobre todo, del primer presidente indígena, si tuviera algún asidero de verdad, desde una óptica estrictamente política, constituiría un craso error de estrategia en busca del poder, porque, no es abatiendo al tirano (dictador) que se restablece la libertad, aunque, en este momento, en que las pugnas y divisiones dentro del MAS, hablan del inicio de fracturas importantes, la eliminación del pachacutec o sapa inca Morales, sería el preámbulo de una desorientación y dispersión de las masas ¿acaso, Cortés, en la plaza de Cajamarca, sin la habilidad de un político, no avizoró el descabezamiento del imperio, lo cual devino en la ulterior conquista de los incas?
Por supuesto, que el problema del buen gobierno, no se resuelve con la conquista del poder por un partido de masa, que postula una identificación con la perspectiva “ex parte populi”; el buen gobierno se define por la administración eficiente del Estado; el viceministro (ministro) de Justicia, recientemente, habló de que el gobierno a partir de ahora, dedicará sus esfuerzos para realizar una verdadera gestión pública, como si el tiempo de la administración del poder fuera, cosa de novatos.
El gobierno de Evo Morales y García Linera, desde su asunción al poder, impulsó un régimen de terrorismo político, visto y concebido, como instrumento de resistencia frente al imperio norteamericano; por tanto, aquí cabe hacer una distinción, fundamental, entre lo que se entiende por terrorismo y terror, pero, más propiamente, dibujar, cómo el terrorismo político, incrustado en el masismo, con los extravagantes discursos de García Linera, se ha tornado en terror de Estado, o cómo el Estado boliviano en tres años se ha vuelto un Estado criminal.
El terrorismo político, no es sino otra cosa, que la práctica de grupos e individuos, que se valen de la violencia contra bienes y personas para, al provocar el terror, replicar a las autoridades establecidas, vistas como opresoras; este terrorismo tiene sus raíces en el populismo ruso y en el anarquismo, que veían en el atentado un instigador catalítico en la lucha política contra la opresión; no era otra, la línea escudriñada por los ayllus rojos y toda la lucha aymara desde Gabriel Condorcanqui hasta Zarate Vilca, a la cuál Linera le ha dedicado una pasión incontrolable, por encima de su posición de pequeño burgués intelectual; de ahí que, su terrorismo en la praxis tuvo un tinte individualista y anárquico, con la mentalidad de hacer uso de la fuerza de manera indiscriminada y excesiva; hoy, continua este tipo de terrorismo, en la agenda política del MAS, pero, ya de forma institucionalizada y extraparlamentaria, canalizada a través de los denominados movimientos sociales, el brazo pragmático del actual gobierno. Por otro lado, ese terrorismo político, ha adquirido la fisonomía del terror y ese ejercicio pasa por la construcción de un Estado criminal; cuando Rada, Quintana, Linera, Sacha Llorenti, juegan a la novela negra, no están lejos de la imagen de Ropespierre o Saint Just, que durante la Revolución francesa, por medio de los comités de Salvación Pública, instauraron un régimen de terror, por tanto, el terror es la puesta en práctica de la violencia por parte de los gobernantes para mantenerse en el poder.
Mientras no se llegue al fondo de los hechos ocurridos en la toma de la prefectura de Cochabamba, las muertes de la Calancha en Sucre, los asesinatos del Provenir en Pando, el atentado a los gaseoductos en Tarija, los hechos vandálicos en Santa Cruza con la toma de instituciones públicas, o las muertes perpetradas por el Estado, en el céntrico hotel Las Américas de tres súbditos extranjeros, todos estos actos seguirán siendo, y no otra cosa, que muestras palpables del ejercicio del terrorismo político, institucionalizado, en el terror del Estado, practicado tanto por oficialistas y opositores.
La búsqueda y preservación del poder, basado en el terrorismo político y el terror del Estado, han sido considerados ilícitos para el derecho internacional público; ante esta realidad, la severidad de las penas no es un medio para intimidar terroristas, porque el miedo al castigo de la ley presupone la razonabilidad y prudencia de los gobernados y gobernantes, cualidades ajenas a los actuales mandamases y que abundan en los grupos y personajes terroristas.

Iván Castro Aruzamen
Teólogo y filósofo
Profesor de derechos humanos